Intentar disfrazar la vulgaridad con la bandera de la "conferencia matutina" es una ofensa al servicio público.
En Piedras Negras, el alcalde morenista Jacobo Rodríguez pensó que montar su propio foro matutino lo convertiría en un referente de transparencia.
Sin embargo, su ejercicio derivó en un circo romano donde funcionarios, reporteros y ediles intercambian agravios de la categoría más baja.
La sesión del Cabildo del pasado miércoles fue el punto de quiebre. El enfrentamiento verbal entre el alcalde y el regidor petista Juan Carlos Álvarez no fue un simple "agarrón de vecindad" o un choque de criterios ideológicos.
Fue una exhibición descompuesta donde la política local tocó fondo.
Lo escandaloso es que la discusión no se detuvo en adjetivos personales o apodos grotescos.
De la boca de las propias autoridades municipales salieron imputaciones gravísimas: señalamientos de conductas sexuales delictivas y presuntas vinculaciones con el crimen organizado.
Esto no es material para el chisme de redes ni para la diatriba inerte en la tribuna. Son conductas tipificadas en el Código Penal que obligan a la inmediata intervención de la Fiscalía General del Estado.
Si el alcalde o sus detractores tienen elementos para sostener semejantes acusaciones, su deber legal es llevar las pruebas a los tribunales, no ventilarlas como municiones en un pleito de pasillo.
Sorprende la impunidad con la que se dilapidan el tiempo institucional y los recursos de los nigropetenses para transformar las sesiones del Ayuntamiento en una arena de descalificaciones.
La escalada de fanatismo verbal sube de tono día con día, emplazando con derivar en una tragedia si nadie le pone un alto a esta irresponsabilidad.
Sustituir la gobernanza con la infamia es la prueba máxima de la vileza que impera en la política nigropetense. Personajes de dudosa calaña, cegados por la ambición y el interés personal, tomaron las instituciones para convertirlas en su lavadero privado.
Piedras Negras no merece autoridades que arrastren el encargo público por el lodo de la calumnia; si este grupo de provocadores sigue anteponiendo su circo de ego al bienestar ciudadano, la historia local no los recordará como gobernantes, sino como la facción más mezquina y vulgar que haya pisado el Ayuntamiento.