Política

¿Adán Ávila Múgica?

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El viejo juego del “tapadismo” ha vuelto por sus fueros con el presidente López Obrador, por obvias razones atávicas. Su ADN paleopriista lo ha llevado a alentar la picaresca de conjeturas en torno a la disputa entre los aspirantes a la candidatura presidencial de Morena, aunque con un término equívoco: lo que se destapa no son corcholatas —esas se remueven— sino botellas. El ejercicio es tan divertido como obligado entre políticos y politólogos. Por eso, y porque hay cambios en la liza del partido oficial, que encabeza las encuestas de cara al 2024, actualizo mi análisis.

Recientemente revisé en este espacio una analogía histórica que planteé hace un año en Proceso. Sostuve que “se perfila un escenario similar al de 1939-40, cuando Lázaro Cárdenas barajaba una carta ideológicamente afín y otra de corrimiento hacia el centro. No sé si Andrés Manuel Cárdenas repita la historia y se incline por Marcelo Ávila Camacho para distender una cuerda estirada por su mano siniestra o si, como insinuó en su discurso del pasado 1° de diciembre, la enmiende en aras de la continuidad y se ancle en la izquierda con Claudia J. Múgica” (MILENIO, 3/01/22: “Morena: los polarizadores se polarizan”). Pues bien, creo que la puntera sufrió un par de tropiezos, que el segundo contendiente apretó el paso y que el caballo negro ha pardeado. Veamos…

La delantera de Sheinbaum se redujo, en efecto, tras dos descalabros electorales. AMLO mide todo en votos, y el hecho de que Morena haya perdido la mitad de su bastión en las elecciones de 2021 y no haya logrado movilizar más electores en la consulta revocatoria le ha restado puntos a la jefa de gobierno. Ebrard, por su parte, ha compensado parcialmente su traspié trumpiano con un corrimiento hacia el centro —se había disfrazado de radical— al volver a visibilizar el guiño al empresariado y a la clase media: no haberse sumado al linchamiento fascistoide a los “traidores” fue un acierto, pues no rompe lanzas con un sector social importante ni quema naves con partidos opositores —por aquello de requerir una postulación alterna— y manda un mensaje cifrado a AMLO: don’t take me for granted, dirían los anglosajones. Y lo más interesante: Adán Augusto López se metió de lleno en la contienda al complementar su talante de negociador que saca las castañas del fuego con el de incondicional del gran elector. Ojo, además del tapado vuelve el dedazo, así sea intrapartidista: el reino de la democracia participativa termina donde empieza en el imperio del dedo encuestador.

Replanteo, pues, mi símil: la Múgica de hoy ya no se enfrenta a un Ávila Camacho sino a dos. Adán Augusto tiene un perfil conciliador —deturpado por su conato de inmolación como propagandista de la consulta, pero acaso rescatable— y ha irrumpido en la carrera con una amistad de más larga data. Si logra consolidar una imagen de moderado que neutralice vetos “machuchones” pero —atención— sin suscitar dudas sobre su lealtad y compromiso de continuidad con la 4T —es decir, si se erige en una suerte de Adán Ávila Múgica—, pondrá en aprietos a Marcelo y hasta a Claudia. Porque entonces tendría las ventajas de ambos tapados cardenistas sin la objeción que AMLO le hace al “presidente caballero” de haber detenido el supuesto envión social y ético de la Revolución.

@abasave

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Agustín Basave
  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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