Hace 10 años, Pablo Perroni compró los derechos para producir en México Every Brilliant Thing, obra de Duncan Macmillan que sigue a un niño que, tras el intento de suicidio de su madre, quien vive con depresión crónica, comienza a hacer una lista de todo aquello por lo que vale la pena vivir. Este 2026, la obra llegó por primera vez a Broadway.
“Me emocionó mucho saber que se iba a presentar en Broadway; yo llevo 10 años haciéndola, así que me parece que se tardaron mucho. Ya había estado en Nueva York, off Broadway; me parece increíble”, dijo Perroni en entrevista con MILENIO.
A lo largo de una década, el actor y productor ha ido transformando el montaje para que el público siempre encuentre algo distinto: ha modificado la configuración del teatro e incluso los elementos de escenografía.
“Siento que he cambiado muchísimo, he madurado, ahora estoy muy enamorado y cuando estás muy enamorado ves las cosas de otra manera. Además, creo que tengo más conciencia de eso, de las palabras, de la historia que está contando”, reveló.
En paralelo a su personaje, esta obra lo ha acompañado en momentos importantes de su vida.
“Cuando empecé a hacerlo tenía 40 años, la hice durante todos mis 40 y ahora tengo 50. Entonces, definitivamente yo he evolucionado tanto como actor como ser humano. Esta obra me ha acompañado, al igual que al protagonista, por varias facetas de su vida, varios momentos, unos muy hermosos y otros no tanto, y es increíble poder regresar al texto una y otra vez y cómo me habla de diferente manera, y cómo le habla al público de diferente manera”, compartió.
En esta nueva versión, explica, la presencia de un espejo modifica la experiencia escénica y hace que el público esté más atento.
“El público como tal, al tener al de fondo a más público, se involucra más. La última era más íntima, esta creo que es más teatral. Sin embargo, es muy disfrutable. La verdad es que me atrevo a decir que es la que más me gusta”, aseguró.
Un ritual compartido con el público
Uno de los grandes diferenciadores de esta obra que se ha producido profesionalmente alrededor de 400 veces en 63 países, es la participación activa del público. En cada función, el actor elige a asistentes para interpretar personajes secundarios como su papá, una veterinaria o su pareja.
“Me encanta jugar con el público, ver qué va a suceder, la sorpresa de cada noche al escoger a ese elenco; a esas personas que me van a contar esta historia. Lo he dicho: hace como un año me di cuenta que realmente se siente como si estuviéramos constelando. El público realmente asume el personaje y se involucra en la historia, y eso hace que los demás espectadores sean parte de la obra y se crea un ritual muy bello. De por sí el teatro es eso, un ritual; en este caso hay una complicidad mucho más fuerte y más contundente al estar todos viviendo lo que estamos viviendo por primera y única vez”, remarcó.
Broadway y México, dos formas de conectar
En la versión de Broadway, en la que Daniel Radcliffe se presentará hasta el 24 de mayo, el actor conocido por dar vida a Harry Potter empieza a interactuar con la audiencia incluso antes de la tercera llamada, pues él y su equipo van entregando papelitos con las “cosas maravillosas” para que el público las lea durante la función. Esta dinámica dialoga con la versión mexicana, donde Perroni se aprendió todas las cosas mencionadas en la lista, respetando incluso su orden específico, generando así una conexión distinta, pero igual de íntima, con el público.
Al terminar una de sus funciones en Broadway, le platicamos a Daniel Radcliffe sobre el montaje en México y le preguntamos si podía autografiar un Playbill para Pablo Perroni. Se emocionó al escucharlo y comentó que le encantaría ver esta versión, pues es una obra que significa mucho para él.
A partir de ese intercambio, al preguntarle a Perroni qué le diría al actor británico si tuviera la oportunidad de hablar con él, el actor mexicano dijo que le interesaría más compartir experiencias.
“Es un viaje muy personal. Cada quien encuentra la manera de conectar. La obra está muy bien escrita y está hecha para que suceda. Yo creo que esa es la maravilla del teatro: cada quien imprime su esencia, su personalidad. Jamás le diría algo sobre cómo hacerlo. Pero sí me encantaría compartir anécdotas, eso estaría divertidísimo. Contarnos cosas extrañas que nos han pasado, que me imagino que, aunque llevo 10 años haciéndola, él al hacerla diario en una sala de miles de espectadores también debe tener anécdotas muy interesantes. Eso estaría bueno, el chisme estaría increíble”, finalizó Perroni.