El secretario de Educación José Vasconcelos no toleró la ambigüedad con que Roberto Montenegro pintaba la masculinidad y lo censuró en su primer mural de 1922. El artista tragó camote y reelaboró la escena del mural El árbol de la vida. Se censuró ante la hipocresía de un tiempo donde la homosexualidad era motivo de críticas adversas.
Al observar la muestra en Bellas Artes, Roberto Montenegro. Muralismo fuera de la norma, hay certeza en su estilo, pero creemos que pudo ser mejor si hubiera trabajado en plena libertad. Lo destacable son sus autorretratos y retratos de personajes afines a su homoerotismo: Chucho Reyes Ferreira, Elías Nandino, Xavier Villaurrutia, o Gabriela Mistral y Eisenstein, así como sus modelos anónimos. Una fuerza que imana desde la mirada, las manos, el gesto y hasta cierta frustración por la castrante época.
Una muestra que quiere abrir la puerta del clóset para quienes vivieron de otro modo o, como dijera Novo: “Los que tenemos unas manos que no nos pertenecen…” Una muestra que intenta reivindicar a un pintor encerrado en su esfera de cristal. Que plasmó un Cuauhtémoc gay antes del Zapata gay de Fabián Cháirez. Que creó el universo de la belleza masculina de San Sebastián en su versión nacional que tanto chocó a las autoridades. Hoy se le aplaude y se le reivindica, aunque demasiado tarde: él ya murió, sin vivir la actualidad.
Es el orgulloso mes gay a todo lo que da en artes plásticas, con muestras de homenaje a Juan Gabriel en el Museo del Chopo —por fin inaugurado sin restricciones—, fotografías icónicas de Armando Cristeto, en Guadalajara; la pintura de Nahum B. Zenil es imprescindible contra todo veto, donde la imagen es prueba irrefutable de que los tiempos de hoy no debieran recordarnos la censura de ayer. Ojalá siguiéramos así.
Aunque no crea, hay asuntos que funcionarios no saben manejar con ética, como la Casa del Poeta Ramón López Velarde. Por donde se vea un claro interés cabaretero por encima de lo cultural. Pero hay que decirlo: los poetas reclaman, sí, pero no han hecho casi nada para salir adelante sin patrocinio estatal. Mamar del erario es criticable por ambos lados. Los opuestos se tocan. Chin, ya lo dije. Si no lo creen, yo sí.