Cultura

La habitación deforme: identidad y horror corporal en el cine

Los paisajes invisibles

Tres directoras encuentran en el horror corporal una forma de abordar la identidad, a partir de cuerpos deformados, enfermos y cada vez más difíciles de habitar.

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El cuerpo no es una zona de confort sino un territorio hostil. No es una estancia divertida ni su vista es la de un paisaje grato, hay quienes preferirían ser vampiros para que el espejo no les devuelva su apariencia. El cuerpo, el propio, generalmente es motivo de disgusto: las mutaciones son irremediables, el tiempo lo destruye todo; la enfermedad está siempre al acecho; la mutilación es una posibilidad aterradora, ya no hablemos de la pérdida de control de una o varias partes de ese frágil transporte del espíritu.

El cuerpo conlleva obsesión porque su esencia es el sufrimiento. Solo estimamos su estructura e importancia en el dolor. La deformidad se ha vuelto una expresión perenne del disgusto real o imaginario en la sociedad que pondera al narcisismo, nadie está plenamente satisfecho pues la perfección es imposible. Por tanto, hay que lidiar con los defectos sean evidentes o discretos: la dismorfofobia, ese trastorno que provoca ansiedad, miedo, ira, frustración, desasosiego y locura, es el eje del horror corporal que directoras como Julia Ducornau (Raw, 2016; Titane, 202; Alpha, 2025), Coralie Fargeat (La sustancia, 2024) y Natalie Erika James (Insaciable, 2026), exploran a partir del paralelo perceptivo de sus personajes.

Y es que, contrario al horror sci–fi o sobrenatural, digamos, de John Carpenter en La Cosa (1982) o de David Cronenberg con La mosca (1986), Videodromo (1983), Crash (1996) y Crímenes del futuro (2022), en que los estropicios corporales devienen de agentes maliciosos o a resultas de experimentos o prácticas irresponsables, la propuesta de estas cineastas plantea una cuestión más íntima: la experiencia dentro del vehículo o la habitación que el ser está impedido de cambiar, de abandonar, un espacio que demanda más de lo que otorga a sus infortunadas residentes.

Con mayor o menor agudeza, efectividad o astucia estética y narrativa, Ducornau, Fargeat y James coinciden en las calamidades orgánicas que desencadenan pesadillas extremas, sea el apetito incontrolable como metáfora de canibalismo y autofagia, las máculas cutáneas que exhiben al engendro, los síntomas psicológicos de la insatisfacción como el prurito y la dermatitis, la fisonomía marchita o la complexión voluminosa que urge ser intervenida para remediar lo grotesco. Sus personajes, aunque provocadoras o aguerridas, no son indiferentes a la fragilidad del cuerpo como ente perceptible, símbolo de identidad.

Voltaire comienza así el último apartado de la letra C de su Diccionario filosófico: “Del mismo modo que no sabemos lo que es un espíritu, ignoramos lo que es un cuerpo: vemos algunas propiedades. ¿Pero cuál es ese sujeto en el que residen estas propiedades? No existen unos cuerpos, decían Demócrito y Epicúreo; no existen los cuerpos, decían los discípulos de Zenón de Enea”. Voltaire recurre a esos ejemplos para discutir las ideas del obispo de Cloyne, George Berkeley, que argumentaba que el cuerpo no es tangible en su solidez o su extensión sino como producto de la percepción (esse est percipi), signos que traduce el ser que mora en ese empaque. Para Voltaire, la concepción empírica de Berkeley albergaba una paradoja, pues al supeditar lo tangible al pensamiento, el mundo material podía ser desplazado por un mundo estrictamente intelectual, en el que las cosas perderían su concreción al no ser parte del sujeto que percibe, sea un color, un sonido o un olor. Como ejemplos, Voltaire mencionó una tela, una melodía, una rosa. Si el cuerpo es real solo si se advierte, lo que desaparece, digamos, al cerrar los ojos o taparnos los oídos o dejar de respirar podría no existir, pero lo que sentimos en la piel que nos envuelve siempre está presente. Y es ahí donde se aloja el monstruo.

AQ / MCB

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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