Cultura

La gula de la memoria

Los banquetes desbordados y viciosos del Satiricón, más allá del testimonio de Petronio, su imaginación describió la insatisfacción de la orgía que prolonga el apetito para alcanzar el eterno desconsuelo. Montecristo, antes de comenzar su venganza da una gran cena a sus víctimas, les ofrece platillos de cada continente, frutas que nunca habían llegado a Francia, vinos púrpuras y rojos, él no prueba bocado, desea que cada uno recuerde ese momento como el inicio de una caída diseñada desde el poder que se fermenta en el pasado para desahogarse antes del destino.

Las naturalezas muertas del Barroco recreaban mesas decadentes, flores que entregaron su belleza, frutas jugosas y marchitas, copas con vino, pedazos de pan. El placer era mirarlos, recordar el olor de las flores, el sabor de las frutas. La provocación de los sentidos se repetía en la memoria para atraer a la vida. El amasiato de oler y saborear, es el placer que abre una puerta en momentos precisos de nuestra historia íntima, y el olvido es vencido por los instintos.

El arte sabe que gozamos al imaginar. Las descripciones literarias de la comida y los perfumes, es parte de la atmósfera que habita a la trama y a los personajes. Somos tan adictos que leer recetas de cocina nos da la certeza de si ese platillo será apetecible o detestable. Hemos cifrado la supervivencia desde el placer que la existencia puede darnos y debemos procurarnos.

Los manipuladores cómplices de esa misión son el gusto y el olfato, que nos arrojan desde la curiosidad a la morbosidad escatológica, lo pestilente es tan poderoso como los aromas más delicados y sofisticados, es la condición humana lo que olemos. La basura, los más execrable es el anuncio y trayecto de la descomposición dela materia que contiene a nuestro espíritu. La santidad y el poder guardan para sí la vergüenza de las emanaciones del cuerpo, que el milagro o el castigo trasforman en perfume.

El gusto conoce el laberinto engañoso de la memoria, es capaz de sacar lo que el esfuerzo de recordar no consigue. Incontinente pide más. Su curiosidad no desprecia, todo sabor tiene una voz que narra historias que creíamos disueltas y perdidas. En la Edad Media se “educaba” al paladar y al olfato, temerosos de venenos y pócimas para robar la voluntad, experimentaban oliendo especias, flores vivas y muertas, mezclas de sustancias, y probaban unas gotas, así sería posible detectarlo en una copa de vino, en un platillo cocinado para confundir a la víctima.

El episodio de Marcel Proust con la magdalena remojada en el té de su abuela es el canon de la fuerza que los sentidos tienen sobre la psique humana. Educar los sentidos es educar a la memoria, encontrar las profundidades de la psique y reconocer que compartimos una materia efímera, sensible, ligada a la inteligencia que ansía sobrevivir acumulando recuerdos. Las privaciones más severas tienen sus propios gozos, imaginar lo que ignoramos es la contención que utiliza la carencia como esperanza sin presente.


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Avelina Lésper
  • Avelina Lésper
  • Es crítica de arte. Su canal de YouTube es Avelina Lésper
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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