Era miércoles 17 de marzo de 2010. Alrededor de las 13:00 horas, Rafael salió de su casa, se despidió de su esposa y sus dos hijas, y les pidió que lo esperaran; les dijo que al día siguiente las llevaría a la feria. Llegó el jueves y ellas se quedaron esperando. Hoy han pasado 16 años y siguen anhelando verlo entrar por esa misma puerta.
Rafael Rodríguez García era uno de los dos conductores del autobús Pirasol que salió de la Huasteca Potosina con 29 pasajeros, cuyo deseo era alcanzar el "sueño americano", reveló su familia a MILENIO.
La primera parada fue en Xilitla, donde subieron jóvenes y adultos provenientes de municipios potosinos, de Querétaro e Hidalgo. La última parada fue en Ciudad Valles, donde abordaron otros más.
Su destino era Miguel Alemán, Tamaulipas; desde ahí, tenían el plan de cruzar por su cuenta, de forma irregular, al "otro lado", de acuerdo con testimonios recabados por MILENIO.
El retén y la desaparición
Pasó un día, luego dos, y la familia de Rafael acudió a la empresa en el sur de Ciudad Valles. Allí les informaron que el jueves 18, alrededor de las 4:30 horas, el otro conductor, Román Castillo Briseño, llamó para avisar que unos hombres vestidos como policías los habían detenido en un retén en Valadeces, poblado perteneciente a Gustavo Díaz Ordaz, en la frontera de Tamaulipas con Estados Unidos.
Ya no se supo nada. Tiempo después, en junio, la unidad fue ubicada en una pensión entre China, Nuevo León, y los límites con Coahuila.
"Yo vine y vi el autobús en el estacionamiento. Me subí, vi el asiento del chofer y le gritaba, preguntando dónde había dejado a mi hermano. Yo quería que los fierros hablaran, que me dijeran qué había pasado con ellos".
El dolor que no termina
Al principio había miedo, porque el país atravesaba una cruenta situación de inseguridad, especialmente en algunos estados.
"Pasan los años y ya no hay miedo, pero nada sana. Así nos den mil terapias, este dolor nos mata, nos consume".
Ángeles ha participado en varios operativos de búsqueda en escenarios de peligro, pero su mayor temor es no lograr encontrar, aunque sea, "un huesito" de su hermano para regresarlo a casa, con su padre. Su mamá falleció hace un par de años con el dolor de no haber visto de nuevo a su hijo más chico.
"Dos años estuve peleada con Dios. No iba a misa, le reclamaba por qué a él, por qué nos pasaba esto. No comía, no dormía; ni al peor enemigo se le desea lo que hemos vivido", expresó Aldanely Cruz Balderas, esposa de Rafael.
Sus hijas, Carol y Yerin, tenían siete y 11 años; hoy tienen 23 y 27.
Sin respuestas oficiales
El martes, al conmemorarse el 16 aniversario de la desaparición, los familiares realizaron entrega de volantes, pegado de fichas de búsqueda y colocación de lonas en puentes peatonales.
El caso está en la Fiscalía de Tamaulipas; en San Luis Potosí poco se ha hecho y en la Fiscalía General de la República (FGR) tampoco ven avances. No pierden la fe de encontrarlos con vida o como sea, pero tenerlos de nuevo.
La esperanza sigue viva
Romeo Mendoza Almaraz es originario de la comunidad El Charco, en el municipio de Landa de Matamoros, Querétaro, desde donde salieron sus dos hermanos: José Luis y José Obispo. Abordaron la unidad en Xilitla con una pequeña mochila y muchos sueños. Querían construir su casa y sacar adelante a sus hijos. Ya antes se habían ido de "mojados" para trabajar en la construcción.
"Tenían la ilusión de todo migrante: salir adelante y hacer un patrimonio. Los seguimos esperando. La esperanza sigue viva".
Rosa Laura Martínez Guerrero sigue esperando el regreso de su esposo, Fidel Barragán Salazar. Es una esposa buscadora, pero también una madre buscadora, porque espera que sus hijos recuperen a su padre.
"Ellos merecen saber qué pasó, necesitan tener una respuesta".
Por su parte, la mamá de César Alberto Sánchez Landaverde también pide a Dios cada día volver a ver a su hijo.
