Política

“Pueblo Quieto” y el tren

La ironía fue quien bautizó a este lugar. Se llama Pueblo Quieto, pero ni es pueblo, ni está quieto”.

Así iniciaba el reportaje sobre este sitio de Guadalajara que escribí a finales de la década de los ochenta en el extinto diario Ocho Columnas. Encontré un lugar inexplicable: una manzana podrida junto a una de las zonas residenciales más tradicionales de la metrópoli, Jardines del Bosque.

Era un caserío que comenzó a asentarse a finales de los setentas, cuando algunos de los llamados “trampas”, viajeros del tren que cruza por el lugar, inundaron un terreno baldío abandonado. Fueron levantadas frágiles paredes de cartón y techos de lámina, con callejones que serpenteaban entre banquetas, machuelos y el pavimento de una calle estrangulada.

Recorrí Pueblo Quieto primero por la mañana y me atreví a hacerlo por la noche. Dos rostros distintos. Con la luz del día, escuché variadas historias de algunos de sus moradores, sus problemas por la falta de servicios públicos y el reclamo a la autoridad por tenerlos olvidados, sin importar la forma irregular e ilegal como se asentaron ahí.

Vecinos de Jardines del Bosque me contaron los problemas de inseguridad que enfrentaban, las constantes riñas, la prostitución que había, la venta de drogas y la forma como la autoridad simplemente prefería hacer oídos sordos a la situación.

Con las sombras de la noche, ingresé a Pueblo Quieto y recorrí de nuevo sus callejones para encontrarme con rostros y figuras distintas que solamente aparecen en las penumbras. De esta última peripecia, reconozco que tuve que salir corriendo perseguido por quienes me consideraron una amenaza.

En aquella visita recuerdo que conocí a Paco, “un perico semi analfabeta porque solamente sabía chiflar y decir su nombre”, que vivía literalmente bajo la sombra de un árbol. De hecho, no era el único. La familia que lo había adoptado, construyó su pequeña finca de una habitación rodeando al árbol, junto a un pedazo de machuelo, pavimento de la calle y la banqueta.

El techo abrazaba al tronco del árbol que emergía de la casucha como una gigantesca antena. Estaban muy cerca de las vías del tren y al paso de la mole de noche y de día, las delgadas paredes se estremecían y hacían temblar todo. Incluyendo a Paco que chiflaba en su defensa.

Han pasado más de 35 años de aquella investigación y Pueblo Quieto continúa siendo exactamente el mismo asentamiento que rompe con la imagen ordenada y arbolada de Jardines del Bosque. Es un territorio vulnerable frente al narcomenudeo y los vecinos admiten que la venta y consumo de drogas como cristal, marihuana y solventes es una constante, especialmente entre jóvenes y adolescentes. En algunos años, autoridades locales han identificado decenas de puntos de venta activos en un radio muy reducido, lo que ha normalizado la presencia de consumidores a cualquier hora del día.

Por años, la violencia ha sido otro de los problemas estructurales. Riñas, robos y agresiones forman parte de la estadística cotidiana, con reportes frecuentes de lesiones por arma blanca y golpes.

Ahora me entero que el gobierno estatal y el federal, pretenden reubicar o desalojar a los moradores de esta manzana irregular ubicada solo a unos metros de avenidas como Washington y Niños Héroes.

La razón expuesta por el gobernador Pablo Lemus Navarro, es porque regresa el tren de pasajeros a Guadalajara y cruzará por ese sitio que es territorio federal por ser derecho de vía.

Al enterarme de esto, no puedo más que sumar un par de ironías al nombre con que bautizaron a esta singular isla.

La primera de ellas es ¿por qué durante décadas se permitió la invasión, el asentamiento, los actos vandálicos, robos, venta de droga, prostitución y otras linduras más? Simple: porque es otra parte del rostro de la ciudad tres veces mundialista que tolera estos lugares, como otras colonias donde no puede ni entrar la policía.

Segunda, Pueblo Quieto nació por los pasajeros de “trampa” del ferrocarril y ahora parece que será el tren el que se lo va a llevar. 

Lo invito a que me lea, escuche y vea en www.paraleloveinte.com


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Carlos Martínez Macías
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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