Los grupos de izquierda al interior de Morena se encuentran en franca preocupación. No ven, en 2030, un futuro halagador. Temen que el partido ganará la Presidencia, pero con un candidato que no represente los ideales sociales del movimiento.
Los dos punteros en las encuestas presidenciales, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, y el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, son vistos con recelo.
Las quejas son demoledoras.
Al primero lo relacionan con obscuras figuras priistas del viejo sistema de seguridad y con un desconocimiento de los componentes esenciales que debe tener una agenda social, fiscal y laboral de izquierda. También lo ven como alguien incapaz de realizar trabajo territorial debido a las amenazas que tiene por su lucha contra el crimen organizado.
A Ebrard lo asocian con su apego al sector empresarial, a los favores de élite y las gestiones a modo. Lo describen como un malabarista de intereses que de fondo cree que, cuando a los empresarios les va bien, a los trabajadores también. La misma ideología que ha sido, una y otra vez, probada falsa en los hechos.
Los grupos inconformes con ambos candidatos, sin embargo, no tienen candidato alternativo, ni han comenzado siquiera a consensuarlo. Yacen obtusos, peleados entre sí y viendo el futuro del partido como quien ve una película de la que ya conoce el final.
Varios de ellos perfilan que la mejor carta que podrían tener es Luisa María Alcalde, una candidata ideológicamente coherente con la lucha social que le dio vida y fuerza al partido.
Alcalde es percibida como una mujer inteligente, estratégica, con criterio propio y a la que se le conoce públicamente por ser honesta. Luisa María es alguien que conoce el territorio, el partido y al gobierno. Ha tenido cargos de mayor relevancia que Harfuch y de mayor responsabilidad dentro del partido que Ebrard.
Además, Alcalde es artífice de la política que más votos le ha dado a Morena en su historia: los aumentos al salario mínimo y sus reformas laborales. Luisa María sería una candidata conciliadora, pero que tendría claro que la ideología del partido consiste en poner a los pobres primero.
En medio de Alcalde yacen dos problemas: el machismo de muchos círculos morenistas, sus mezquindades que los hacen incapaces de unirse, pero, sobre todo, la propia Alcalde que no ha comenzado a trabajar por su candidatura. Los grupos de izquierda de Morena no la tendrán fácil.
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