Política

La escuela como institución

  • Apuntes pedagógicos
  • La escuela como institución
  • Alfonso Torres Hernández

Una aproximación a un modelo de gestión más participativa en las escuelas exige un cambio cultural en el seno de estas instituciones. Pero los cambios culturales no se producen de un modo espontáneo, sino que se asemejan a formas de aprendizaje colectivo en las que, frecuentemente, aflora la resistencia a la sustitución de los esquemas anteriores por nuevos marcos de comprensión y de acción. Esos cambios requieren de tiempo y de una cierta dosis de paciencia y comprensión por parte de los involucrados. En el mismo sentido, las escuelas están viviendo una serie de tensiones inevitables tanto internas como externas derivadas de la implementación de la nueva ordenación del sistema educativo y, aun cuando el movimiento por la construcción de una nueva escuela mexicana facilita, indudablemente, la adaptación de algunas escuelas a la nueva situación, lo cierto es que hay muchas otras que se encuentran en zonas de incertidumbre frente a este proceso. Comprender esta situación nos lleva a mirar a la escuela como institución.

Talcott Parsons (s/f) plantea que la estructura de una sociedad debe considerarse como un aspecto especial del sistema social total. En especial para examinar las posibilidades del cambio dinámico en las instituciones, resulta esencial tratarlas sistemática y explícitamente en términos de la interdependencia que guardan con los otros elementos del sistema.Las instituciones son aquellas pautas que definen lo esencial de la conducta legítimamente esperada de las personas, en cuanto éstas desempeñan roles estructuralmente importantes en el sistema social.

La escuela entonces, desde este marco de ideas, se reconoce como un elemento organizativo que pertenece a un sistema más amplio: el educativo. Con un funcionamiento particular, pero siempre en relación a otras instituciones, la escuela toma sentido en la complejidad de interacciones y relaciones que se desarrollan en su interior entre el director, docentes, alumnos y padres de familia. Se le reconoce como una institución, que se regula por una serie de principios y normas para su organización y funcionamiento. La escuela como institución contribuirá a un claro desempeño de roles de los actores involucrados en el proceso educativo, reconociendo que su sentido institucional sólo es posible en la colectividad, es decir, cuando su acción tenga sentido para quienes la conforman y hacia el exterior.

La evolución que ha tenido la escuela permite reconocer las diferencias profundas que guardan las prácticas del pasado con las actuales. La escuela como institución siempre ha privilegiado el mantenimiento del orden social en su interior. Si esto no fuera así, la representación misma como institución desaparecería para dar paso a la anarquía. Las prácticas escolares que hoy se ponderan se instalan en la búsqueda de una relación de mayor colectividad y comunidad. En este sentido, la escuela requiere replantearse sus sentidos y significados que animan su acción, repensar la escuela y su relación con el sistema social, se diría.

Por otra parte, es importante reconocer que las instituciones tratan de darse una historia y en esta historia dar cuerpo a la identidad individual o colectiva. Mencioné anteriormente que la escuela como institución se constituye en la colectividad de los sujetos con quienes interacciona. El interés en el pasado institucional de la escuela persigue como propósito aclarar el presente. Jacques Le Goff (1991) nos dice que “entender el tiempo” significa liberar a lo actual de la serie de pactos y denegaciones que inconscientemente tiene estructurado el quehacer institucional en un presente eterno donde los sujetos no encuentran claramente su destino.

Reconocer entonces, el pasado de la escuela, posibilita por una parte, comprender el presente de las prácticas institucionales que desarrollan, y por otra, la imagen que han construido los sujetos que la conforman en sus relaciones cotidianas. En estas construcciones, es inevitable la confrontación entre innovación y tradición, orden y desorden, entre certeza e incertidumbre, entre lo instituido y lo instituyente, etcétera. que los sitúan en conflictos permanentes en la organización y funcionamiento de la acción educativa.

Finalmente, la escuela como construcción social, toma sentido entonces, por la intención que orienta cada una de sus acciones. Si bien nace como una entidad ligada a la custodia de los intereses del Estado, para dar mantenimiento al “statu quo”, en el seno de la escuela se constituyen una serie de relaciones donde emerge la singularidad y lo instituyente, que se opone a lo instituido. Esta situación le da un carácter más ideológico y social a su actuación, dejando en lugar periférico a lo pedagógico, como menciona Orsini (1999).


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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