El consumo de vino se está redefiniendo: las experiencias se posicionan como una nueva forma de aproximarse a él. Más que probarlo, se trata de vivirlo, disfrutarlo e integrarse con su contexto, de acuerdo con Enrique Pascual, presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen (DO) Ribera del Duero.
Bajo esta premisa, se llevó a cabo una experiencia gastronómica en La Jicotera, un espacio ubicado en Morelos, donde la cocina se desarrolla alrededor del fuego, el producto local y el encuentro colectivo. Ahí, los participantes no solo degustaron una copa, sino que formaron parte del proceso culinario a través de una clase de cocina basada en técnicas de territorio.
Desde el encendido del fogón hasta la preparación con ingredientes de temporada, la propuesta planteó una aproximación distinta: tocar la materia prima, cocinar y compartir alrededor de la mesa.
“Estar aquí, tocar los productos y navegar en recetas tradicionales es una forma de entender la gastronomía desde otro punto de vista. Además, el vino es un nexo de conexión increíble entre los alimentos y las personas”, explicó Pascual.
Más allá del consumo
Para Ribera del Duero, este enfoque responde a una visión más amplia, en la que el producto deja de ser únicamente un elemento de consumo para convertirse en un vehículo de conexión.
En este sentido, Miguel Sanz, director general del Consejo Regulador de la DO, señaló que “las diferentes etiquetas de Ribera del Duero armonizan con los elementos de la gastronomía mexicana, desde carnes hasta preparaciones más complejas, como los moles”.
Estas iniciativas, añadió, buscan generar una relación más cercana entre el vino y la gastronomía. Durante la experiencia, la denominación acompañó platillos preparados al comal y a la brasa, como ensalada de quelites, tartar de cecina ixtleca, cochinillo confitado y un cremoso de requesón con salsa de guayaba.
México, un mercado clave
El desarrollo de este tipo de acciones también responde a la relevancia que ha adquirido México en el mercado internacional.
Actualmente, el país es el segundo mercado de exportación para Ribera del Duero, y cuenta con la presencia de más de 120 bodegas en el territorio.
“Es un mercado en el que vamos creciendo poco a poco, con un consumidor cada vez más exigente que nos obliga a ser mejores”, explicó Sanz. “Quiere entender, probar cosas distintas y conocer más sobre el vino”.
Desde la perspectiva del Consejo Regulador, este cambio también ha impulsado una evolución en la forma de comunicar el vino, acercándolo a nuevos públicos y reforzando su dimensión cultural.
RRR