Política

Monstruos, Viejos y Nuevos

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  • César Romero

Para entender el significado profundo de la maldición china que da título a este espacio bien pudiéramos recurrir a lo que dice Shrek sobre los ogros y las cebollas, pero en esta ocasión me quedo con las palabras de Antonio Gramsci: “El viejo mundo se muere, el nuevo mundo lucha por nacer: ahora es el tiempo de los monstruos”.

Tiempo de monstruos. Cinco, para ser precisos. Veamos:

Por antigüedad, el primero es Dios, aunque debería expresarlo en plural, los dioses, pues en sus nombres que se han cometido los peores crímenes y las masacres más terribles.

En segundo lugar tenemos a la Patria, que también se piensa en singular aunque sea una idea necesariamente relacionada con una multitud de visiones excluyentes entre sí. Con demasiada frecuencia su expresión política –el nacionalismo—alimenta los prejuicios más viles en contra de “los otros”. Esto es, aquellos seres humanos con un color de piel o condición económica diferente.

Así, resulta casi obvio pensar a la Guerra, como industria de la destrucción y disputa por el poder, como ese tercer demonio que se niega a abandonarnos.

Esos viejos monstruos que, si alguna vez fueron fuerzas civilizatorias, de valores superiores, construcción de sentido de identidad y rebelión legítima, hoy las grandes instituciones del pasado se han convertido en anclas.

Para decirlo de otra manera, podemos contar a las Religiones, los Nacionalismos y las Guerras como esos viejos gigantes que modelaron el mundo anterior e incluso representaron importantes ventajas respecto a sus contextos específicos, pero hoy alientan una especie de supremacismo extremo. Así como Hitler no se convirtió en canciller alemán por arte de magia, tampoco Trump fue electo por ello –dos veces—presidente de Estados Unidos.

Sea por su penosa historia de esclavitud, el exterminio de sus indígenas o el más o menor permanente desprecio por los “Mexicans”, la veta de intolerancia estadounidense es casi tan antigua como su propio origen como país.

A la lista debemos incluir dos monstruos más: a pesar de los grandes avances que también representa, la tecnología digital surge como una irrupción mayor y con un enorme potencial negativo. Es la clásica navaja de doble filo: por un lado tenemos a Artemisa, la hazaña de retomar el rumbo de la humanidad hacia la exploración de las estrellas medio siglo después de haber dado un primer paso sobre la superficie de la Luna, pero por el otro también es real el enorme poder de las nuevas tecnologías de la muerte para generar devastación en, por ejemplo, Ucrania, Gaza o Irán.

Aunque retrocedió 90 minutos antes de cumplir su descarada amenaza de “aniquilar una civilización entera”, el señor Trump logró lo que parecía imposible, descender un nivel más en el infierno de las “fake news” y los “otros datos”.

Por supuesto que el quinto jinete de este peculiar apocalipsis es el capitalismo salvaje (como lo veía el Papa polaco a principios de siglo). No se trata del sistema económico que siguió a la Edad Media y que a través del comercio y la innovación fue creando mercados y globalizando la convivencia, sino en su versión oligopólica actual, con la obesidad monetaria mórbida de un puñado de personajes más o menos impresentables que concentran la riqueza y el poder a niveles francamente obscenos. Los ejemplos abundan y en esta ocasión, los ahorro.

Pero, pese a todo, hay en el horizonte algunas señales de ese nuevo mundo que no termina de nacer. A pesar de la virulencia política de los extremismos --cristiano y musulmán--, es innegable un avance del pensamiento secular en la mayoría de las naciones. A pesar del aislacionismo de Mr. T y la beligerancia fanática de sus secuaces en Israel y Moscú, la valoraciones de derechos humanos universales y la conciencia ecológica se consolidan entre las nuevas generaciones de múltiples regiones, lo cual provoca un fenómeno relativamente nuevo: las nuevas guerras no cuentan con amplio respaldo social en prácticamente ningún país.

Tampoco se trata de que estemos realmente ante el fin del mundo. Todo indica que los siguientes cien años serán de consolidación demográfica, más avances científicos y, ojalá, menor iniquidad económica.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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