Política

Coahuila 2026: El dinosaurio sigue vivo (I)

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  • Cuauhtémoc Carmona Álvarez

El pasado cinco de mayo arrancaron las campañas para renovar el Congreso local en Coahuila, campañas donde el PRI buscará a toda costa mantenerse en el poder con el respaldo de sus aliados políticos.

Y no deja de llamar la atención que apenas el sábado pasado, la diputada Delia Hernández, quien busca su reelección, fue agredida por integrantes de Unidad Democrática de Coahuila (UDC), evidenciando el nivel de tensión que ya comienza a respirarse en el proceso electoral.

En Coahuila hay que decirlo con claridad: el PRI sigue funcionando como un auténtico partido de Estado y, junto con Durango, ha logrado resistir el avance de la Cuarta Transformación por dos razones principales.

Por un lado, el control histórico que el priismo ha mantenido sobre las estructuras institucionales, administrativas y territoriales. 

Durante décadas construyeron una maquinaria política capaz de operar desde universidades públicas y organismos autónomos, hasta sectores estratégicos del aparato gubernamental, donde el Poder Judicial no es la excepción.

La ciencia política define este fenómeno como captura institucional: cuando las instituciones dejan de servir plenamente al interés público y terminan subordinadas a la lógica de conservación del poder.

Por otro lado, Morena sigue enfrentando un problema interno igual o más delicado que el adversario externo: la fragmentación de sus liderazgos, la disputa de grupos y la ausencia de una verdadera cohesión política.

Los de Saltillo y Durango capital por un lado y los laguneros por otro. Parcelas internas donde muchas veces importa más la posición personal que la construcción de un proyecto colectivo sólido.

Y es precisamente ahí donde el PRI ha encontrado oxígeno político.

Porque el priismo coahuilense, el de los Moreira y el de Miguel Riquelme, sigue más vivo de lo que muchos imaginaban. 

El actual gobernador Manolo Jiménez ha sabido administrar con habilidad la herencia política recibida, perfeccionando mecanismos de operación, control y disciplina territorial que mantienen al tricolor competitivo y con amplios márgenes de maniobra.

En términos coloquiales: el dinosaurio sigue moviendo la cola.

Y desde Palacio Rosa comienzan a percibirse señales que obligan a poner atención. 

Porque cuando las estructuras de gobierno se mezclan con procesos electorales en entidades donde históricamente ha existido un férreo control político, la democracia corre el riesgo de quedar reducida a una escenografía del poder democrático.

Continuará…

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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