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Cinco Lecciones Bahá’ís para una Vida Más Feliz

  • Cómo construir una vida
  • Cinco Lecciones Bahá’ís para una Vida Más Feliz
  • Arthur C. Brooks

“A pesar de la represión en su lugar de origen el mensaje de bahá’í es notablemente positivo y no apocalíptico”
“A pesar de la represión en su lugar de origen el mensaje de bahá’í es notablemente positivo y no apocalíptico”

Una de las mayores quejas que tengo sobre mi campo académico, las ciencias sociales, es que explican mucho sobre el comportamiento humano, pero son muy limitadas en recomendaciones para la vida cotidiana. Incluso cuando ofrecen algo sugerente, la investigación casi nunca proporciona evidencia de si su adopción generalizada tendría un efecto positivo. Esa misma deficiencia es aún más evidente en la filosofía, ámbito en el que las grandes reflexiones sobre la vida suelen ser ideas abstractas.

En mi caso puedo recurrir a una rama del conocimiento humano paralela a las ciencias sociales y la filosofía, que constituye un verdadero laboratorio del comportamiento y la experiencia de los seres humanos. En este campo, las personas piensan en grandes ideas y actúan de manera diferente gracias a ellas, y luego podemos observar si hacerlo mejora sus vidas. Me refiero a la religión.

Las religiones, en efecto, le piden a las personas participar en experimentos humanos masivos, lo que les exige adoptar una nueva forma de pensar y vivir de manera diferente a la de los no creyentes, todo esto en busca de beneficios específicos (tanto en la vida como después de la muerte). Incluso para los que no practican ninguna religión y simplemente observan a las personas religiosas, este estudio es una fuente invaluable de información. De hecho, los investigadores demuestran que aprender sobre religiones promueve una comprensión más profunda de la psicología y la cultura.

Esto lo recordé recientemente cuando mi amigo Rainn Wilson, famoso por la serie de The Office, presentador de un popular podcast espiritual llamado Soul Boom, me envió un mensaje de texto con palabras de aliento desde su fe, la bahá’í (se pronuncia bah-jaig), en respuesta a un comentario de desolación que expresé sobre el estado del mundo: “Todos los hombres fueron creados para impulsar una civilización en constante avance”.

Entendí que quería decir que deberíamos ver estos problemas no como motivo de desesperación, sino como una oportunidad para satisfacer la mayor necesidad de amor y felicidad. Intrigado por los consejos de Wilson, inspirados por la religión, decidí profundizar en la fe bahá’í. Allí encontré valiosas lecciones sobre la felicidad que pueden beneficiar a cualquiera, independientemente de su compromiso religioso.

La fe bahá’í se originó a mediados del siglo XIX en Persia (en la actualidad conocido como Irán), con pronunciamientos sobre Dios y la vida de un profeta llamado Bahá’u’lláh. Su enseñanza –que todas las religiones son válidas y provienen de un Dios amoroso– se difundió rápidamente y ganó muchos seguidores. Luego de la muerte de Bahá’u’lláh, la fe se transmitió a través de su hijo ‘Abdu’l-Bahá y su bisnieto Shoghí Effendi, y fue difundida por muchos otros maestros.

Debido a que las enseñanzas bahá’ís se apartaban del islam, los clérigos persas las consideraron herejías, y la fe y sus defensores fueron violentamente reprimidos. El propio Bahá’u’lláh fue primero encarcelado y exiliado después; muchos de sus seguidores fueron ejecutados. Hasta el día de hoy en Irán, la fe bahá’í es ilegal y se persigue a sus seguidores, se les prohíbe asistir a la universidad, ocupar un cargo público o heredar propiedades. A pesar de esta represión en su lugar de origen, el mensaje bahá’í es notablemente positivo y no apocalíptico.

Esa fe cuenta actualmente con más de 5 millones de seguidores en el mundo, incluyendo alrededor de 175 mil en Estados Unidos. Bahá’u’lláh habló a menudo sobre la felicidad a pesar de los problemas mundanos, que consideraba una característica normal de la vida, incluso parte del plan de Dios.

“Feliz es el hombre que ha comprendido el Propósito de Dios en todo lo que Él ha revelado desde el Cielo de Su Voluntad”, dijo. Sin duda, tenía una idea: como han demostrado los sociólogos, las personas de mediana edad que confían en Dios ante las dificultades tienen menos depresión y una mejor salud que los que no lo hacen, y los que eligen enfocarse con optimismo en los aspectos positivos de la vida disfrutan de un bienestar mucho mayor que los que no lo hacen.

Enfatizar lo positivo no significa negar las dificultades o el sufrimiento presentes. De hecho, reconocer el dolor es fundamental para alcanzar un futuro mejor. “Los que no sufren no alcanzan la perfección”, enseñó ‘Abdu’l-Bahá. “Entre más se castiga a un hombre, mayor es la cosecha de virtudes espirituales que manifiesta”. Este mensaje contradice la cultura moderna imperante, que considera el dolor una patología que debe eliminarse; en cambio, enseña la verdad profundamente necesaria de que el sufrimiento forma parte de cada vida y es importante para el aprendizaje y el crecimiento. Esto concuerda con la extensa literatura sobre el crecimiento postraumático, que demuestra que comprender el sufrimiento en la vida tiende a mejorar la resiliencia personal, la capacidad espiritual, el aprecio por la vida y las relaciones con los demás.

