Paraíso huele a chapopote y la colonia Petrolera a fierro y amoníaco. Pero el problema en las casas no es tan grave; la peste está en los salones de clase de la escuela primaria Abías Domínguez y en el jardín de niños Agustín Melgar. Ambos comparten barda con la refinería Olmeca de Dos Bocas.
La inundación e incendio de este martes en la barda perimetral de la refinería de Petróleos Mexicanos (Pemex) —que dejó un saldo de cinco personas muertas—, le dio la razón a los padres de familia, que desde hace cuatro años han cuestionado la viabilidad de tener sus escuelas a menos de 200 metros de una de sus chimeneas.
Hoy es imposible ver los residuos del fuego; todo quedó dentro de este búnker custodiado por autoridades federales. En las inmediaciones, apenas se perciben manchas de aceite sobre el suelo que se diluyen con los charcos de la lluvia. Pero basta recorrer el barrio para sentir el picor en ojos y garganta.
Ni lunes ni martes hubo clases. El peligro inminente ya pasó, pero el olor persiste en las aulas, los pupitres, en sus canchas de futbol.
Riesgos para la comunidad escolar
Eduardo, padre de familia y habitante de La Petrolera, recuerda —en entrevista para MILENIO— el estruendo del lunes:
“Ayer no se soportaba el olor, el humo... se escuchó el boom que algo explotó y luego luego el olor a gas y a humo”.
Karen, madre de dos niños y también vecina, advierte de la nula información de las autoridades para con ellos, toda vez que nadie acudió a decirles si era seguro regresar a los salones.
Ahora es la incertidumbre la que dicta el nuevo calendario escolar.
“Hoy se supone que sí iba a haber clases, pero luego nos avisaron que no, que habían sido muy pocos niños y olía bastante a gas”, explica. El ruido y el aroma —agrega— se han vuelto una constante que nadie pidió.
Para Daniela, madre y abuela, “es un olor insoportable todo el día. Torno Largo, Ceiba, Carrizal, el Centro... las escuelas no tienen clases por el olor; en el salón se impregna mucho y suspendieron”.
El aroma que describe es químico y agresivo.
“Como fierro, como olor a thinner, amoníaco fuerte que arde la nariz”.
Buscan reubicación de los centros educativos
La exigencia se ha centrado en reubicar los planteles, una petición que no ha prosperado, pero que, tras el incidente del lunes, los padres esperan sea ahora atendida.
“La hemos pedido, pero no nos hacen caso”, advierte Daniela.
A pesar de que la presidenta Claudia Sheinbaum está al tanto, en el ámbito local la respuesta es desalentadora.
“Si queremos realmente quitarnos de aquí tenemos que buscar otra escuela, pero no es el caso. Muchos vamos a esta escuela porque está cerquita. La verdad es un peligro, pero ¿pues qué se puede hacer?”, cuestiona Karen.
La peste no solo se queda impregnada en los salones, también ha comenzado a dejar un estrago casi imperceptible para la salud de las familias de esta colonia de Paraíso, pero costoso para la economía familiar.
“Todos con dolor de cabeza, ese tipo de cosas”, advierte Karen.
Mientras tanto, Daniela describe cómo su hija se enfermó a raíz de que empezó la refinería:
“Padece para respirar, dolor de cabeza, dolor de estómago... y he gastado mucho dinero en el doctor y en medicamentos y dicen que no tiene nada. Pero yo sé, como su mamá yo la conozco”.
La exigencia de la comunidad choca con la pared de la burocracia.
“Nosotros queremos la reubicación de la escuela, la hemos pedido pero no nos hacen caso. Aquí en la Petrolera todas las casas huelen horrible, es un olor insoportable; vamos casa por casa y todos les van a decir lo mismo. Dicen que no afecta en nada... si explota adentro, pues explotamos todos”.
Aunque las escuelas más próximas se encuentran a tres kilómetros, la realidad —advierte Daniela— es que las familias deben esperar a que se liberen espacios en la matrícula.
“No hay cupo en las escuelas. La gente ya buscó y están llenas. Todos los papás nos movimos y ya nos dijeron que no hay cupo y que esperemos... y si sacamos a los niños, ¿a dónde nos los vamos a llevar?”.
La explosión y la incertidumbre alimentan el miedo de que este lugar se convierta, un día, en la Pompeya mexicana.
“Yo siempre he dicho: Paraíso no tiene un volcán, pero tiene una refinería”, sentencia Eduardo.
ksh