En el activismo LGBTTTIQ importan los liderazgos o el caos aparecerá en una ambición desmedida. Hay un camino lleno de tropiezos en nuestra historia. Aún discutimos quiénes son fundadores del movimiento que arrancó en 1971, y esto no ha cesado (aunque nadie puede objetar que Nancy Cárdenas y Juan Jacobo Hernández fueron líderes indiscutibles). Hoy, dar con los nombres que impulsan un cambio en la diversidad sexual es imposible. Ante el vacío de liderazgos el oportunismo arrecia en estos tiempos.
Las transformaciones para los que vivimos en el arcoíris, hoy, son palpables en leyes constitucionales y de respeto a nuestros derechos humanos, que aún son masacrados por el prejuicio: los crímenes de odio persisten. Pero a pesar de las contradicciones se avanza en una democracia inclusiva a las sexualidades, ese todas, todos y todes, con sus demandas. Bastaría con leer el Catálogo de bibliografía. Acervo nacional de memoria LGBT México que realizó Jaime Cobián Zamora, con prólogo de Antonio Marquet. Más de mil 120 títulos que retratan nuestra historia dispersa, masacrada a lo largo del tiempo. Cualquiera puede revisarlos en el Museo Memoria LGBTTTIQ en Guadalajara, Jalisco.
Ya no existe el movimiento gay y lésbico que se impulsó desde los 70. Hoy aparecemos como siglas y cada una tendría necesariamente que tener sus propósitos políticos y la defensa de sus causas. Pero lo que sí importaría es no perder de vista los logros alcanzados hasta ahora. Mínimos porque apenas son ley constitucional, sí, pero los grupos harían bien en defender esa constitución que nos iguala en derechos, pero también en obligaciones. El respeto como ciudadanos nos protege en nuestras diferencias. Por eso insisto en la ausencia de liderazgos, peligroso en una democracia que apenas se asoma, a la que le faltan espíritus rebeldes capaces de crear conciencia, no intereses personales.
No sé ustedes, pero yo sí creo en la historia de los movimientos sociales sin batallas estériles. Por eso no me cansaré de recomendar el libro de Roberto González Villarreal, La revolución del orgullo, alegato para entender el presente. Imperdible para tiempos donde la maraña puede convertirse en nuestra peor pesadilla. Ojalá y no.