La enseñanza bahá’í es rigurosa, espiritual y profundamente moral, algo que contradice la cultura libertina moderna que valora el placer instantáneo y la ética transaccional. “La felicidad es de dos tipos: física y espiritual”, enseñó ‘Abdu’l-Bahá. La felicidad física es limitada; su duración máxima es de un día, un mes, un año. No produce resultados. La felicidad espiritual es eterna e insondable”. Este es un argumento ancestral, que se remonta al conflicto griego entre la hedonía (la búsqueda del placer) y la eudaimonía (la búsqueda de la virtud). La búsqueda de la virtud produce mejores resultados de acuerdo con el análisis empírico, que concluye que la eudaimonía proporciona un bienestar más duradero.

Otro punto que los modernos normalmente pasamos por alto es una afirmación de Shoghí Effendi: “Mientras más hagamos felices a los demás, mayor será nuestra propia felicidad y más profundo nuestro sentimiento de haber servido a la humanidad”. En otras palabras, no se puede ser feliz trabajando únicamente en el propio bienestar; de hecho, es recomendable ni siquiera empezar pensando en tu propia felicidad. Como los psicólogos demostraron desde hace mucho tiempo mediante experimentos, los actos de bondad hacia los demás son mucho mejores para producir felicidad que lo que se ha convertido en el léxico del “autocuidado”. Cuando se induce a las personas a ayudar a otros en una actividad, recordar esa experiencia les genera una emoción más positiva que haber trabajado para su propio beneficio.

Estas enseñanzas pueden parecer recordatorios, más que nuevas ideas, sobre cómo vivir una vida buena e íntegra. De hecho, las enseñanzas bahá’ís más recientes enfatizan los peligros de la novedad: el académico e historiador del siglo XX, Adib Taherzadeh, advirtió contra las “ideologías triviales o sensacionalistas” que conducen a “sectas que se ponen de moda por un tiempo. Pero cuando la novedad desaparece o surge la insatisfacción”, los seguidores siguen buscando la próxima gran novedad, y “pocos han encontrado la felicidad o la tranquilidad”. Esta perspectiva es profundamente importante en la actualidad, en una época en que internet ofrece identidades y estilos de vida novedosos que seducen a los más vulnerables, pero que suelen reducir el bienestar y el sentido de la vida. Cuando se trata de amor, sacrificio y caridad, las viejas costumbres son, en su mayoría, las mejores.

En conjunto, estos principios bahá’ís conforman una estrategia de vida que, en mi opinión, combina lo mejor de la ciencia del comportamiento y la filosofía. Además, ofrecen la ventaja adicional de que fueron probados por millones de creyentes bahá’ís que descubrieron que estas enseñanzas ayudan a construir una buena vida. Con ese espíritu, empecé a seguir estas cinco lecciones como parte de mi práctica matutina de reflexión y meditación, y puedo afirmar que me gusta mucho el efecto que tienen en mi vida.

1. Ten fe en el futuro. Lo que suceda forma parte del plan mayor. Conforma tu voluntad a la voluntad divina y descubrirás que es bueno.

2. ¿Te sientes incómodo? Bien. Esto significa que estás aprendiendo y creciendo como persona, porque todo crecimiento conlleva experimentar incomodidad.

3. Hoy, busca una felicidad más profunda que la que proviene de los placeres fáciles. Deja atrás las diversiones que solamente ofrecen calorías vacías y aléjate de las distracciones que te hacen perder el tiempo. En su lugar, busca lo que nutre el cuerpo y el alma.

4. No puedes ser feliz sin la felicidad de los demás. Busca primero elevar y luego ser elevado. Servir a los demás es expandir tu propio bienestar.

5. No hay atajos que se puedan tomar para ser la persona que quieres ser. Hoy, vive las verdades de la sabiduría ancestral sin vacilar ni sentir vergüenza ante el mundo moderno. Ignora las modas pasajeras con sus promesas vacías.

Estas lecciones abreviadas no son un sustituto de una comprensión más profunda de la fe bahá’í, que, después de todo, es una religión real, no una filosofía de autoayuda. Con esa advertencia en mente, envié este ensayo a Wilson para que me diera su opinión como verdadero seguidor de la fe bahá’í. Expresando su aprobación, compartió algunas palabras sobre cómo el bahá’í influyó en su propia vida:

Lo que me encanta de mi fe es que ofrece un doble camino moral hacia el significado y la alegría. Uno es más interno, lleno de escritos místicos que fomentan el crecimiento espiritual y nos conectan con los vientos divinos; La otra se centra más en lo externo, donde el servicio a la humanidad y nuestro papel en ese ámbito actúan como una brújula espiritual. En la fe, nos esforzamos por recorrer ambos caminos: buscando el enriquecimiento interno y la sabiduría interior, a la vez que tratamos de hacer del mundo un lugar más amoroso.

Para un especialista en felicidad (y católico devoto) como yo, esto es profundamente convincente. Como Rainn sabe, porque no pudo resistirse a añadir: “Definitivamente deberías convertirte, hermano”.

El artículo se actualizó para eliminar la referencia a la fe bahá’í como una rama del Islam.


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