"No queremos que el caso se olvide. Nos hacen falta en nuestras casas, queremos que nos ayuden a recuperarlos. Para nosotros es muy triste no tenerlos; esperamos que la gente haga conciencia de esto y, si alguien tiene información, nos la haga llegar. No buscamos culpables, solo los buscamos a ellos".
Ignacio era casi un niño
Artemia ha pasado 5 mil 551 días sin poder dormir bien; 192 meses de angustia desde que su hijo Ignacio Mata Jiménez desapareció.
Tenía apenas 16 años y trabajaba desde muy chico. Estudió hasta la secundaria y decidió dedicarse de lleno a las tareas del campo en su tierra, en La Yerbabuena, perteneciente a Landa de Matamoros, Querétaro.
En ese tiempo tenía a dos hermanos y a su papá en Estados Unidos, así que se animó a buscar también el sueño americano.
"Era la primera vez que se iba de casa. Le dijo: 'No te vayas, aquí no te falta nada', pero ya estaba decidido. Era muy trabajador; me decía que no descansaría hasta comprarse una casa y una camioneta para ayudarle a su padre".
Salió de su hogar junto a su primo, Ismael Mata, de 20 años. Ahora, ambos están en esa lista de desaparecidos.
Ángeles llevaba puesto un chaleco antibalas que pesaba 11 kilos. Se encomendó a Dios y pensó en sus hijos; se había despedido de ellos porque sabía que quizá no volvería a verlos.
Era el mes de noviembre y, tras 10 años de la desaparición de su hermano Rafael y los otros 30 tripulantes del autobús Pirasol, participaba en la primera búsqueda en campo. Fue en un punto donde se cree que estuvieron la última vez que se tuvo contacto con ellos.
"Pasamos en el convoy por pueblos fantasmas que, de solo verlos, daban miedo; casas completamente baleadas. Me tocó ver una casa donde se veía uno de esos carritos de batería para niños, abandonado. ¿Qué niño pudo haber dejado su juguete ahí? ¿Cómo saldría esa familia de prisa, dejándolo todo?
"Por comentarios de otros colectivos, sabemos que cuando los delincuentes nos ven, dicen: 'ahí vienen las buscadoras de huesos'. Para ellos son huesos; para nosotros es nuestra familia, es nuestro hermano, nuestro hijo, nuestro padre. Como sea, los queremos de regreso.
Hoy, a 16 años de aquel día, el tiempo no ha logrado cerrar la herida ni apagar la espera. Las familias siguen caminando entre la incertidumbre y la memoria, sosteniéndose en la esperanza como único refugio.
Porque en cada volante pegado, en cada búsqueda bajo el sol o entre el miedo, hay una misma exigencia: saber qué pasó. No buscan culpables, buscan respuestas. Y mientras estas no lleguen, la ausencia seguirá ocupando un lugar en la mesa, en la casa y en la vida.
Lista de desaparecidos
- Martín Ortega Huerta (43 años)
- Rafael Rodríguez García (31 años)
- Ramiro Torres Madrid (19 años)
- Román Castillo Briceño (50 años)
- Alfonso Fonseca Amador (36 años)
- César Alberto Sánchez Landaverde (31 años)
- Paulino Ramos Andablo
- Víctor Moya Briceño (32 años)
- Obispo Mendoza Almaraz (33 años)
- Ignacio Mata Jiménez (16 años)
- Enrique de la Torre Netro (21 años)
- Eugenio Torres Hernández (32 años)
- Alejandro Moya Maldonado (17 años)
- Raymundo Melo Rubio (18 años)
- José Luis Mendoza Almaraz (27 años)
- Ismael Mata Flores (20 años)
- Fidel Barragán Salazar (43 años)
- Francisco Javier Hernández (26 años)
- Irene Salazar Sarmiento
- Domingo Ramírez Santiago (23 años)
- Evodio Flores Ortiz (40 años)
- Fulgencio Moya Maldonado (17 años)
- José Luis Mendoza Salazar
- Rubén Garay Camacho (21 años)
(De algunos pasajeros, sus familias en Hidalgo jamás pusieron denuncia ni se han acercado al Colectivo Caso Pirasol, A.C.).
ksh