A unas 90 familias que viven en Las Canteras, en los municipios de Naucalpan y Tlalnepantla, las une no solo el nombre de su comunidad, sino también el riesgo constante de desprendimiento de piedras que las mantiene con el temor permanente de que en cualquier momento se desplome alguno de los macizos rocosos y pueda causarles daño.
En el municipio de Tlalnepantla, la colonia La Cantera se formó hace unos 48 años, luego de que una empresa dedicada a la comercialización de piedras de cantera dejara de funcionar en los perímetros del lado poniente del cerro del Tenayo, lugar donde se asentaron en la parte baja unas 60 familias.
Por otra parte, en las inmediaciones del pueblo de San Lorenzo Totolinga, en Naucalpan, de la misma manera se fundó la colonia La Cantera tras cerrar una empresa que se dedicaba a la extracción de bloques pedregosos de distintos tamaños, dejando un enorme talud bajo el cual hoy viven unas 30 familias.
En ambas colonias La Cantera, en Tlalnepantla y Naucalpan, el año pasado se registraron desprendimientos de rocas cuyas enormes piezas cayeron en el patio de viviendas, afortunadamente sin causar daños mayores.
No obstante, el riesgo y el miedo son permanentes para más de 300 personas de ambos lugares.
El 20 de junio de 2025, una roca de unas 20 toneladas se desprendió de la parte alta del cerro del Tenayo, cayendo sobre la casa en el número 10 de Cerrada de Cantera, donde aún viven María de Jesús Muñoz, doña Chuy (como la llaman sus vecinos), y su esposo, don Pedro, quienes, a pesar del riesgo, prefieren continuar viviendo en el mismo sitio.
“Aquí llegamos hace 49 años, y con excepción del año pasado que cayó la piedrota, nunca habíamos tenido algún accidente así”, dijo doña Chuy. Ellos viven al pie del cerro, donde quedó el corte de la empresa que trabajaba con la piedra.
El caso Tlalnepantla y la colonia La Cantera
En junio de 2025, después del desprendimiento de la roca, alrededor de 36 familias en la colonia La Cantera, en Tlalnepantla, fueron notificadas por Protección Civil de que se encontraban en riesgo y debían desalojar sus viviendas; sin embargo, decidieron continuar ahí, a pesar de que las intensas lluvias de la temporada provocaron deslaves que dañaron viviendas por el desprendimiento de rocas de grandes dimensiones que impactaron al menos tres casas, destruyendo una barda y afectando un cuarto en la calle Cerrada Cantera.
Protección Civil y Bomberos, con apoyo de la Guardia Nacional, realizaron en esa fecha trabajos de remoción y desbaste de las rocas para reducir el peligro, situación que calificó el personal de PC como un problema crónico, ya que los residentes mencionaron que un incidente similar ocurrió tres años antes, aumentando la preocupación por la falta de una solución estructural permanente.
En la zona de la cantera, vecinas como Elva Vázquez destacan que el ruido que a diario tienen es por el paso del tren, pero en esa ocasión, cuando se desprendieron las piedras, pensó que había sido la locomotora; sin embargo, vieron el mucho polvo que salía del fondo, al lado del cerro. Por suerte, la piedra no cayó sobre ninguna vivienda.
“Como ve, el miedo es por los vecinos, los que están más pegados al cerro. Es muy feo vivir cerca del cerro, pero llevamos más de 45 años aquí y nunca nos habían caído rocas del cielo”, dijo la mujer.
En este mismo municipio, a unos 10 kilómetros al oriente, se encuentra el cerro del Chiquihuite, el cual, el 10 de septiembre de 2021, registró el desprendimiento de decenas de rocas de 200 a 300 toneladas de peso, las cuales derribaron cuatro viviendas; en una de ellas fallecieron una joven madre y sus dos hijos, y en otra, una estudiante de la UNAM.
Derivado de eso, se delimitaron las zonas de riesgo en cinco polígonos, según Protección Civil, que en ese año de 2021 pidió el desalojo de 220 familias. A los afectados se les dotó de una vivienda en condominios que el gobierno de México construyó frente al deportivo Caracoles, en la colonia Jorge Jiménez Cantú.
Uno de los primeros beneficiarios de las viviendas fue Jorge Mendoza, quien era padre de Mía y Dilan, y esposo de Paola Daniela, fallecidos en el deslave de la Segunda Sección de la Lázaro Cárdenas ese trágico viernes 10 de septiembre de 2021.
Pero el problema está lejos de desaparecer: de las más de 200 viviendas desalojadas, en la actualidad algunas fueron tomadas por migrantes de diferentes nacionalidades, otras por personas que no tienen ninguna relación con los dueños originales y otras los propietarios aún las mantienen en su dominio.
