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  • Agua de 35 mil años: el tesoro a 2 kilómetros de profundidad que podría salvar a CdMx

  • Un investigador de la UNAM enfatiza que, tras seis años de avances significativos en la investigación del acuífero ultraprofundo, resulta crucial reactivar los trabajos con pozos exploratorios, sin proceder a la extracción de agua.
De acuerdo con el Presidente, todas las aguas de la ciudad se canalizaron hacia Hidalgo. | Foto: Jorge Carballo

La gravedad de la sobreexplotación del acuífero somero de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México exige la continuación de la investigación del acuífero ultraprofundo, ubicado a 2 kilómetros de profundidad, con el fin de determinar su potencial como fuente independiente de abastecimiento de agua para el Valle de México.

Esta postura fue expresada, de manera independiente, a MILENIO por Ramón Aguirre, ex director general del entonces Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex), y Felipe Arreguín, ex subdirector técnico de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), quienes coordinaron los trabajos exploratorios del acuífero ultraprofundo entre 2012 y 2018. Asimismo, el experto en agua e investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, Manuel Perló, compartió esta opinión.

Ambos ex funcionarios coincidieron en la necesidad de reiniciar la perforación de pozos de prueba a 2 mil metros de profundidad para comprobar científicamente el potencial y la capacidad de producción sustentable del acuífero. 

 Además, se busca determinar si constituye una nueva fuente de abastecimiento independiente del acuífero somero, que se encuentra a profundidades de entre 70 y 500 metros.

Por su parte, Perló recomienda la continuación de la investigación, siempre y cuando se incorpore a un programa integral de los acuíferos de la Cuenca de México, con un enfoque multidisciplinario.

“Es imperativo considerar la continuación de la investigación del acuífero ultraprofundo mediante estudios de alcance global. Es fundamental determinar la capacidad hídrica de los acuíferos y la magnitud de las reservas para evaluar la viabilidad a largo plazo del abastecimiento de agua en la Ciudad de México”, plantea Perló.

El investigador de la UNAM enfatiza que, tras seis años de avances significativos en la investigación del acuífero ultraprofundo, resulta crucial reactivar los trabajos con pozos exploratorios, sin proceder a la extracción de agua.

Manuel Perló destaca el estado crítico de los acuíferos debido a la sobreexplotación y la contaminación. Por consiguiente, es esencial promover programas institucionales con enfoques científicos y técnicos para evaluar el estado de las fuentes de abastecimiento de agua, sin descartar el acuífero ultraprofundo.

El investigador agrega que el acuífero somero abastece de agua a la metrópoli desde 1850, del siglo XIX. Además, el Sistema Lerma-Cutzamala depende de las condiciones meteorológicas y de que la cuenca se mantenga sin deterioro ambiental, pero cada vez sufre destrucción por el crecimiento de la mancha urbana y por la tala clandestina.

Durante las administraciones capitalinas de Marcelo Ebrard (2006-2012) y Miguel Ángel Mancera (2012-2018), el Sistema de Aguas de la Ciudad de México impulsó proyectos de investigación con el objetivo de identificar nuevas fuentes de abastecimiento de agua para la metrópoli. En las últimas décadas, el nivel freático ha experimentado un descenso alarmante debido a la excesiva extracción del vital líquido, lo que ha provocado hundimientos diferenciales del suelo en la Ciudad de México, alcanzando un promedio anual de hasta 40 centímetros en la zona sur, principalmente en Tláhuac y Chalco.

El estudio se llevó a cabo entre 2012 y 2018 mediante la perforación de cinco pozos de prueba. Su progreso se vio interrumpido durante la administración de la Ciudad de México encabezada por Claudia Sheinbaum (2018-2024), debido a la preocupación de que la extracción de agua del acuífero ultraprofundo pudiera acelerar los hundimientos diferenciales en la ciudad, dado el posible vínculo entre ambos mantos freáticos.


Un indicio relevante es que el agua del nivel freático a 2 mil metros de profundidad, al ascender, alcanza una profundidad de 70 a 75 metros, muy cercana a la superficie, coincidiendo con el nivel de los pozos del acuífero superior. Esto sugiere una posible interconexión entre los acuíferos, aunque esta hipótesis requiere de estudios adicionales para su confirmación, según lo señalan los ex funcionarios involucrados.

