Mientras más se alarga la guerra de Rusia en Ucrania, más se deteriora la economía en México. La escalada en el precio del petróleo ha llegado hasta los 139 dólares por barril, el mayor desde 2008. Con este aumento subió también el costo de la gasolina; importamos 6 de cada 10 litros que consumimos.
Ante ello, el gobierno federal puso en marcha un plan de estímulos fiscales para que el Estado sea quien pague el costo, no los ciudadanos (en apariencia).El impacto de esta medida será altísimo, insostenible. Nada es gratuito.
Se dejó de cobrar el impuesto a la gasolina y diésel (IEPS) y se utilizan, además, recursos de otros rubros para estabilizar, artificialmente, el precio de los combustibles. Según el CIEP, el costo anual sería de 554 mil millones de pesos; 1.6 veces el gasto educativo en 2022.
El costo de mantener gasolina barata es de 11 mil millones de pesos ¡semanales! Para ponerlo en perspectiva, el Programa de Escuelas de Tiempo Completo, eliminado por austeridad, costaba 12 mil millones. Así, esta valiosa política educativa, que apoyaba a 3.6 millones de niñas y niños, costaba lo mismo que una semana de subsidio a la gasolina.
El problema no es el subsidio per se, sino que se sustenta en una estrategia político-electoral, no económica. Este año hay elecciones en 6 estados y una -absurda- revocación de mandato. El gobierno federal sabe muy bien el descontento social por los “gasolinazos”. No importa el hueco en las finanzas públicas, importa ganar en las urnas.
Controlar el precio de la gasolina no implica controlar la inflación. En las últimas semanas, el costo de la canasta básica ha triplicado la inflación anual estimada. Lejos de la narrativa oficial, la población más pobre está desprotegida. Según CONEVAL, los programas sociales hoy transfieren menos recursos que en 2014.
Lo ideal sería que el subsidio al combustible se focalizara en la industria, incidiendo en la inflación, e invertir los excedentes petroleros en programas que apoyen a los más vulnerables.
Cuidado, la historia reciente muestra que se puede ser un país en ruinas, pero con gasolina barata. Ahí está Venezuela, cuyo litro cuesta 53 centavos de peso mexicano, la más barata del mundo.
Iván Moreno
carlosivanmoreno.wordpress.com