Nadya no le creyó nunca al feminicida. Su hija Karen Itzel fue asesinada por su esposo en 2022. Después del crimen la enterró en un campo baldío de Ciudad de México y la reportó como desaparecida.
Ella empezó a investigar e investigar hasta lograr que la Fiscalía de Feminicidios detuviera al sospechoso, se le imputara el delito que había cometido y apareciera el cuerpo de su hija.
Una confirmación tan dolorosa trajo nuevas preguntas. Después de pasar horas y horas revisando videos y peritajes del expediente, Nadya fue entendiendo con mayor detalle lo sucedido. Sus indagaciones concluían que el feminicida no había actuado solo. ¿Quiénes eran los cómplices ineludibles que también habían participado?
Nadya presionó a la Fiscalía para que no dieran el caso por concluido, pese a tener en la cárcel al feminicida. Gracias a su insistencia —y al estrujante testimonio de su nieto después de meses de acompañamiento psicológico—, se abrió una nueva línea de investigación. Hubo peritajes en distintos espacios de la casa y el luminol, junto con los demás elementos probatorios, permitió concluir que el padre y la madre del feminicida habían colaborado en los hechos.
En La Fiscal se registra el caso remarcando que es la víctima la que obliga a que la institución haga su trabajo. La fiscalía debe moverse al ritmo que marca el justo presionar de Nadya. En medio de ello, Nadya regresa al campo baldío donde pretendían desaparecer a su hija. Lo hace de la mano de su nieto. Colocan cruces, siembran plantas, fijan la memoria de una mujer que no desapareció.
¿Por qué el sistema avanza cuando alguien lo empuja desde afuera? La justicia no se da por inercia en México: sucede bajo tensión. En estos días se ha discutido la iniciativa de Ley General contra Feminicidios, que debería buscar homologar criterios, fortalecer investigaciones y evitar que la resolución de cada caso dependa del azar institucional de tener a una Sayuri Herrera y equipo, o de luchas como la de Nadya.
¿Puede una ley corregir la falta de voluntad de investigar, de escuchar a las víctimas y de tener disposición a una indagación exhaustiva? Casos como el de Karen Itzel muestran que la justicia no es una función del Estado mexicano, sino una anomalía que a veces ocurre dentro de él.