Política

Gobernar mal, mentir bien

En efecto, no vivíamos en el mejor de los mundos y podemos darle mil vueltas al tema de García Luna (acusado, sin pruebas, por los mismísimos criminales que persiguió, beneficiarios de su condición de colaboradores —soplones, se dice coloquialmente— de la justicia estadunidense y dispuestos, a diferencia del antiguo secretario de Seguridad, a denunciar alegremente a quienes los fiscales les pongan enfrente), seguir eternamente con el asunto de Ayotzinapa, infamar a Fox, a Salinas, a Calderón y a Peña, denostar a Porfirio Díaz y, ya puestos, irnos hasta los tiempos coloniales para maldecir a los expedicionarios de la Corona de Castilla por haberse aliado con los sojuzgados tlaxcaltecas para conquistarnos y cristianizarnos a los mexicanos.

De hecho, eso es precisamente lo que hacen —por defecto, o sea, en automático— los adalides del régimen de doña 4T, rentistas de la belicosidad, bravucones necesitados en permanencia de adversarios y, cuando algún ciudadano no advertido les pide explicaciones o que le rindan cuentas, mucho más evasivos todavía, repartiendo culpas a diestra y siniestra.

¿Un catastrófico derrame de petróleo en el golfo de México? Nosotros no fuimos, responden de inmediato, lo causó un buque (contratado en tiempos de Peña Nieto, encima) o a lo mejor alguno de los otros 13 que estaban ahí, pero tomamos acciones de inmediato. Tan pronta la respuesta, oigan, que la capa de negro alquitrán se extendió a lo largo de 600 kilómetros y ha afectado a miles y miles de pescadores. Al final, como el buque fantasma desapareció, pues sí, y como un barco especializado en reparar fugas de oleoductos se presentó en escena, pues resultó que la gran responsable del desastre ecológico fue Pemex, la empresa de todos los mexicanos, cuyo ruinoso estado financiero ha repercutido, muy seguramente, en el mantenimiento de sus infraestructuras e instalaciones.

Tan sencillo como admitir las cosas desde un primer momento. Pero no: el reflejo instantáneo de nuestros gobernantes es ocultar y mentir. Ah, y cuando terminan por reconocer que algo no está bien, entonces cacarean machaconamente que todo era peor en los nefarios tiempos del PRIAN.

¿Un viandante graba en su celular imágenes de una empleada frívola tomando el sol, arrellanada en uno de los ventanales de nuestro sacrosanto Palacio Nacional? Nuevamente, muy simple el control de daños: das la cara, sales a explicar cómo estuvo el tema y sanseacabó. Pues, nada de eso: los comisarios encargados de la propaganda oficial difunden que la escena es falsa, fabricada con inteligencia artificial. Una intrascendente anécdota se vuelve así una enredosa cuestión de dobleces y tergiversaciones. ¿Resultado? Los emisarios gubernamentales se exhiben como unos mentirosos.

Más allá de este par de sucesos, no crece la economía, desaparecen miles de mexicanos, siguen los feminicidios y el sector de la salud es un desastre. ¿Qué hacer? Mentir. Y sí, en eso están, los señores encargados de la cosa pública.


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Román Revueltas Retes
  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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