Cultura

Scorsese y el "Silencio" de Dios

  • La pantalla del siglo
  • Scorsese y el "Silencio" de Dios
  • Annemarie Meier

Primer día de exhibición de Silence (Silencio), el esperado filme de Martin Scorsese que estuvo entre los nominados a un premio Oscar por mejor cinefotografía para el mexicano Rodrigo Prieto. La sala está llena. Los espectadores con sus pláticas, charolas con comida, refrescos y celulares prendidos parecen anunciar una función poco respetuosa de una película de autor de cerca de tres horas. Por suerte me equivoqué. Con las primeras secuencias de imágenes con montaje lento y un largo silencio al inicio del filme, el público se tranquilizó hasta quedar en completo silencio. Scorsese y su película lograron crear el ambiente necesario para una experiencia fílmica profunda y sin dispersiones.

La película basada en la novela Silence del escritor japonés Shusaku Endo publicada en 1966, sitúa la acción a principios del siglo diecisiete cuando la iglesia católica romana se había extendido hasta formar un verdadero imperio mundial. Japón budista se resistió a la globalización de la fe, prohibió el cristianismo y persiguió a los creyentes que se refugiaron en regiones e islas de difícil acceso. Un territorio peligroso para los jóvenes jesuitas portugueses Rodrigues (Andrew Garfield) y Garupe (Adam Driver) quienes viajan a Japón para buscar a su admirado maestro Ferreira (Liam Neeson) quien está desaparecido. ¿Murió? ¿Lo mataron? ¿O apostató, como dicen los chismes que llegaron hasta Portugal? La difícil y dolorosa experiencia lleva a los jóvenes al límite de su resistencia física, emocional y religiosa. Especialmente a Rodrigues quien pasa por situaciones y estados de ánimo insoportables al sentirse abandonado por dios y dudar de sí mismo. El poder de los japonenses es representado por el siempre sonriente y sádico inquisidor Inoue (Issei Ogata) quien ha reconocido que el sacrificio en pro de la salvación del prójimo es un punto central de la fe católica. (Por cierto, el nombre de inquisidor no es para nada coincidencia).

Las secuencias silenciosas del filme atrapan al espectador con paisajes místicos, jungla y plantas que corresponden, sin duda a la filosofía budista con la que el inquisidor Inoue como Ferreira enfrentan a Rodrigues. También las acciones simbólicas y alusivas al sacrificio de Jesús están captadas con imágenes profundamente conmovedoras. Rodrigo Prieto no solo capta lo que ve y lo que sucede sino que dirige nuestro pensamiento y reflexión. Como cuando se observa en una tabla colocada en el piso, la imagen de Jesús mientras se oye una voz en off que le dice a Rodrigues: “Adelante, pisa mi imagen”.

Con Silencio Scorsese realizó un proyecto que estaba planeando durante muchos años. Sus raíces italianas y la educación jesuita dejan huella a lo largo de su obra que aborda conflictos éticos, dilemas de fidelidad y fe con relatos ligados a la historia de Estados Unidos, la violencia y la marginación. Silencio remite a La última tentación de Cristo (1988). Sin embargo, también recuerda sus películas que tratan de mafias, gangsters, policías y las altas finanzas.

Silencio es al mismo tiempo un filme de época, la odisea de la búsqueda de un personaje desaparecido, un encuentro entre culturas y concepciones religiosas y filosóficas además de un filme ensayo acerca de posturas filosóficas universales. Como realizador y coguionista de Jay Cocks, Scorsese no formula sus preocupaciones en primera persona sino que encarga a sus personajes la tarea de mostrar, defender y cuestionar posturas filosóficas y teológicas que le interesan. Son dudas, dilemas y preguntas como: ¿Qué hace un cristiano creyente si, como Rodrigues, encuentra un profundo silencio cuando necesita e invoca a Dios? ¿Porqué sería necesario el sacrificio personal para salvar a otros? ¿Porqué sería castigado un acto simbólico como el de pisar la imagen de Jesús? ¿Es necesario vivir y morir por su fe? ¿La fe puede realizarse a través de la vida cotidiana? Los cuestionamientos mencionados son tematizados en diálogos y monólogos pero también a través de escenas y acciones e incluso largos planosecuencias llenos de poesía y misticismo. Scorsese y su película no proporcionan respuestas.

El desenlace más bien sugiere que cada individuo tiene que encontrar sus propias respuestas. El choque de dos culturas, imperios y religiones también se muestra a través de los rituales de poder. Los del imperio japonés remiten a la puesta en escena de Akira Kurosawa mientras que las del catolicismo romano nos recuerdan las “películas bíblicas” del cine estadunidense. La complejidad y ambivalencia de los planteamientos crean un filme potente que deja al público atrapado y en silencio.

annemariemeier@hotmail.com

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