M+.- Cancelar visas es uno de los instrumentos políticos de la estrategia de Washington para recuperar peso en el continente americano.
La razón última de la estrategia quizá sea contener a China. Pero la táctica es alinear a los gobiernos de la región en lo que, para Washington, son líneas no negociables de seguridad nacional y combate al terrorismo, etiqueta que engloba ya, en la legislación americana, al narcotráfico.
El menú de las presiones unilaterales que Washington puede hacer sobre la región es breve y contundente: cancelación de visas, decisiones arancelarias y comerciales, apoyo a gobiernos y candidatos afines, acciones militares directas, como la sustracción de Maduro o la destrucción de lanchas de presuntos narcotraficantes/terroristas.
Las presiones son claras y empiezan a ser largas, porque son parte de una estrategia, no de una lista de ocurrencias.
Desde los tiempos de la Guerra Fría, Washington no había ejercido una presión sobre América Latina como la que ejerce ahora.
No es una presión opcional, es obligada. El desafío es cómo lidiar con ella, no cómo quitarla del tablero o cómo esperar a que termine.
El problema para los gobiernos del continente con esta nueva política continental de Washington, es que le pueden cambiar el ritmo, pero no el rumbo.
Burlándose del rumbo que le habían anunciado si no se plegaba, Nicolás Maduro aceleró el ritmo de su extracción y el paso de Venezuela a la condición de un protectorado.
En la estrategia estadunidense hay halcones y palomas, duros y menos duros, misileros y diplomáticos. Convendría negociar con los menos duros. Con los diplomáticos.
Hasta ahora, pese a declaraciones tronantes, el asunto de México lo han manejado los menos duros, los que trabajan con exigencias precisas y filtraciones calculadas, con decisiones en varios frentes (comercio, agua, ganado, aguacates, visas), decisiones que retoman pendientes de la relación bilateral, pero que no la detonan.
La debilidad de México para lidiar con la estrategia de Trump es enorme. No recuerdo un gobierno mexicano que haya estado en tan mala posición para esos efectos como el de ahora.
Bastó que Washington cancelara la visa de Andy López Beltrán para desatar un terremoto político en la 4T.