De toda la basura que ha salido de su boquita, probablemente la amenaza de que de un día a otro “aniquilaría a una civilización completa” le gana a todas las demás. (Aunque resulte difícil de olvidar aquella joyita de “…Grab them by the pussy”).
El señor Trump no es una persona normal. Supongo que hasta él mismo estaría de acuerdo. Pero antes de diagnosticar algún tipo de locura o perversidad, vale un poco de cautela.
A juzgar por los resultados de sus estallidos y desplantes como el de presentarse al mundo como un remedo de Jesucristo, debemos reconocer en sus acciones cierta lógica que, al menos hasta ahora, le ha funcionado.
Aunque a veces lo intento, no puedo olvidar que Trump ha sido electo como presidente de su país ¡dos veces! Es tonto suponer que surgió por “generación espontánea” que es como suele explicarse a personajes como Hitler, Stalin, Castro o cualquiera de esos gigantes históricos.
Supongo que en algún momento más o menos cercano, las elites estadounidenses intentarán justificar la obscuridad de este periodo. “La democracia es ruidosa”, nos dirán. “El pueblo sí se equivoca”, argumentarán.
Ignoro si en el veredicto final de la historia terminará en el rincón de la irrelevancia y las malas bromas. Pero al menos hasta ahora, debemos reconocer su talento de comunicador con que maneja la agenda mediática de medio mundo.
Incluso desde antes de llegar a la Casa Blanca y por encima del poderío militar bajo su mando o sus reiterados intentos de utilizar la economía de su país como un arma de disrupción masiva, Donald J. Trump ha sabido colocarse a sí mismo en el centro del universo.
Pero vayamos al título de este texto. Estados Unidos está por cumplir sus primeros 250 años como nación independiente. Sin ser lo excepcional que su propaganda pretende, su historia es ciertamente de la mayor importancia.
La gran narrativa americana fue creada desde el siglo XVIII por migrantes (la mayoría de piel clara y fe cristiana) que compartían sueños de libertades personales, valores democráticos y prosperidad económica. Aunque al mismo tiempo protagonizaron un feroz proceso de expansión territorial y la purga de sus pueblos originales.
Es mucho lo que ha transcurrido desde aquel país del siglo XIX dividido entre dos grandes bandos: (1) quienes apostaban a la esclavitud como principal pilar de la economía y (2) los que, también rechazando a la gente de piel obscura, creían en la industrialización como el gran motor del país.
Tuvieron que pasar por una brutal Guerra Civil y dos guerras mundiales hasta alcanzar la condición imperial a la que Trump promete regresar.
Y sin embargo, como experimento social, Estados Unidos sigue siendo uno de los referentes más importantes de estos “tiempos interesantes” en que nos tocó vivir.
A diferencia de un extraño sentimiento de alivio que algunos suelen experimentar ante la inminencia de alguna catástrofe, me parece que el debilitamiento de la legitimidad del liderazgo estadounidense es una pésima noticia.
Estados Unidos sigue teniendo a varias de las mejores universidades y centros de innovación y desarrollo tecnológico, en algunos temas su sociedad civil es de las más avanzadas; por ejemplo, en materia ambiental, equidad de género y respeto a la diversidad. Como nación, ciertamente es mucho lo que podrá celebrar este 4 de julio.
Y aunque las hamburguesas, hot dogs y cervezas en el parque más cercano son ya una especie de cliché, la gran aventura americana sí forma parte de la identidad misma de la gran mayoría de sus 340 millones de habitantes, casi todas de origen inmigrante.
Si algo nos ha enseñado la historia es que a la caída de un imperio lo que sigue no es la llegada inmediata al paraíso, sino el caos. No alcanzo a ver las ventajas de sustituir el imperialismo yanqui por la corrupción y autoritarismo chino.
Hoy no parece un escenario de alta probabilidad la transición hacia un sistema multilateral centrado en los valores liberales universales (con énfasis en la equidad) y una profunda conciencia social (con énfasis en la tolerancia) compartida por todos.
A pesar de haber electo --dos veces-- a Mr. T., Estados Unidos sigue siendo uno de los referentes más importantes del mundo actual. Para un país 250 años podría ser poco tiempo. A todos nos ayudaría su pronta recuperación.