Política

Allyshoring

Ayer concluyó una de las etapas más significativas de la arquitectura comercial global. El anuncio de que el gobierno de Estados Unidos no renovará el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), confirma que la lógica de integración regional, al menos durante el próximo lustro, ya no será económica. Será fundamentalmente geopolítica.

Durante los últimos años se nos dijo que el futuro del comercio mundial se llamaba nearshoring: llevar las cadenas de suministro a países cercanos para reducir costos, riesgos y tiempos de traslado. Poco después apareció el friendshoring, que proponía privilegiar el comercio entre naciones con instituciones, economías y valores similares. Ayer quedó claro que ambas ideas quedaron rebasadas. Por ello propongo un tercer concepto: el “allyshoring.”

El allyshoring supone que ya no basta con ser vecino, ni siquiera con ser un socio confiable. Ahora será necesario ser aliado. Y esto significa compartir los objetivos de seguridad nacional, la visión estratégica, la orientación ideológica y las prioridades políticas de Washington. El comercio deja de ser una herramienta para generar riqueza y pasa a convertirse en un instrumento supeditado a la construcción de alianzas estratégicas en temas específicos.

Desde la perspectiva del presidente Trump, hoy ni México ni Canadá cumplen plenamente con ese nivel de alineación. Por ello decidió no prolongar el T-MEC bajo el esquema que conocíamos. Por norma, el tratado continuará vigente durante diez años más, sujeto a revisiones anuales, para finalmente extinguirse, al menos en su diseño actual.

Y si bien la decisión del presidente Trump no toma en cuenta criterios económicos, sus implicaciones sí son profundamente económicas. Las cadenas globales de suministro se planean para al menos cincuenta años. Ninguna empresa instalará una planta multimillonaria si cada doce meses debe preguntarse si el acuerdo comercial que le dio origen seguirá estando plenamente vigente. Así, la incertidumbre termina convirtiéndose en el peor de los aranceles.

Es posible que dentro de algunos años esta decisión cambie, particularmente cuando Trump deje la presidencia. Sin embargo, para entonces muchas inversiones ya habrán tomado otro rumbo y la lógica de muchos encadenamientos productivos se habrá modificado. Por ahora, a México sólo le queda aprovechar la década que aún ofrece el T-MEC para fortalecer su competitividad, sin tener la esperanza puesta en la inversión estadounidense que pueda llegar. Por ello y sobre todo, nuestro país debe construir una estrategia propia de desarrollo que reduzca su dependencia de una arquitectura comercial cuyo futuro hoy es profundamente incierto. Es la opinión terminal de tu Sala de Consejo semanal.


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Arnulfo Valdivia Machuca
  • Arnulfo Valdivia Machuca
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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