Cultura

DtMF

La culpa es mía, por completo. Y no tengo empacho en reconocerlo. Llevaba un par de semanas gorgoreándome una tonada chunda en la cabeza hasta que di con ella. La había escuchado en algún comercial y en cierto bodrio matutino de la telebasura. El bucle me daba comezón, sin prisas y sin pausas.

El sábado no pude más. El momento se situó a medio camino entre la entrega de los Grammy y el inminente show intermedio del Súper Tazón. Decidí dar una segunda oportunidad al más reciente disco de Benito Martínez, más por no dejar que por otra cosa, pero sobre todo por curiosidad.

Algo en mi interior me murmuraba que la fechoría que llevaba días masticando en la chompa era suya. Y así fue. Para llegar a ella tuve chutarme algunas rolas previas y hacer peripecias para no claudicar. Hasta que llegué al corito de la canción de marras. Entonces todo valió bolillo.

En cierta ocasión escuché a alguien decir que para sacarse un gusano musical de la cabeza había que reproducirlo y ya. Craso error. Puse la cancionceta y todo empeoró. El resto del sábado seguí moviendo mi cuerpecito a su “ritmo” y, lo que es peor, tarareando la tonada.

Con este antecedente me sentí un iniciado en “conejismomalo” para cuando llegó la hora del medio tiempo del partido. Quien piense que tal capacitación es insuficiente debe tener en cuenta que detesto el reguetón tanto como la “música” de Bad Bunny, y que me especialicé en Tití me preguntó luego de oírla decenas de veces.

Para cuando estas líneas vean la luz mucho se habrá dicho y escrito sobre la portentosa presentación del boricua (Ricky Martin). El despliegue de talento de la estrella (Lady Gaga) y el trazado escénico y la narrativa plena en simbolismos que fue dejando “BB” en su paso por el emparrillado.

Así de como la defensa a ultranza de sus incondicionales y el aborrecimiento de los “haters”. Y de la lección de humanidad e inclusión, de latinoamericanismo, amor, comunidad y respeto. Pero temo que lo único de lo que no se habrá hablado es de la calidad musical del show, que es a fin de cuentas el sentido del espectáculo.

Porque eso brilló por su ausencia, como no sea con las rutilantes figuras ya mencionadas. Y no, Benito no figura entre ellas. A no ser que el caudal de seguidores haya optado por el coaching de vida, dándose cuenta que por el lado sonoro nada había que atender.

Con todo, me sigo sorprendiendo en la tarareada y meneando las caderas al son de “¡Debí tirar más fotos de cuando te tuve!”. De que funciona el mequetrefe es un hecho. De otro forma no habría aparecido en el numerito global ni propiciado tantos encuentros y desencuentros. Si no, que le pregunten a Trump.


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Carlos Gutiérrez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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