Cultura

Soda y el avatar Stereo

Los paisajes invisibles

El regreso de Soda Stereo con una gira que incorpora un Cerati digital para recrear sus conciertos, genera debate sobre el uso de IA, la autenticidad del espectáculo y el futuro de la música en vivo.

Según Juan Morris, Gustavo Cerati era “fanático de los videos de sus fanáticos”. Cuenta que de vuelta en el hotel tras un concierto, abría la compu portátil. Chateaba en las redes y al mismo tiempo buscaba los clips que los internautas posteaban de la tocada para evaluar, desde la perspectiva del público a ras de tierra, tanto el sonido como la calidad visual del espectáculo. Las luces, las proyecciones de fondo, la energía de sus compañeros y su propio performance, a manera de “momento de contemplación disociativa antes de dormirse” (Cerati. La biografía, 2015). Por supuesto, la anécdota refiere la etapa de Cerati como solista pero si como dice Morris, más que ritual era una obsesión, entonces vale la pena imaginar qué pensaría de las presentaciones que lo que queda de Soda Stereo (Zeta Bosio y Charly Alberti) están dando con un Cerati resucitado por Inteligencia Artificial e imágenes de archivo.

​Soda Stereo es (o fue) la banda más poderosa de América Latina y del rock en español. Ningún grupo mexicano ni de España o de otra latitud del continente se ha tatuado en el alma de distintas generaciones ni ha plantado tantas rolas que sonorizan historias personales o colectivas, casi al mismo nivel de los Beatles. Quizá es por eso que en el concierto Ecos del 14 de abril en CDMX, el público fue más que indulgente al tolerar dos horas y minutos de retraso y enloquecer hasta las lágrimas con “Juegos de seducción”, “Nada personal”, “Ella usó mi cabeza como un revólver”, “En la ciudad de la furia” o “Persiana americana”, hits cuya potencia compensaron dos tipos de nostalgia. La de quienes vivimos el tiempo de los Soda y la de los que aun sin haber nacido, la perciben por retromanía: materializado por el holograma de Cerati, el pasado no solo se recordó. Se vivió, consumió en presente, aunque a mí me dejó perplejo pues lo que sucedió en el escenario fue una mezcla de realidad virtual, video, playback, 3D (con gafas que repartieron en la entrada) y recursos digitales respaldados por el bajo de Zeta y los tambores de Alberti pero que no alcanzó a generar una experiencia inmersiva satisfactoria y al final de la tocada a punto estuve de pedir a gritos ¡Devuélvanme mi guita!

Sin embargo, no importa lo que yo piense y tampoco tengo claro el porcentaje a favor o en contra, a gusto o disgusto de los asistentes, pero el asunto es que esta especie de conciertos, híbridos, digamos, en los que la tecnología deja de ser soporte para ocupar un espacio clave (Cerati, ni más ni menos, no fue líder sino todo Soda Stereo) podrían evolucionar de tal modo que la experiencia de un concierto se transfigure radicalmente.

Y es que, en el futuro, el avatar del músico redivivo, el artista o una banda entera creados por IA pueden desplazar lo genuino, de carne y hueso, donde importará más la sensación de lo que presencia, aunque sea falsificado. En el imperio de la hiperrealidad probable, el espectáculo podría abarcar shows multisensoriales para los que no haya límites ni nada imposible en el mundo físico, como películas vividas. Conciertos bajo un script preciso, diseñado en computadoras y consolas de audio. El dilema será, entonces, si se quiere ver algo real o sentir algo real.

Antes de Gustavo Cerati, el holograma o proyección ya se había probado con Tupac Shakur, Abba y Michael Jackson, mas el concierto de Soda Stereo es el ensayo más ambicioso, “pionero” lo llaman algunos, que ha despertado diversas opiniones sobre el uso de la realidad virtual como antesala de una “nueva era”.

Sin embargo, detrás del interés por asistir a un concierto de esta naturaleza no está la curiosidad por mirar al avatar en el escenario sino el anhelo de escuchar de nuevo y en directo, las canciones inmortales de una banda que, al menos en esta gira, se presenta con su líder vuelto inmortal. Y es que, desde la primavera de 1983, como señala Sergio Marchi, se evidenció “una habilidad de Soda: transformar en éxito un rotundo fracaso” (Algún tiempo atrás. La vida de Gustavo Cerati, 2023).

AQ / MCB

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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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