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Lunes , 20.05.2019 / 16:01 Hoy

Tiempos interesantes

La 4T y la teoría del ‘surfing’ de López Portillo

César Romero

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Érase una vez un vigoroso emperador que prometió que, gracias al descubrimiento de enormes tesoros bajo tierra, todos sus súbditos tendrían riqueza y felicidad. En su libro Shah of Shahs (en español El Sha o la desmesura del poder), Ryszard Kapuściński hace el relato fantástico de la aventura modernizadora del Shah Muhammad Reza Pahlevi en el marco de la expansión económica internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial.

La historia del periodista polaco es sobre Irán y gira en torno al momento en que la revolución islámica derrocó al emperador educado en Suiza luego de su caótico intento de encontrar un atajo al desarrollo histórico de su país para transformar, de un momento a otro, un pueblo pobre y religioso en una nación industrializada y democrática. Es, también y sin proponérselo, un retrato fiel del México que gobernó José López Portillo.

De hecho, alrededor del mundo y a lo largo de los últimos siglos, las historias sobre el explosivo crecimiento económico generado por el hallazgo de grandes yacimientos de petróleo son de un parecido asombroso entre sí: tanto por el enriquecimiento súbito de algunos, la corrupción desenfrenada de muchos y la violencia generalizada que suele provocar.

Autodefinido como “el último presidente de la Revolución”, JLP explicó alguna vez que, a pesar de su enorme poder discrecional, lo que finalmente hace un mandatario mexicano es aprender a surfear de la mejor manera que pueden las grandes olas del momento mundial en que les toca gobernar. En particular fueron dos grandes tsunamis los que marcaron al mundo en los 70 del siglo pasado: la gran crisis de los hidrocarburos en los países ricos y la relativa debilidad del imperialismo yanqui en algunas regiones del planeta.

La particular manera con que la Cuarta Transformación se intenta posicionar respecto a esas mismas grandes olas del movimiento de las dinámicas sociales de esta víspera de la tercera década del siglo XXI devela un proyecto bastante más pragmático —y quizá riesgoso— que lo que sus críticos sostienen.

Marcado desde el comienzo de su biografía política por el tema energético, el presidente López Obrador ha estado siempre convencido de que ‘el mejor negocio del mundo es el petróleo. Y el segundo mejor negocio del mundo es el petróleo mal administrado’. Bastaría con recordar su tan citada frase para no sorprenderse de su guerra contra el huachicol, su nueva refinería y, en general, el modelo económico que promueve.

La actitud estoica asumida por el presidente Obrador ante la brutal retórica antimexicana del presidente Donald Trump sería inexplicable sin el reconocimiento tácito de que la gran apuesta económica del país está en fortalecer su relación económica con el gigante del norte. 

Sometido a tolerar la ofensiva ideológica que criminaliza la globalización de la mano de obra, el gobierno mexicano se ocupa de detener el paso de cientos de miles de migrantes y, con sus acciones, convalida la retórica racista del señor de los tuits.  Y por supuesto, es de esperarse también un mayor distanciamiento aún mayor con ese universo de 35 millones de mexicanos y mexicanas que radican al norte del muro del odio.

@cesar63
cesar196311@gmail.com

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