Cultura

Sentir

Alcanzar es tocar, tener tan cerca como la piel lo exige, la piel que desea saber más que la mirada, quiere sentir y tener para sí esa prueba de que la distancia en el tiempo y el espacio ya no existe. El tacto tiene otra memoria que guarda y trata de recobrar en la ausencia. Siente el rostro que desea, toca los ojos, la boca, la piel, las formas del cuerpo, temperatura y puede “ver” saber qué ha cambiado, qué se conserva, porque su memoria se detiene en esa superficie sensible que habla con la mente.

La corteza de un árbol recuerda un bosque, la piedra rugosa recuerda el camino, el agua trae el mar y los ríos, la piel trae el amor y la ausencia. Desear y saber eso quiere el tacto insaciable, hemos creado miles de texturas que provocan y atraen la necesidad de tenerlas. La piel es sensible al grado de rechazar todo ropaje que cause dolor. Castigo, penitencia, humildad era usar tejidos bruscos, crueles, que recordaran en cada segundo que esa piel es cómplice de los placeres.

Esa penitencia encontró su propio placer y el dolor fue una búsqueda en su necesidad de sentir. Marco Polo coleccionó texturas en sus viajes, sedas, terciopelos, tejidos que le recordaran en dónde había estado, que lo llevaran de regreso y lo acompañaran en su travesía. En el siglo XVII el comercio de telas fue una obsesión en Europa y América, la piel, las manos querían tocar y esa sensación fue una comunión entre los continentes. Telas multicolor de la India, sedas de China la piel del mundo quería vivir la belleza de esa artesanal maestría.

El tacto buscó más, los objetos cotidianos, las maderas pulidas, la cerámica y la porcelana, todo lo que tenía uso útil y función debería ser amable con el

tacto, cuidarlo como se procura algo frágil y en perpetua curiosidad. La naturaleza, los animales, plantas, tierra, arena, todo ha pasado por el tacto, y miramos y la mente “siente”, no como la piel, pero sabe, rechaza o desea, y lo atrae para sí en la historia de sus sensaciones.

Temperatura, estados de la materia, frío, caliente, líquido, gaseoso, el tacto conquista la materia, permite que la mente la describa porque le hace llegar su naturaleza. La mente sabe lo que el tacto le muestra. El dolor se recuerda más que el placer, por eso huimos de él, deja cicatrices en la memoria, es un espejo de nuestra historia íntima. El tacto siente el dolor, la piel lo deposita en sus fibras, y nos previene de algo inevitable, nuestra vulnerabilidad es piel, es la fragilidad que nos condena a la cobardía.

La oprimen y siente, fuerza que se replica por sus fibras hasta la angustia, convoca al escape, a la liberación, del amor a la violencia, la piel sabe qué sucede y reaccionamos. Nuestra identidad, tiene un nombre secreto, es la tolerancia que la piel tiene a la realidad, a la vida, a lo que nos cubre y nos enfrenta. No existe el valor que haga soportar lo que hiere, esa piel nos gobierna. El sacrificio se entrega y sabemos que no dará más frutos que una espina en la memoria.


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Avelina Lésper
  • Avelina Lésper
  • Es crítica de arte. Su canal de YouTube es Avelina Lésper
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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