Política

¿Nos necesitamos?

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Al inicio de esta semana, el presidente Donald Trump afirmó que Estados Unidos “no necesita a México ni a Canadá” y que, por lo tanto, a su país no le interesa continuar con el T-MEC. La frase, que de por sí es provocadora, plantea sin embargo una pregunta mucho más profunda: ¿realmente nuestras economías se necesitan? La respuesta es menos emocional de lo que parece.

En el largo plazo, quizá el presidente Trump tenga razón. Ninguna economía está condenada a depender permanentemente de otra. Estados Unidos tiene el tamaño, el capital y la capacidad tecnológica para reconstruir sus cadenas de suministro, atraer industrias e incluso sustituir algunos procesos que hoy se realizan fuera de su territorio. Sin embargo, es enorme la diferencia entre poder hacerlo y lograrlo.

Durante más de tres décadas, América del Norte dejó de ser una simple zona de libre comercio para convertirse en un ecosistema productivo. Las cadenas de valor cruzan las fronteras varias veces antes de que un automóvil, un electrodoméstico o un dispositivo médico llegue al consumidor. Deshacer esa integración exige inversiones multimillonarias, infraestructura, proveedores, tiempo y, sobre todo, personas. Y ahí aparece el factor que ningún decreto puede fabricar: la mano de obra. Estados Unidos enfrenta un déficit estructural de trabajadores en numerosos sectores industriales. Paradójicamente, mientras busca atraer producción, endurece su política migratoria y reduce una de las fuentes que históricamente ha fortalecido su competitividad. El capital puede moverse con rapidez; el talento y la experiencia productiva, mucho menos.

Por eso, la discusión no debería centrarse en quién necesita a quién. La dependencia nunca es una estrategia. Lo verdaderamente importante es identificar dónde existen ventajas comparativas difíciles de replicar y cómo convertirlas en ventajas competitivas duraderas.

La integración de América del Norte no nació de un acto de generosidad política. Surgió por una coyuntura global en la que resultaba más eficiente producir juntos que competir por separado. Esa lógica puede modificarse en el largo plazo, pero ciertamente no desaparece ni en el corto ni el mediano término por una declaración. Dicho de otro modo, a Estados Unidos le tomaría al menos 20 años reconfigurar su estructura industrial y eso, solo si permitiera flujos inmediatos de migración capacitada.

La pregunta correcta, entonces, no es si Estados Unidos necesita a México y a Canadá. La verdadera duda es cuánto tiempo, cuánto dinero y cuánta competitividad está dispuesto a sacrificar para demostrar que no nos necesita. Y este es el cuestionamiento comercial de tu Sala de Consejo semanal.


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Arnulfo Valdivia Machuca
  • Arnulfo Valdivia Machuca
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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