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  • “Yo me voy pa’ San Francisco”: Los Tigres del Norte cantan para los latinos sin miedo al ICE

La aclamada agrupación abarrotó el Chase Center en la ciudad demócrata que ha resistido la política migratoria del gobierno de Donald Trump | Milenio

Miles de latinos llenan un estadio de San Francisco para ver a Los Tigres del Norte. En una ciudad progresista, el concierto es una radiografía cultural del México que vive dentro de Estados Unidos.

DOMINGA.– Cuando era niño y escuchaba el final de “Contrabando y traición”, imaginaba que San Francisco debía ser una ciudad como Torreón, Coahuila. En ese corrido de Los Tigres del Norte, Emilio le dice a Camelia que mejor se va para allá con “la dueña de su vida”. Recuerdo que me imaginaba ese lugar como el norte que yo conocía: hombres con sombrero vaquero, jeans rectos –quizás ajustados– y botas texanas de puntera cuadrada y tacón inclinado, diseñadas para usarlas durante horas.

En el Torreón de mediados de los años ochenta, las botas vaqueras solían ser una especie de marcapasos prêt-à-porter. Con ellas corrías, bailabas, ibas por las sodas a la tiendita, a la escuela o a un partido de la Unión Laguna en el estadio Revolución de béisbol. Calzar tenis parecía cosa de las grandes ciudades. Sólo las estrellas de las telenovelas de las siete de la tarde las usaban.

Cuarenta años después, descubro que San Francisco es una ciudad opuesta a la desértica planicie de Torreón. Empezando por sus colinas pronunciadas hasta el punto de destruirte la espalda baja. Atiborrada de casas victorianas, consultorios psíquicos donde te calibran los chakras, gente durmiendo en las calles y banderas del arcoíris en casi todas las ventanas. Hay hombres con pantalones de mezclilla ajustados, sí, pero con las nalgas peludas al aire.

Celebración del Pride en San Francisco.
Los paisajes progresistas de San Francisco contrastan con los descritos en las canciones de Los Tigres del Norte | Shutterstock


No obstante, la noche del 20 de febrero de 2026, en la explanada frente al Chase Center, al este de San Francisco, la materialización de mi visión infantil ocurría ante mis ojos: cientos de hombres portando glamurosos sombreros de distintos materiales, colores y tamaños. El atuendo incluía camisas planchadas con minucioso esmero, abotonadas a la mitad, dejando a la vista torsos masculinos que desprendían fuertes aromas de colonias y perfumes picosos. Y por supuesto: las botas texanas. Indispensables en una noche como ésta. Mira, le dije a Jim, cómo me prenden esos cabrones sombrerudos.

Como parte de su gira La Lotería, Los Tigres del Norte hacían una parada en San Francisco, California, a tan sólo una hora en coche de San José, la ciudad que los vio convertirse en ciudadanos estadounidenses, después de haberse mudado de su natal Mocorito, Sinaloa, en la década de los sesenta. Sí, podemos decir que la icónica banda de música norteña que elevó el corrido a niveles de alta cultura pop es técnicamente gringa.

Lo cual no ha sido impedimento alguno para que, con sus historias de quienes cruzan con o sin documentos la frontera del río Bravo, humanicen y dignifiquen, a su manera, el fenómeno de la migración latina en Estados Unidos. Si tomamos en cuenta que San José forma parte del Área de la Bahía, para muchos fanáticos de la zona Los Tigres del Norte son oriundos de San Francisco.

Nombran calle de Brooklyn en honor a Los Tigres del Norte
La influencia de Los Tigres del Norte en Estados Unidos los llevó a tener una calle con su nombre en Brooklyn | Especial


​Semanas antes el alcalde demócrata Daniel Lurie entregó a la banda las llaves de la ciudad en una ceremonia emocionante en la explanada del City Hall, en las mismas escalinatas donde el activista Harvey Milk pronunció por primera vez su discurso a favor de los derechos de los homosexuales, hoy extendido a LGBT+.

Los Tigres del Norte han inspirado a miles de personas en San Francisco y a millones en todo el mundo. A través de su música y narración, han dado voz a nuestras comunidades de inmigrantes y han unido a las personas mediante tradiciones y culturas compartidas. Estoy orgulloso de proclamar el 9 de febrero como el Día de Los Tigres del Norte en San Francisco y emocionado de que traigan su música a nuestra ciudad a finales de este mes”, declaró Lurie, en una sutil estrategia que dejaba clara su posición frente al acalorado tema de la inmigración en Estados Unidos.

En medio de un chacaleo de cámaras y micrófonos, Hernán Hernández, el Tigres más carismático, mostró su apoyo a la recién declarada huelga de maestros de San Francisco, de nivel primaria y secundaria en los que la enseñanza del español es parte de la formación. Entre las exigencias de los maestros se encuentra un ajuste a los salarios que permita pagar el alquiler que en San Francisco ronda los 4 mil dólares, algo así como 70 mil pesos mexicanos.

Los Tigres del Norte llenó de latinos el Arena de los Warriors

El estadio es hogar de los Warriors de la NBA
Puertas de seguridad en el estadio Chase Center de San Francisco | Shutterstock


Muy pocos llegaban al Chase Center en transporte público, aun cuando era la opción más práctica y barata, ya que la estación del tranvía local, Muni, se ubica justo enfrente del famoso centro de espectáculos que también es la casa de los Warriors, el equipo local de básquetbol que hace un par de años levantó el trofeo de la NBA.