Solo unas diez viviendas que se encuentran en el lugar, denominado la zona cero, y que tienen daño estructural considerable, se encuentran deshabitadas y con decreto expropiatorio para evitar que sean reutilizadas.
De acuerdo con la dependencia municipal, hasta el año anterior, luego del desprendimiento en el cerro del Tenayo, se tenían localizados 32 puntos de riesgo por deslaves o desprendimientos de rocas; en muchos de ellos se han realizado labores de fragmentación, como en Ejido de Santa Cecilia.
¿Cómo se puede mitigar el riesgo en la zona?
El lunes 9 de marzo, el equipo de Análisis de Riesgos de Protección Civil Municipal intervino ante el desprendimiento de una roca volcánica que representaba un peligro para habitantes de la colonia Ex Ejidos de Santa Cecilia, en Tlalnepantla, donde el personal realizó labores de fragmentación y retiro del material con el fin de prevenir cualquier incidente en la zona.
Así como se realizó ese trabajo de fragmentación de un macizo rocoso, se realizaron labores de derribo controlado en el cerro de El Tenayo y en el cerro del Chiquihuite, donde meses antes del desprendimiento del 10 de septiembre de 2021 se derribó de manera controlada una roca enorme denominada La Muela, que estaba en riesgo de caer.
El caso de Naucalpan: desprendimientos y materiales rocosos
En este municipio, en agosto de 2025 se registró el desprendimiento de unas 14 toneladas de material rocoso en la Tercera Sección de la colonia La Cantera, en el pueblo de San Lorenzo Totolinga, en Naucalpan; se trató de un talud de unos 15 metros de altura que afectó cuatro viviendas. Los vecinos ya habían pedido ayuda desde semanas antes, al notar que unas grietas se abrían cada vez más.
La madrugada del día 11, en la Primera Cerrada del paraje de La Cantera, que se ubica entre La Raquelito y La Cañada, pueblo de San Lorenzo Totolinga, se registró el desprendimiento de unas 20 toneladas de rocas de diferentes tamaños que derribaron las escaleras de concreto de una vivienda y, por fortuna, fueron contenidas por los cimientos de las casas.
En la casa que en esa fecha resultó más afectada, donde vive Nancy, una joven emprendedora dedicada a la venta de zapatos y ropa por catálogo para empresas de multinivel, explicó que, a casi un año del desprendimiento de las piedras de cantera, no ha acudido al lugar el personal de Protección Civil para estabilizar la zona, ya que en la parte alta hay casas en riesgo de colapso.
De acuerdo con los vecinos, desde un mes antes, en julio, ya habían avisado a Protección Civil que había riesgo de desprendimiento, y en agosto se desprendieron y cayeron a la parte baja más de 20 toneladas de rocas.
Nancy, la joven de 27 años, residente de la casa que en esa fecha resultó más dañada de la Primera Cerrada de Las Canteras, dijo: “Sí, claro que tenemos miedo, pero yo he vivido aquí toda mi vida, mis papás llegaron a este sitio desde hace más de 40 años; te acostumbras al miedo”.
Al igual que la familia de Nancy, en las otras calles, en la Segunda y Tercera Cerradas de Cantera, en Naucalpan viven unas 60 familias, todas con los mismos riesgos al tener sus casas al pie del cerro, donde se aprecian taludes de entre 15 y 20 metros de altura.
De acuerdo con Protección Civil de Naucalpan, no es el único sitio donde se tienen los mismos riesgos de desprendimiento o deslaves, ya que desde 2024 se informó que tenían detectados 18 sitios de riesgo en esas situaciones, los cuales se deben atender de manera preventiva antes de la llegada de las lluvias que humedecen los suelos y aumentan los riesgos de desprendimiento y desplazamiento de suelos.
Acciones de prevención ante desprendimiento de rocas
Protección Civil estatal, a su vez, realiza acciones de prevención y monitoreo constante de laderas, taludes y zonas de riesgo, especialmente en lugares como el cerro del Chiquihuite, donde han trabajado en la instalación de redes, mallas y barreras para detener o desviar rocas.
Realizan el retiro controlado de rocas y la mejora del drenaje para evitar la saturación del terreno. Las autoridades de Protección Civil piden que, en temporada de lluvias, las personas eviten acercarse a zonas de riesgo, evacúen si se detectan grietas y se mantengan alejadas de taludes verticales.
En caso de desprendimiento o deslave, recomiendan alejarse inmediatamente del área, ya que pueden ocurrir desprendimientos secundarios. Indican no regresar por objetos personales si ante la emergencia se abandonó el vehículo o la casa, y finalmente piden reportar la situación de inmediato.
