Desde las escaleras del segundo piso se puede percibir el olor a canela y jengibre, el cual es un indicio de las fiestas que se avecinan. Los vecinos ya se saborean tan apreciado manjar acompañado con una taza de ponche o un café con leche. Los autores de este suceso, desde muy temprano por la mañana, comenzaron a hornear las curiosas figuras. Aunque es un proceso largo, el resultado siempre es satisfactorio, tanto en lo económico como en lo emocional. Año tras año se han convertido en el postre ideal para los convivios, intercambios, cenas y detalles entre familiares, vecinos y amistades.
Dentro de la historia de la alimentación, las rutas y orígenes tanto de ingredientes como de preparaciones, son todo un enigma, cúmulo de suposiciones o simples coincidencias. Una de ellas es el recorrido que tuvo el jengibre para llegar a ser un elemento primordial en las fiestas decembrinas y las galletas de esta misma época. Con una antigüedad de aproximadamente 3000 años, en el sudeste de Asia, se comienza el consumo de una raíz que, bajo el nombre de sringavera, del sánscrito que significa en forma de cuerno; llegó a tierras persas, donde se le llamó dzunginber; más adelante arribó a Grecia y se convirtió en dziggibris, finalmente alcanzó tierras latinas y se nombró zingiber, culminando en español como jengibre.Cabe resaltar que, a su llegada a Persia, fue ampliamente difundido por los fenicios, quienes se encargaron de comercializarlo a lo largo y ancho del Mar Mediterráneo. Dentro de sus menciones históricas podemos encontrar casos como el de Confucio, quien relata que, en el Siglo II, el jengibre era ya un producto ampliamente reconocido en Alejandrina, colocándose solo por debajo de la pimienta en la preferencia de los romanos. En otros casos, el Corán lo contempla como bebida de las huríes, mujeres que viven en el paraíso y son las encargadas de acompañar a los musulmanes que mueren y llegan a ese lugar.
A partir del siglo IX es introducido a Europa, primero en Francia y Alemania, posteriormente en Inglaterra. De este encuentro se desarrolla, principalmente, en bebidas como el Ginger Ale, cervezas o té de jengibre. Su uso en la panadería, especialmente en galletas, puede estar asociado a su paso por Persia y el desarrollo de alimentos para viajeros. Ante este principio su aplicación en la repostería pujante del periodo en el que llega a Europa dio, posiblemente, su buen recibimiento en preparaciones dulces, en este caso, de épocas decembrinas por sus propiedades medicinales, benéficas para tratar problemas respiratorios. Hoy en día, la galletería de forma humana, la simulación de casas medievales, de corte rural, decoradas con dulces, gomitas, chocolate, entre otras golosinas, son la evolución de un producto que emprendió un viaje alrededor del mundo.