Internacional

Más allá del cambio presidencial: la elección en Brasil y las consecuencias para México y Latam

La elección brasileña se llevará a cabo el 4 de octubre con 12 candidatos registrados, pero solo dos con posibilidades reales de ganar: Lula por el Partido de Los Trabajadores y Bolsonaro por el Partido Liberal.

Milenio M logo
Únete al canal de Milenio  

M+.- El futuro político de Brasil y América Latina está en juego. La elección del próximo domingo definirá la consolidación de la hegemonía continental de la nueva derecha aliada de Estados Unidos, o bien, la resistencia de la izquierda latinoamericana que ya solo cuenta con cuatro gobiernos en la región.

La contienda está cerrada a dos extremos. Por un lado, el histórico líder sindical Lula da Silva, que representa a un proyecto enfocado en la atención social y  defensa de la soberanía. Frente a él, está el derechista Flávio Bolsonaro, que apuesta por los negocios con Estados Unidos y emula con unas tijeras gigantes el modelo de la motosierra del argentino Javier Milei.

Es decir, izquierda populista contra la ultraderecha. Y la definición está en manos de los 158 millones de brasileños que deben salir a las urnas.

Lo harán en medio de un empate técnico, según las últimas encuestas, que no han definido la preferencia de los cariocas por la continuidad de Lula o un golpe de timón a la política conservadora de Bolsonaro. Todo esto, bajo la sombra de Estados Unidos que ha tomado un papel central en la elección brasileña.

“Lo que está en juego hoy es la soberanía de la economía más importante de América Latina”, dijo a MILENIO Regina Crespo, investigadora del Centro de Investigaciones Sobre América Latina y el Caribe de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La académica brasileña no acotó las consecuencias políticas de la elección a su país, pues cada uno de los candidatos ha demostrado intereses particulares que aumentarían la fuerza de Washington en la región o fortalecerían la resistencia de la izquierda que integran México, Uruguay y Guatemala.

“Se trata de unas elecciones clave para el panorama, no solamente brasileño, sino latinoamericano, y quizás incluso mundial. ¿Por qué lo digo así? Porque tenemos en el tablero de las opciones dos proyectos que se oponen absolutamente”, apuntó.


La presidencia está entre la ultraderecha y la izquierda populista

La elección brasileña se llevará a cabo el 4 de octubre con 12 candidatos registrados, pero solo dos con posibilidades reales de ganar: Lula, por el Partido de los Trabajadores, y Bolsonaro, por el Partido Liberal, ambos rondan los 35 puntos porcentuales en las preferencias. Muy lejos de ellos, una decena de participantes más que apenas alcanzan seis, cuatro, dos puntos de apoyo de la población.

Para ganar en la primera vuelta, un candidato debe tener más del 50 por ciento de la votación efectiva; de lo contrario, caminarán a una segunda vuelta a la que solo pasan los candidatos punteros.

Aquí es la verdadera pelea y los contrastes. Lula apela a la soberanía de su país, propone reducir la semana laboral a 40 horas, aumentar el salario mínimo, crear un ministerio de seguridad pública, mejorar la atención en salud, incluyendo abasto de medicamentos y vacunación, y un punto clave: defender los recursos industrializando las tierras raras y desarrollar infraestructura nacional de datos e inteligencia artificial.

Y ha dicho que su país “no encaja como el patio trasero de nadie”.

"Nuestra soberanía no está en venta. La riqueza de Brasil tiene un solo dueño: el pueblo brasileño”, expresó el actual presidente el 16 de septiembre ante el interés de Estados Unidos y sectores empresariales por los bienes naturales de su país.
Brasil batalla en las urnas
Cada uno de los candidatos ha demostrado intereses particulares que aumentarían la fuerza de Washington en la región. | Foto: Reuters



En contraste, Bolsonaro plantea el “Tesouraço”, una política basada en el gobierno de Milei que, entre otras cosas, propone recortar al menos 10 ministerios, disminuir cargos, revisar sobreregulaciones y sobresueldos, como la motosierra, pero transformada en tijeras gigantes. 

Propone también una política de seguridad alineada con Estados Unidos, con la clasificación de organizaciones criminales como narcoterroristas y la construcción de prisiones de máxima seguridad como las de Nayib Bukele en El Salvador.

Además, está a favor de abrir la infraestructura del país y sus recursos a mayor inversión privada de Estados Unidos, principalmente.

“Brasil es la solución para que Estados Unidos deje de depender de China en tierras raras y minerales críticos”, afirmó en marzo en un evento de CPAC en Texas, donde aseguró que de ser presidente impulsaría la alianza conservadora más grande del hemisferio.

Y por si fuera poco, además de las diferencias, los equipos de campaña mantienen un cruce de acusaciones y pleitos en tribunales que involucran tramas de corrupción y tráfico de influencias.

Batalla en las urnas Brasil
Bolsonaro plantea una política de seguridad alineada con Estados Unidos. | Foto: Reuters

La joya de la corona: Brasil, el aliado con la economía más grande de América Latina

En el marco de la Asamblea General de la ONU, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ufanó de haber impulsado y, en consecuencia, ganado la elección presidencial en nueve países de América Latina.

Aunque no se refirió específicamente a ellos, es sabido públicamente que ha apoyado a los candidatos triunfadores de Honduras, Nasry Asfura; Chile, José Antonio Kast; Argentina, Javier Milei y el más reciente, el colombiano Abelardo de la Espriella. A ellos se suman otros aliados como Nayib Bukele, de El Salvador; Daniel Noboa, de Ecuador, y la recién llegada al poder Keiko Fujimori.

Con este grupo y el resto de países que han dado un viraje a la derecha y se han alineado a las políticas de la Casa Blanca, el mapa ideológico de América Latina se corrió totalmente del lado conservador.

Por eso el interés de Estados Unidos en esta elección, porque sería la joya de la corona al obtener el triunfo en la economía más grande de la región, así como el país más poblado. Y así solo quedaría México como el último gran bastión de lo que queda de la izquierda de América Latina.

“Escuchamos a Trump decir que ganó nueve elecciones en Latinoamérica: Nosotros ganamos, o sea, nosotros impusimos, recibimos y lo que dijo de Venezuela, ¿no? Que es un gran negocio, el botín es de los vencedores. O sea, la perspectiva de alguien que piensa América para los americanos, pero los americanos que viven en Estados Unidos nada más, pues es un autócrata que sí está interviniendo y haciendo de América Latina su patio trasero”, agregó la investigadora.

Y como no son ajenas al contexto político, los líderes de la región empiezan a tomar partido por uno u otro bando acorde a sus intereses.

“A mí me parece que Lula ha sido muy buen presidente, en un año volvió y cumplió su promesa de hambre cero. Es un gran logro”, dijo la presidenta Claudia Sheinbaum en su conferencia matutina.

Por el contrario, el argentino Javier Milei también tomó partido en los últimos días.

“Tengo esperanza de que, digamos, Brasil logre quebrar ese curso socialista, decadente que ha tomado durante el último tiempo y que vuelva a abrazar las ideas de la libertad y sea parte del grupo de países libres”, expresó en su visita a Nueva York.
Brasil batalla en las urnas
El mapa ideológico de América Latina se corrió del lado conservador. | Foto: Reuters


MA

Google news logo
Síguenos en
Pedro Domínguez
  • Pedro Domínguez
  • pedro.fajardo@milenio.com
  • Reportero de MILENIO desde 2010. Viajo, leo y siempre quiero fumar menos. Hoy cubro Presidencia, mañana quién sabe.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.