Política

Constitucionalizan la mediocridad

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M+.- En sus notables deficiencias, la Nueva Escuela Mexicana tiene dos grandes aliados: la Secretaría de Educación y la Suprema Corte de los Acordeones.

Juntas están construyendo el modelo educativo ideal del nacionalpopulismo, el de la mediocridad, con alumnos que no reprueben aunque no aprendan, pasen de grado aunque apenas lean y que acumulen certificados aunque no conocimientos.

El mismo día que Mario Delgado cometió el disparate de mutilar el ciclo escolar, la Corte avaló el acuerdo de la SEP de Andrés Manuel López Obrador —septiembre de 2023 con Leticia Ramírez como titular—, que flexibilizó la evaluación en educación básica.

Impulsado por la ministra Lenia Batres, el fallo negó el amparo solicitado por el Colegio Roble y declaró constitucional el esquema que elimina la asistencia mínima como requisito decisivo, impide la reprobación automática y privilegia las “evaluaciones cualitativas” sobre las numéricas.

Semejante relajamiento —se resolvió— “garantiza la calidad educativa” y el “interés superior de la niñez”.

Difícil encontrar una contradicción más grotesca en un sistema de enseñanza sin exigencia, sin disciplina y sin consecuencias académicas.

El desdén por el conocimiento, sello distintivo de la 4T, se evidencia en los libros de texto gratuitos donde se legitima hablar como AMLO con sus “llegastes”, “venistes”, “dijistes”.

Batres afirmó que México se alinea con modelos como los de Dinamarca y Finlandia, “donde la evaluación no depende estrictamente de las calificaciones numéricas”.

Tal comparación ofende la inteligencia: esos países pueden flexibilizar ciertos mecanismos porque poseen sistemas sólidos, maestros altamente capacitados, disciplina escolar y niveles de aprendizaje que México ni siquiera roza. Aquí, en cambio, se pretende equiparar modelos contrapuestos mientras se destruyen las bases mínimas del aprovechamiento escolar.

“La educación de excelencia no se agota en registros de asistencia o en acreditaciones mediante mediciones numéricas cuantitativas…”, argumentó Batres.

Ajá: no se agota ahí, empieza ahí.

La excelencia requiere constancia, disciplina, evaluación y mérito. No hay en el mundo un solo sistema educativo serio donde la ausencia, la ignorancia o el bajo rendimiento sean irrelevantes.

El Colegio Roble advirtió eso en su demanda, porque la norma vulnera el derecho a una educación de excelencia al eliminar la acreditación efectiva de materias y reducir los requisitos para avanzar de grado.

La mayoría de los acordeonistas prefirió ponerse al servicio de la deficiente pedagogía sectaria del obradorato.

El episodio armoniza perfectamente con el ridículo de intentar clausurar anticipadamente el ciclo escolar con el pretexto del calor y el Mundial de futbol.

Se reculó, pero el daño ya estaba hecho: quedó claro que para este gobierno la educación es un estorbo administrativo, no una prioridad nacional.

La tragedia es que millones de niñas, niños y adolescentes pagarán las consecuencias de esta simulación pedagógica disfrazada de “humanismo…”.


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Carlos Marín
  • Carlos Marín
  • cmarin@milenio.com
  • Periodista con 55 años de trayectoria, autor del libro Manual de periodismo, escribe de lunes a viernes su columna "El asalto a la razón" y conduce el programa del mismo nombre en Milenio Televisión
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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