Los desatinos se acumulan en la 4T y el presidente Andrés Manuel López Obrador se enoja cada vez con más frecuencia.
Sus reclamos contra notas publicadas en las que se denuncian las irregularidades en el municipio de Macuspana, Tabasco, de donde es originario AMLO, provocaron que el Presidente llamara “pasquín inmundo” al periódico Reforma.
La tribuna de la mañanera se convierte en el púlpito desde donde se condena a los periodistas, medios de comunicación o escritores que osan criticar la labor del Presidente de México, a quien parecen no bastarle los “paleros” que acuden a sus conferencias de prensa.
Claro que hay algunas honrosas excepciones entre los asistentes a las mañaneras, siempre y cuando les den la palabra, porque si no es así, las preguntas las acapararán los “moléculas”, las “corredoras kenianas” o los tristemente célebres “piratas”.
El periodismo no es para servir al poder, es para servir a los gobernados y AMLO parece no entender esto.
Pareciera que el periodismo libre solo lo ejercen los medios o personas que estén totalmente de acuerdo con las acciones de gobierno del Presidente.
Y luego aparecen los incondicionales de AMLO, como el director del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo II, para “sugerir” que escritores como Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín, críticos frecuentes del quehacer presidencial, deberían irse del país.
Pero este tema no es nuevo, en esta columna ya hemos dicho que son muchos los señalados como conservadores, salinistas, neoliberales, fifís, y toda clase de calificativos que sirvan para marcar a sus adversarios o críticos.
No es nuevo, pero cada vez es más frecuente. El presidente está más enojado. Sus resultados son más notorios y no son buenos.
Cuando más tratan de impulsar la venta de cachitos de la rifa del avión presidencial, que no se va a rifar ni a vender, más resuenan las 70 mil muertes que se han registrado por la pandemia de coronavirus y el pésimo manejo de la emergencia de parte del gobierno federal.
Luego surgen las más de 60 mil personas asesinadas en México, lo que se traduce en el peor inicio de gobierno en cuanto a inseguridad en los últimos cuatro sexenios. Número tristes, lapidarios e innegables.
La violencia contra las mujeres y la toma de las oficinas de la CNDH también un problema que el gobierno de AMLO no puede poner solución, a pesar de que diga que disminuyó la violencia doméstica. Estas voces no se pueden acallar.
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