Constituirse en mediador pedagógico le implica a los docentes interpelar la tradición de sus prácticas
Castelnuovo (2010) nos dice que mediar es “tender puentes, construirlos de manera conjunta con los estudiantes, puente entre lo que se sabe y desconoce, entre la experiencia acumulada, entre los repertorios actuales y la información que se concentrará con ellos, entre lo vivido y lo por vivir, entre seres y textos, medios y tecnologías, entre seres entre sí, entre seres consigo mismo”. Por su parte, Tebar (2009) menciona que la mediación “es un factor humanizador de transmisión cultural. El ser humano tiene como fuente de cambio la cultura y los medios de información. El mediador se interpone entre este y el estímulo o la información exterior, para interpretarla y valorarla. Así, el estímulo cambia de significado y adquiere un valor concreto, creando en el individuo actitudes críticas y flexibles. La explicación del mediador agranda el campo de comprensión de un dato o experiencia y crea nuevas disposiciones en el organismo y una constante alimentación informativa (‘feedback’). Se trata de iluminar, desde distintos puntos, un mismo objeto”.
En este sentido, constituirse en mediador pedagógico, le implica a los docentes interpelar la tradición de sus prácticas pedagógicas y una mirada amplia que considere al alumno como un sujeto con capacidades y posibilidades de adquirir y construir conocimientos para generarle ambientes de aprendizaje pertinentes. Esta mediación pedagógica entonces posibilita que se generen nuevas formas de relación entre los sujetos con su contexto y entorno social.
El trabajo por proyectos planteado en el modelo curricular actual coloca a los docentes en la posibilidad de propiciar en los alumnos una conexión con el mundo y con sus saberes al reconocerse como seres humanos en comunidad. De ahí la importancia de la articulación entre los campos formativos y los ejes articuladores, cuya narrativa pedagógica exige enfrentar nuevos desafíos, particularmente en el avance desenfrenado de las nuevas tecnologías de información y comunicación y la formación con sentido humanista. En ello radica la esencia de la mediación pedagógica que pueda hacer el docente, para generar nuevos sentidos en nuestra existencia.
Una mediación pedagógica pertinente considera la práctica situada como la plataforma para desarrollar aprendizajes significativos. Problematizar y contextualizar la práctica se constituyen en procesos reflexivos y de acción para articular el currículum obligatorio (programa sintético) con la realidad del entorno escolar (programa analítico). Este proceso permite considerar una diversidad de estrategias metodológico-didácticas que propicien ambientes creativos y de desarrollo del pensamiento en los alumnos. Una buena estrategia será aquella que dé sentido a los contenidos escolares y lleve a los alumnos a una apropiación y aprehensión de aprendizajes.
La mediación pedagógica debe llevar a que los alumnos se transformen y transformen su entorno (Freire, 2011). En los docentes, como mediadores, se advierte una resignificación de su práctica y una claridad en su posicionamiento ético-político y político-pedagógico que transita de aquellos roles donde únicamente es el transmisor de cultura. Se papel se constituye en un equilibrio de su tarea profesional entre el saber, el saber-hacer y el ser. Su práctica sienta las bases desde la promoción de una integración de conocimientos y no de la segmentación disciplinaria. La integración del conocimiento se coloca así, como la esencia de la planificación didáctica.
Por último, es importante tener presente que la mediación debe cumplir con algunos criterios, de los cuales destacó tres de ellos enunciados por Tebar (2009): la intencionalidad, la trascendencia y la significación. El primero de ellos considera la selección y organización de los contenidos a enseñar, es decir, de la cultura colectiva que se transmite.
El segundo criterio es la mediación humanizante. Invita a pensar en las finalidades de los actos y agranda el sistema de necesidades del alumno, al trascender el aquí y el ahora. Es proyección y anticipación al futuro. El tercero, considera el involucramiento activo y emocional del sujeto alumno en las tareas de aprendizaje.