Cultura

Robotina

Vanesa y Miguel, pareja profesionista de treintaytantos, llegaron a casa la tarde del martes con una sola idea en la cabeza, preparar el lunch para el día siguiente. El horario y las funciones de sus nuevos trabajos los han imposibilitado en la tarea de llevar una dieta equilibrada, tiempo para ejercitarse y, peor aún, dormir el número de horas para descansar el cuerpo. De regreso al martes pasado, en cuanto cerraron la puerta de su hogar, dejaron su mochila y bolso en la entrada y se dirigieron a la cocina. Al cabo de 2 horas tenían en la estufa una sopa y un guisado, sobre la mesa, fruta picada en un molde plástico y porciones de semillas, que funcionarían como botanas. Exhaustos, con dolor de cabeza y signos de ansiedad, se sentaron al borde de la cama y comprendieron que eso no podía seguir así. Para su suerte, el algoritmo de su teléfono inteligente les tenía preparada una sorpresa en cuanto abrieran sus redes sociales.

Para el filósofo Bolívar Echeverrí, la vida moderna comprende una serie de claves que van desde lo social hasta lo económico, y donde el éxito se ve reflejado por la capacidad productiva que derive en una capacidad monetaria. Luego entonces, el individuo se valuará conforme al tiempo gastado en el trabajo y el salario que reciba por dicha labor. Sin embargo, dentro de esta dinámica se tiende a sobrepasar o eliminar necesidades tan básicas como descansar y comer, dando paso a enfermedades relacionadas al exceso de estrés y falta de atención personal.

Este fenómeno no es nada nuevo, podemos decir que desde la década de los 50´s, del siglo pasado, se construyó este modelo. Como parte de las estrategias para satisfacer las necesidades alimentarias, es que surge toda una industria que buscó facilitar el trabajo en la cocina, ya fuese desde el desarrollo de píldoras nutrimentales, o sea vitaminas, hasta electrodomésticos mecanizados.

Hoy en día, algunos grupos sociales y profesionales de la gastronomía se asombran por un electrodoméstico que, según su discurso, puede hacer de todo, su nombre Thermomix. Aunque, cabe aclarar que su historia es más antigua de lo imaginado. La marca Vorwerk ideó, en la década de los 60´s, un aparato que pudiera calentar y batir al mismo tiempo, con el objetivo de ser empleado en sopas espesas. No es hasta 1971 que se logra tener un producto que mezclara, picara y amasara. En 1996 se logró incorporar una báscula y sistema de cocción al vapor. Es hasta el 2014 que se da un salto importante, ya que se incorpora una pantalla táctil, programada con variedad de recetas para elaborar paso a paso. Y, finalmente, en 2019 se añaden acciones como dorar, fermentar, realizar cocciones lentas, entre otras.

Es claro que estamos frente a un éxito de la tecnología, que evidentemente facilita el trabajo en casa, y se convierte en una herramienta al servicio de la humanidad. El tema, como lo es todo producto que resulta novedoso, es su precio, y donde el principal valor no es el preparar alimentos, sino la posesión de este. Como gastrónomos le podemos encontrar utilidad, pero cuidado, podemos estar alabando a nuestro sustituto, cegados por la idea de la vida moderna. 


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Benjamín Ramírez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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