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Déjenlo jugar

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Gilberto Mora cumplió 18 años. El muchacho acaba de llegar a la mayoría de edad y en nuestro futbol ya hay quienes hablan de 50 millones, de los grandes clubes de Europa. Antes de que aparezca alguna susceptibilidad, hay que decirlo con todas sus letras: Gil Mora me encanta. Me parece un futbolista diferente, de esos que aparecen muy de vez en cuando y casi nunca en México. Tiene desparpajo, conduce la pelota, encara, asiste, tiene gol, buen golpeo y, quizá lo más valioso para un jugador de su edad, no se esconde. Pide la pelota y asume responsabilidades.

Eso no está en discusión. Lo que sí debería estar en discusión es todo lo que estamos construyendo alrededor de él. Porque en México tenemos una habilidad extraordinaria para convertir a un joven talentoso en una estrella mundial antes de que termine siquiera su proceso de formación.

Ahora resulta que Gil Mora vale 50 millones. Puede ser una declaración estratégica de su representante, una aspiración o simplemente una manera de ponerle precio al entusiasmo.

Pero convendría recordar algo: el mercado europeo no funciona con nuestros aplausos ni con nuestros récords nacionales.

Gil ya rompió muchos récords a nivel doméstico y en selección mexicana, eso tiene un mérito enorme. Es el más joven en diferentes registros con el equipo tricolor, ha marcado diferencias en la Liga MX y ya estuvo en una Copa del Mundo. Todo eso es extraordinario pero tiene pasaporte mexicano y eso es un hándicap en el mundo de los grandes fichajes.

Pero nada de eso garantiza una carrera exitosa en Europa. Y ahí está el punto que me parece más importante. Si Gil Mora se va, que no sea por la obsesión de decir que ya llegó a Europa. Que sea porque encontraron el proyecto adecuado para él. No necesariamente el escudo más famoso ni el cheque más grande, sino el club donde pueda jugar, equivocarse, aprender y seguir creciendo.

Porque ya vimos la película muchas veces. El mexicano sueña con el Real Madrid, Barcelona, Liverpool o Bayern Múnich, cuando muchas veces el mejor destino puede estar en un club menos glamoroso, pero donde realmente vaya a tener minutos y acompañamiento.

También habría que escuchar con atención a su padre, Gilberto Mora, quien fue futbolista profesional. Él conoce este mundo y sabe que una carrera puede cambiar por una decisión mal tomada.

A Gil Mora hay que ponerle condiciones para crecer. Que los representantes hagan su trabajo, que los clubes hagan sus ofertas y que los aficionados disfruten al futbolista. Pero dejemos que el muchacho tenga 18 años y siga haciendo lo que sabe: jugar.

Porque el verdadero éxito de Gil Mora no será convertirse en el mexicano más caro de la historia. Será llegar a los 25 años y poder decir que tomó las decisiones correctas y su carrera trascendió.


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David Badillo
  • David Badillo
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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