En varias ocasiones nos hemos referido a la comida callejera como a aquella que nos encontramos en puestos ambulantes, en el caso estricto de la palabra, o móviles, y que, al fin al cabo englobamos como iguales; sin embargo, es pertinente identificar y definir a cada una de ellas, ya que no sólo depende de su ubicación o formalidad sino, además, de los alimentos que en ella se produzcan y/o se ofrezcan.
Como su nombre lo dice, la comida callejera puede ser considerada como aquella que se adquiere en la calle, la cual puede ser: para llevar, para comer in situ o, como parte de la vida ajetreada de una ciudad, para ir comiendo. No obstante, en otro contexto, todo aquel alimento preparado fuera de casa puede ser denominado como callejero, desde los tamales en bicicleta, pasando por el puesto de elotes y esquites de la esquina, hasta los tacos que venden en el local de "tal" o "cual" calle. El ambiente en el que se elaboran o se venden, bicicleta, puesto itinerante o establecimiento, queda agrupado en uno sólo.
En cuanto al tipo de alimentos, o el menú, nos podemos enfrentar a una serie de clasificaciones que de manera generalizada podemos nombrar como "antojitos", una palabra un tanto vaga pero que en el inconsciente colectivo es fácil de identificar. Desde una óptica más explícita, la venta de alimentos preparados en la vía pública tiene sus raíces desde el nacimiento de las grandes ciudades, y de la necesidad de desplazarse; desde la antigua Roma hasta la gran Tenochtitlán, los movimientos poblacionales permitieron que los pobladores tuvieran un ingreso monetario a través de la venta de alimentos a los viajeros, las preparaciones ofrecidas no eran más que alimentos básicos como caldos, potajes, carnes asadas y productos elaborados con trigo o maíz según la región. La repetición en dicha actividad atrajo consigo la atención tanto de foráneos como de habitantes de estas regiones que, sumado al intercambio de ingredientes y métodos de elaboración, enriquecieron el panorama gastronómico urbano.
De esta forma, la comida que se oferta en las calles no es más que el resultado de preparaciones caseras, de inmigrantes o habituales, las cuales se volvieron populares por la acción del consumidor; pudiendo referir el caso de la sociedad mexicana, quien la fue enarbolando hasta convertirla en festiva, como lo es un pambazo de papas con chorizo, una flauta de carne o pollo o unas tostadas de pata encurtida de cerdo o de picadillo en las fiestas patrias, generando el término de "antojitos mexicanos", pero que, sin duda, formarían parte de la comida de calle, de banqueta, de esquina, entre otros muchos términos que le podemos asignar.