El geólogo Federico Mooser (1923-2021), quien coordinó la perforación de los cinco pozos exploratorios, afirmó en 2012 (cuando se alcanzó el agua milenaria) que los acuíferos somero y ultraprofundo eran independientes y no estaban conectados, lo que implicaría que la extracción de agua a 2 mil metros de profundidad no aceleraría los hundimientos.

Mooser, Aguirre y Arreguín fueron los principales responsables del proyecto. Debido a los cambios de gobierno, la investigación quedó inconclusa, y el geólogo falleció en 2021.

Felipe Arreguín precisa que la Comisión Nacional del Agua (Conagua) aprobó el proyecto para la perforación de pozos de prueba, no para la extracción de agua (como actualmente se realiza con dos pozos). Enfatiza la necesidad de concluir la investigación y las pruebas para garantizar con absoluta certeza que los acuíferos no están conectados.

Los ingenieros Aguirre y Arreguín destacan la excelente calidad del agua del acuífero ultraprofundo, la cual data de más de 35 mil años. Si bien presenta un alto contenido de manganeso y fierro, estos elementos se eliminan eficazmente durante el proceso de potabilización.

“El agua proveniente de los pozos profundos supera en calidad a la del acuífero somero”, afirma Aguirre.

Felipe Arreguín sugiere que, de retomarse la investigación, esta podría extenderse por un período aproximado de dos años. Ramón Aguirre, por su parte, recomienda la perforación de cinco o seis pozos experimentales adicionales en caso de que se decida continuar con el proyecto.

“Si las autoridades del gobierno de la Ciudad de México han tomado la decisión definitiva de no proseguir con las investigaciones, es imperativo que lo comuniquen públicamente para evitar seguir insistiendo sobre este proyecto”, enfatiza Arreguín.

El proceso

Ramón Aguirre recuerda que, tras los sismos de septiembre de 1985, el entonces presidente Miguel de la Madrid encomendó a los ingenieros de Pemex la realización de un exhaustivo estudio del subsuelo del Valle de México. El propósito de este estudio era determinar la existencia de agrietamientos significativos e identificar las zonas más susceptibles a futuros sismos de alta magnitud.

Los trabajos concluyeron en 1986, revelando que el subsuelo no presentaba daños de consideración. Sin embargo, los ingenieros descubrieron un acuífero a más de dos kilómetros de profundidad, con una capacidad considerable. El proyecto se documentó y archivó, aunque se mantuvo la alerta sobre el potencial descubrimiento de una nueva fuente de agua para el Valle de México.

En 2011, las autoridades del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (hoy Secretaría de Gestión Integral del Agua -SEGIAGUA-) reactivaron el proyecto del acuífero ultraprofundo y conformaron un equipo multidisciplinario para llevar a cabo la investigación científica mediante la aplicación de tecnología petrolera. En este equipo participaron personal del Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la Comisión Federal de Electricidad (CFE), el Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias (INEEL), el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) y Petróleos Mexicanos (Pemex).

El plan de perforación de pozos exploratorios resultó exitoso. En octubre de 2012, se descubrió un importante depósito de agua de alta calidad. Este hallazgo se realizó en el pozo San Lorenzo Tezonco, ubicado en Iztapalapa. A partir de diciembre de 2012, y tras el proceso de potabilización, el pozo se conectó a la red de distribución de la zona, proporcionando un abasto de entre 70 y 100 litros por segundo.

El ingeniero Aguirre explica que se comprobó la existencia de una capa compacta de arcillas, denominada Taxhimay, ubicada a una profundidad superior a los 800 metros, con un espesor de 200 metros. Esta capa actúa como barrera entre el acuífero somero (actualmente explotado) y un segundo acuífero, previamente desconocido, ubicado en las vulcanitas del Mioceno (rocas volcánicas de millones de años).

El ingeniero Aguirre agrega que, si bien se trataba de una nueva fuente de agua con viabilidad técnica y económica, los trabajos de investigación estaban diseñados a largo plazo, con una duración de 10 años, y contemplaban la perforación de entre 20 y 50 pozos en dicho periodo. El objetivo era comprobar la extensión del acuífero, su capacidad de almacenamiento y verificar la ausencia de conexión con el acuífero somero.

