Ahora que el Instituto de Pensiones de Jalisco ha decidido sacar la espada e ir contra aquellos que defraudaron al organismo, hay una larga lista de operaciones extrañas y simuladas que también vale la pena investigar.
Apenas estrenaba la ley que le dio vida en 2009, cuando los directivos del Ipejal quisieron presumir a los jaliscienses que estaban prácticamente ante un instituto sano, fuerte y condenado a vivir eternamente en la bonanza.
Esto fue revelado en 2010 mediante un estudio de Valuaciones Actuariales del Norte, una empresa especializada en proyecciones, que recibió la encomienda de hacer una perspectiva a un siglo de Pensiones de 2010 a 2110, donde quedara demostrada la solvencia financiera.
La valuación actuarial entregada el 11 de agosto de 2010 revisaba la reserva que era de 16 mil 572 millones de pesos, la población afiliada, las obligaciones, sueldos futuros de cotización, aportaciones futuras y todo bajo las primas óptimas de liquidez, estimadas en 3.50, 4.00 por ciento.
En su estudio, la conclusión del trabajo es que el periodo de suficiencia que arroja con cualquiera de estos dos escenarios es que los recursos serían perennes (para siempre).
Sin embargo, la empresa tuvo que aclarar que el primer trabajo efectuado en 2010, no fue necesariamente el panorama ajustado a la realidad que ellos encontraron.
En una carta enviada a este columnista donde pretendió aclarar este pasaje ocurrido hace más de 11 años, Valuaciones Actuariales del Norte explicaba que la proyección efectuado “por instrucciones de la dirección del instituto, debía ser elaborado utilizando las hipótesis biométricas, demográficas y financieras calculadas por el propio personal del instituto”.
“Es importante mencionar que cuando se analizaron dichas hipótesis, notamos que las probabilidades de muerte de los jubilados y de rotación del personal eran demasiado altas, lo que subvaluaba el problema y no tenían parecido a las hipótesis establecidas en los “Términos de Referencia para las Valuaciones Actuariales Estandarizada de las Institucionales Estatales de Seguridad Social”, emitidas en 2008 por la ANIESS (Asociación Nacional de Instituciones Estatales de Seguridad Social)”.
Pero un día después, el 12 de agosto de 2010, el despacho entregó otro estudio que se basaba en datos más apegados a la realidad. En la carta expone: “en este estudio se consideraron todas las hipótesis establecidas por el personal de IPEJAL, solo modificando las probabilidades de fallecimiento y de rotación, para adecuarlas a las establecidas por la ANIESS”.
“Bajo estos supuestos el año en que se estimó que se agotarían las reservas fue en 2034 considerando un rendimiento real anual del 3.5 por ciento y en el 2035 considerando un rendimiento real anual del 4 por ciento”.
“Este último estudio, que por razones externas a nosotros no fue publicado, fue elaborado y entregado por nuestro despacho al IPEJAL y, por tanto, existía el respaldo técnico que demostraba que la reforma de 2009 del IPEJAL no garantizaba viabilidad financiera para más de 25 años”.
En el primer estudio de 2010 que fue el que presumieron las autoridades de Ipejal mostraba una corrida a 100 años donde el organismo sobrevivía sin necesidad de aportaciones adicionales. Pero en el segundo, con datos reales, efectivamente establecía 25 años de suficiencia y a partir del año 2034 Pensiones tenía que comenzar a realizar aportaciones adicionales hasta el año 2110 donde éstas sumarían más de 7 mil 300 millones de pesos.
Visto a la distancia, tal vez sería adecuado llamar a cuentas a ex directivos que les dio por ocultar estudios que no les favorecían. Aunque finalmente les pasara como el chiste aquel del hombre que no podía vender el auto porque tenía mucho kilometraje. Alguien le recomienda que se lo baje y luego ya no quiere venderlo porque apenas tiene 5 mil kilómetros. (Lo invito a que me lea, escuche y vea en www.paraleloveinte.com).
Carlos Martínez