Cultura

El infantilismo de una época

  • La pantalla del siglo
  • El infantilismo de una época
  • Annemarie Meier

Los primeros minutos de Jo Jo Rabbit me dejaron fría. Observar a un dulce niño alemán de diez años vestirse con el uniforme nazi para participar en un campamento de la juventud hitleriana, aprender a saludar con la mano levantada y la expresión Heil Hitler, realizar ejercicios militares, hablar de matar a judíos y gritar kill, kill, kill, me pareció incomprensible ya que rompía con los tabús con los que mi generación del Centro de Europa se refería al innombrable y los horrores que el movimiento nacionalsocialista causó. Vencí mi extrañamiento al pensar en las comedias Ser o no ser de Ernst Lubitsch y El gran dictador de Charles Chaplin realizadas en la época de la Segunda Guerra Mundial y en El tambor de hojalata, película de Volker Schlöndorff basada en la novela de Günther Grass. Fue Grass quien al preguntarle porqué había escogido como protagonista y observador del nacimiento y desarrollo del nazismo a un niño que se niega a crecer, contestó que pretendía mostrar el “infantilismo de una época”.  Aunque Jo Jo Rabbit no se niega a crecer - como sí lo hace el niño de El tambor de hojalata - sino pretende convertirse en un verdadero nazi e imagina que el mismísimo Adolf Hitler es su guía y compañero de juego, también él es testigo de la absurda locura que ha invadido la sociedad y ha convertido a miles de alemanes en títeres del dictador, el odio, el racismo y la violencia extrema. Lo que distingue a Jo Jo de sus compañeritos es una madre consciente y valiente cuyas decisiones educan y hacen madurar a su hijo mientras el nazismo y la guerra se están acercando a su fin. Jo Jo Rabbit se aleja rabiosamente del relato y la crítica de guerra realista. Acentúa lo absurdo del fanatismo nazi a través de personajes, estilos de actuación, ambiente y  estética visual y sonora estridente y un pop cercano al kitsch. Los créditos con letra gótica sobre fondo rojo son agresivos, la omnipresencia de la suástica duele, la ciudad “de cuento”, los interiores y el vestuario exageran la artificialidad que recuerda una casa de muñecas. También los acentos musicales con piezas de Los Beatles, Strauss, Gounot y Tom Waits van a contracorriente de una banda sonora convencional. La última imagen de Jo Jo con la canción Héroes de David Bowie marca el final de una época. Basado en la novela Caging Skies de Christine Leunens, el neozelandés Taiki Waititi, autor del guión, director del filme y actor que interpreta a Adolf Hitler como bufón, se arriesgó a crear un discurso que puede incomodar pero también divertir y hacer pensar a un público abierto al cine que rompe convenciones y fronteras narrativas y temáticas. Los cambios de género y tono con los que muestra el proceso de maduración de Jo Jo  y describe el infantilismo de una época, no son, desde luego, gratuitos. De ascendencia maorí por su padre y ruso-judía por su madre, Waititi nos recuerda que el fanatismo racista no sólo no ha muerto sino que está resurgiendo de manera peligrosa en varias partes del mundo.  Al ridiculizarlo nos advierte que lo que parece “infantilismo” es una amenaza que lleva a la tragedia.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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