La dictadura cubana le ha abierto la puerta al capitalismo que más odia, el de los cubanos en el exilio.
Difícil una aceptación de derrota histórica más clara por parte de los herederos del castrismo en La Habana.
Convocan al salvamento económico de la isla a quienes expulsaron enconadamente de ella, hoy unos dos millones de personas, a las que estigmatizaron por décadas llamándolas gusanos y vendepatrias.
La historia ha dado la vuelta. Según la insobornable periodista habanera, Yoani Sánchez, la palabra gusano se utiliza ahora en Cuba como timbre de identidad crítica frente al régimen.
La ofensiva de Trump ha doblado a la nomenclatura castrista, la ha puesto a negociar por donde más le duele.
La primera oferta de apertura, venida de isla por voz de Óscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro de Cuba y sobrino-nieto de Fidel y de Raúl Castro, es que los cubanos de fuera de Cuba podrán invertir en la isla y no solo en pequeñas cosas, sino en las grandes, lo mismo que otros inversionistas no cubanos.
Lo que quiere y ofrece Cuba ahora no es más revolución cubana, sino capitalismo naciente.
La propuesta fue recibida con frialdad por el Secretario de Estado estadunidense, Marco Rubio, quien dijo que tenía que haber cambios más serios, cambios de dirigentes, porque los que tiene Cuba, comprobadamente, no saben manejar la economía de su país.
Tampoco hubo una respuesta cálida a la apertura habanera de parte de los cubanos de fuera de la isla. Las trabas para un tránsito del castrismo al capitalismo mediante la inversión privada, tiene obstáculos burocráticos y legales insalvables en la isla, mientras no haya un cambio radical de garantías a la propiedad privada.
También, sin un cambio en las restricciones a la inversión en Cuba que imponen las leyes estadunidenses bajo la ley Helms-Burton.
De modo que el giro de La Habana hacia el camino que exige Trump, apenas empieza, y no muy sólidamente. Está todavía en el ámbito de las concesiones discursivas, no de los cambios reales.
Pero ahí está.
Harían bien los castristas irredentos en dejar de mostrarse en esto más papistas que el papa. La Habana dijo ya: “Me doy”.