En la zona de la Ciudad Deportiva Magdalena Mixhuca, en Iztacalco, se perforaron dos pozos adicionales, Agrícola Oriental 2B y 2C. Estos pozos no produjeron agua, sino una cantidad considerable de gas (bióxido de azufre). La Comisión Federal de Electricidad (CFE) realizó un estudio exhaustivo de las características de este gas para su posterior liberación. Después, ambos pozos fueron sellados.

En 2017, se llevó a cabo la perforación del cuarto pozo exploratorio, denominado Santa Catarina 3, en el perímetro del vivero Nezahualcóyotl, en Xochimilco. Este pozo resultó exitoso y, a la fecha, contribuye con un caudal de 105 litros por segundo a la red de abastecimiento de Iztapalapa.

El último pozo profundo, denominado Mirador, se perforó en 2018 en el Cerro de la Estrella, Iztapalapa. Debido al cambio de administración, la perforación de este pozo se dejó incompleta y su estado actual se desconoce.

Al concluir el gobierno de Miguel Ángel Mancera en 2018, las autoridades del Sacmex recomendaron a la siguiente administración capitalina la continuación del proyecto en las zonas de Santa Fe, Tlalpan y Texcoco. Sin embargo, dicho plan fue suspendido.

Ante la persistente escasez de agua en la Ciudad de México, derivada de la prolongada sequía que afecta al país, la entonces jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, anunció el 9 de abril de 2021 la decisión de recurrir a la extracción de agua de los pozos ultraprofundos. Sheinbaum declaró: “El agua extraída a 2 mil metros de profundidad será utilizada para abastecer a la ciudad”.

El estudio se llevó a cabo entre 2012 y 2018 mediante la perforación de cinco pozos.
El estudio se llevó a cabo entre 2012 y 2018 mediante la perforación de cinco pozos.

Ramón Aguirre enfatiza que el proyecto se desarrolló exitosamente durante los seis años de su ejecución, lo que justifica su conclusión para asegurar con total certeza la disponibilidad de una alternativa fuente para el abastecimiento de agua al Valle de México. La importación de agua de otra cuenca conlleva no solo considerables costos económico-ambientales, sino también la posibilidad de enfrentar complejos y prolongados conflictos sociales.

Cabe destacar que el proyecto Temascaltepec fue interrumpido debido a conflictos sociales. Su evaluación inicial estimaba una capacidad de abasto de 5 mil litros por segundo, con un costo aproximado de 7 mil millones de pesos. Sin embargo, la resistencia del movimiento campesino en la región, iniciada en 1998, impidió el flujo del agua hacia el Sistema Cutzamala, lo que resultó en la cancelación definitiva del proyecto. Como alternativa, se considera el proyecto Tecolutla-Necaxa, el cual proyecta una aportación de 11 mil litros por segundo, con un costo superior a los 20 mil millones de pesos, y que presenta un riesgo hidrológico asociado.

El caso del Valle del Mezquital, región a la cual el Valle de México ha enviado sus descargas de drenaje durante más de un siglo, plantea la posibilidad de extraer agua ya purificada por la naturaleza en el subsuelo. Este proyecto requeriría una inversión aproximada de 15 mil millones de pesos y proporcionaría un caudal de casi 5 mil litros por segundo. 

No obstante, el costo de transportar esta agua al Valle de México sería considerable debido a su baja calidad, lo que implicaría la construcción de una planta piloto de tratamiento y la realización de estudios epidemiológicos a gran escala para evaluar posibles enfermedades asociadas a la baja calidad del agua.

En espera de una decisión sobre el acuífero ultraprofundo, Manuel Perló, Felipe Arreguín y Ramón Aguirre proponen impulsar la recarga natural de mantos acuíferos mediante la construcción de pozos de absorción adicionales; fomentar la recarga artificial mediante el tratamiento de aguas residuales y su reinyección al subsuelo; reducir los volúmenes de extracción y conservar las superficies boscosas para la captación de agua pluvial, e intensificar el tratamiento de aguas residuales para su reúso.

MILENIO buscó al secretario de Gestión Integral del Agua, José Mario Esparza, y al subdirector general Técnico de la Conagua, Humberto Marengo, para obtener sus comentarios sobre el acuífero ultraprofundo. Sin embargo, hasta el cierre de esta edición, no se habían recibido respuestas.


HCM

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