Cuando el oro y la plata rompen récords históricos, la explicación inmediata suele ser el miedo: guerras, tensiones políticas o crisis globales. Eso influye, pero no alcanza para entender ni la rapidez de las subidas recientes ni la fuerte caída de finales de enero. Para hacerlo, conviene distinguir entre las fuerzas que empujan los precios en el mediano plazo y los movimientos bruscos del corto plazo.
Desde 2024 ambos metales marcaron máximos históricos de forma recurrente. El oro cerró ese año cerca de 2 mil 600 dólares por onza, ya en 2025 escaló hasta 4 mil 533 y en 2026 incluso llegó a 5 mil 417 dólares por onza. La plata, que en 2024 cotizaba en torno a 28 dólares por onza en promedio, llegó a alcanzar 116 en los picos de este ciclo alcista. Sin embargo, el viernes 30 de enero llegó la sacudida: el oro cayó 9 por ciento en una sola sesión, hasta 4 mil 895 dólares, y la plata perdió 26 por ciento, bajando a 85. A primera vista parece una señal de agotamiento, pero no necesariamente lo es.
La tendencia de fondo sigue girando alrededor del dólar. Estados Unidos combina un déficit fiscal elevado, una inflación más persistente de lo previsto y tasas de interés que ya no pueden subir mucho más sin frenar la economía. Todo eso debilita a la moneda. Cuando el dólar pierde fuerza, activos como el oro y la plata se vuelven más atractivos porque conservan mejor su valor con el paso del tiempo. Además, cuando las tasas reales bajan, el “costo de oportunidad” de tener metales se reduce. Dicho en sencillo: si los instrumentos que pagan intereses rinden menos, deja de ser caro mantener un activo que no paga nada. Por eso en entornos de tasas reales más bajas, los metales tienden a ganar terreno.
La caída de enero, por su parte, respondió a factores de corto plazo. El anuncio de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, con una postura más estricta frente a la inflación, redujo parte del nerviosismo del mercado. Al mismo tiempo, muchos inversionistas habían comprado metales usando dinero prestado. Cuando los precios comenzaron a bajar rápido, algunos se vieron obligados a vender para cubrir pérdidas. Esa venta aceleró el ajuste.
¿Qué puede venir ahora? En el corto plazo, episodios de alta volatilidad. En el mediano, algo más relevante: una economía global que empieza a operar con un dólar más débil. Eso cambia precios, flujos y decisiones de inversión. En ese entorno, el oro y la plata no reaccionan a un susto pasajero, sino a un ajuste más profundo en la forma en que el mundo mide y protege el valor del dinero.
Alfa positivo. El gobierno federal presentó un plan de inversión pública y mixta en infraestructura por hasta 5.9 billones de pesos rumbo al 2030, como parte del fortalecimiento del Plan México.