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EU y Europa siguen siendo más fuertes juntos

A pesar de Trump y la guerra con Irán, los intereses de Bruselas siguen profundamente ligados a los de Washington

La guerra en Irán puso de manifiesto, una vez más, la difícil disyuntiva a la que se enfrentan los europeos en un nuevo conflicto entre grandes potencias: Estados Unidos y China.

¿Europa debería estar del lado de los que decidieron iniciar una guerra innecesaria que amenaza con causar estragos en la economía global? ¿O aliarse con un país que al final va a terminar destruyendo su base industrial?

No es una decisión fácil. Pero creo que, a pesar del presidente Donald Trump, que con el tiempo dejará el cargo, Europa se beneficia más al aliarse con EU que con China, y no solamente porque Beijing suministra tecnología y apoyo militar a Rusia y ahora a Teherán.

La única esperanza que tienen Estados Unidos y Europa para sobrevivir al actual momento geoeconómico es crear un nuevo tipo de alianza: una basada no en una relación asimétrica de seguridad, como la que dio origen a la OTAN después de la Segunda Guerra Mundial, sino una verdadera asociación entre iguales basada en una mayor integración económica e industrial.

No es un momento fácil para plantear este argumento, pero es importante hacerlo, porque tanto en EU como en Europa se están sentando las bases para lo que vendrá después de Trump.

En Estados Unidos, el probable buen resultado de los demócratas en las elecciones de mitad de mandato de noviembre confirmará la necesidad de un enfoque más “populista” -diría que realista- centrado en cuestiones de clase y asequibilidad, en lugar de la política identitaria progresista o el tipo de globalismo centrista propio de la década de 1990.

Ninguna de estas opciones ofrece soluciones ganadoras a los problemas actuales. Pero si bien los demócratas (y los republicanos reflexivos) empiezan a comprender que en su país todo sigue girando en torno a la economía, todavía no existe una teoría coherente sobre cómo relacionarse con el resto del mundo. Ya es hora de que desarrollemos una.

Finalmente, y con cierto retraso, Europa acepta la ineludible realidad del mercantilismo chino. Al igual que a muchos, me asombró que Beijing no aprovechara la oportunidad que dejó Trump luego del anuncio de sus aranceles del “día de la liberación” el año pasado y decidiera colaborar con los europeos para encontrar una solución al problema del dumping de productos chinos. Eso podría haber sido el origen de un nuevo paradigma comercial. Y habría sido el momento perfecto para que China presentara algunas ideas, por muy incipientes o imperfectas que fueran, a Bruselas como muestra de buena fe.

En vez de eso, China redobló su apuesta por un modelo de crecimiento basado en las exportaciones, que ya se extiende mucho más arriba en la cadena de valor, a áreas como la tecnología limpia y la robótica, donde Europa y EU tienen importantes intereses.

Beijing quiere mantener un control absoluto sobre áreas como los minerales críticos y las materias primas para la industria farmacéutica. Aún no muestra algún deseo de ser ni el policía del mundo ni el proveedor de bienes comunes globales. Como mencionó Elizabeth Economy, investigadora de la Institución Hoover y experta en China, en una conferencia celebrada recientemente en Washington: “China quiere los derechos de ser una superpotencia sin las responsabilidades”.

La cuestión de cómo afrontar este reto comercial es, como dice el presidente francés Emmanuel Macron, una cuestión de “vida o muerte”. Incluso una mayor inversión conlleva riesgos “cuando la integración se convierte en fuente de subordinación”, como lo expresó el primer ministro canadiense Mark Carney en su trascendental discurso en Davos en enero. Si bien, en teoría, una cierta cantidad de demanda industrial y de consumo a gran escala podría lograrse mediante el tipo de alianza entre potencias medianas que Carney defiende, un nuevo sistema con EU y Europa como pilares fundamentales sería mucho más eficaz.

Como escribieron Kurt Campbell y Rush Doshi, antiguos asesores de Joe Biden y expertos en China, la “escala de la alianza”, en forma de asociaciones económicas e industriales entre EU, Europa y los países medianos de gran tamaño, representaría más del doble del PIB chino. Además, generaría mucha más resiliencia en las cadenas de suministro cruciales. Después de todo, Estados Unidos es el único actor fuera de China con una ventaja competitiva en inteligencia artificial, una tecnología que transformará todos los sectores y que necesita urgentemente estar respaldada por los valores europeos. A menos que eso suceda, el mundo solamente tendrá dos opciones: el control de los oligarcas estadunidenses o de los mercantilistas chinos.

Esa es precisamente la serie de malas decisiones que la administración Biden intentaba evitar. Y sospecho que hay más de un europeo que ahora, apenas 15 meses después del destructivo segundo mandato de Trump, desearía haber sido más receptivo al enfoque de Biden para crear un nuevo paradigma económico.

Pero incluso la administración Trump sabe que EU no puede hacerlo solo. Sus esfuerzos por desarrollar una alianza global de minerales críticos para combatir el acaparamiento chino son una muestra de eso. Lo mismo ocurre con su nueva estrategia marítima -que incluye una solicitud presupuestaria para 2027 de 65 mil 800 millones de dólares para la construcción naval- la cual requerirá la colaboración con socios en Corea del Sur y Japón, además de Europa.

Estas son ideas valiosas, incluso si provienen de la Casa Blanca de Trump. Por supuesto, los europeos, con toda razón, se muestran escépticos ante cualquier cosa que emane de Estados Unidos en este momento. Por ejemplo, Francia y Gran Bretaña están formando una coalición de naciones para ayudar a liberar el estrecho de Ormuz una vez que la guerra termine definitivamente, una coalición que podría no incluir a Estados Unidos ni a Israel. Es una reacción comprensible ante la situación actual. Pero Europa sola -al igual que Estados Unidos solo- no es una alternativa viable a China. No es demasiado pronto para empezar a pensar en lo que sí lo es.


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@The Financial Times Limited 2026. Todos los derechos reservados . La traducción de este texto es responsabilidad de Milenio Diario.

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