La mayoría descendía de unidades de taxi por aplicación. Especialmente camionetas SUV que parecían salidas de algún capítulo de El Señor de los Cielos, la telenovela de Telemundo. De ellas descendían familias completas, padres, madres, hijos adolescentes, nietos, abuelas con elegantes suéteres de cárdigan bordados de flores y anteojos de nácar.

Jim y yo debíamos ser los únicos muchachos con sombreros hípsters. Y Jim, el único gringo. Aunque una señora que caminaba a nuestro lado, que había alcanzado a escucharnos, se apresuró a contestarnos: “Por supuesto que no eres el único gringo; también están los gringos de seguridad”, dijo en un español bromista. Al menos esta noche, en la explanada del Chase Center, el español era el idioma oficial.

Algunas mujeres también portaban variaciones de sombreros vaqueros, en distintos tonos de rosa, con incrustaciones de chaquira brillante que se repetían en las pestañas y las uñas postizas.

La mitad de los asistentes o más ya estaban pedos antes de cruzar el arco de seguridad que detecta metales, hebillas o armas. Muchos, como el grupo de amigos detrás de nosotros, intentaban beberse el espumoso contenido de dos botellas de Blue Moon, la cerveza de trigo que se ha puesto de moda acá en el Área de la Bahía, una por cada mano. Bromeaban pesado, se daban zapes entre sonrisas, se daban de nalgadas; cuando alguno se distraía, no faltaba quien le empujaba la nuca hacia abajo, el clásico amago de “bajarse por los chescos”.

“No empieces con tus joterías”, decían. Luego se abrazaban por las espaldas sin besarse, según su estricto código de afecto macho heterosexual en una ciudad donde los hombres se bajan por los chescos en cualquier rincón.

Agentes de la Patrulla Fronteriza de EU realizaron esta semana una redada nocturna en un edificio de apartamentos en Chicago.
Redada a gran escala del ICE en Chicago, llega a suburbios y zonas residenciales | Reuters


O se comportan o ahora mismo le marco al ICE para que escarmienten y se estén quietos”, dijo la madre con su cabello corto teñido a sus hijos treintañeros, con los ojos rojos de tanto alcohol.

Bromear con los arrestos y deportaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, ICE, se ha convertido en parte del slang dentro de la comunidad latina, pero sobre todo mexicana en el Área de la Bahía, compuesta por San Francisco, Alameda, Santa Clara, Napa, Sonoma y Marin, donde por el momento las detenciones se cuentan por docenas, en comparación con los casi 700 arrestos diarios en lo que va de la actual administración, de acuerdo con el Departamento de Seguridad Nacional.

A principios de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum declaraba que México ha recibido a 150 mil paisanos en lo que va de la administración de Donald Trump. De acuerdo con la organización Freedom for Immigrants, de los casi 73 mil inmigrantes que actualmente se encuentran detenidos, 63% son mexicanos en espera de alguna resolución o de ser deportados. Aunque la misma organización aclara que las cifras no son exactas y sí muy contradictorias dentro del propio ICE.


Exceptuando el arresto de una niñera de más de 60 años que fue detenida mientras estacionaba su auto frente a la casa de sus patrones en el barrio de Diamond Heights, San Francisco se ha mantenido como una burbuja de progresismo que ha dejado al margen las redadas. Al menos por ahora. La niñera estuvo retenida durante ocho horas, pero, según organizaciones que luchan por los derechos de los inmigrantes en San Francisco, ya fue liberada y se encuentra en buen estado.

Las fábulas de quienes aprenden matemáticas contando costales de cocaína

La popular agrupación se presentó en el Chase Center.
Los Tigres del Norte tienen su propio día oficial en San Francisco | Jim Soos


De vuelta a la fila del Chase Center, los asistentes arrojaron las botellas a gigantescos botes de basura y cruzaron el filtro de seguridad. Corrimos a las filas del bar para comprar las cheves necesarias. El concierto estaba a punto de empezar. Frente a nosotros, una pareja sufría un ataque eléctrico de ansiedad por la emoción que le provocaba ver a Los Tigres del Norte.

Lalo y Ana compraron más de un six de shots de tequila para ellos dos. Venían desde San José, donde se encuentra el restaurante de comida mexicana-vietnamita del que los cantantes eran dueños. “Empezamos trabajando en ese restaurante casi al mismo tiempo que los Tigres se convertían en famosas estrellas del espectáculo, lavando platos y mesereando, y míranos ahora papá, se los compramos y somos los dueños”, contó Lalo, quien no nos dejó comprar nuestras cervezas hasta enseñarnos sus distintas fotos con los hermanos fundadores de los Tigres del Norte, Jorge y Hernán Hernández, quienes han sido testigos del progreso de su sueño americano. Nos dicen que son clientes frecuentes de su restaurante.


Compramos suficiente alcohol para no tener que volver a hacer fila y, sobre todo, pagar: 22 dólares por cada lata de cerveza Modelo de 24 onzas, unos 380 pesos mexicanos por cada una. Entendimos por qué la gente prefería empinarse todo el alcohol en la explanada antes de entrar a la arena.

El Chase Center es un edificio nuevo. Apenas inaugurado en 2019, es un domo de 84 mil metros cuadrados con capacidad para 19 mil 500 personas en conciertos. Y la noche del 20 de febrero no había un solo asiento vacío. Para cuando por fin encontramos nuestras sillas en lo que debía ser la cancha de los Warriors, los Tigres ya habían empezado a tocar, llevaban por lo menos cinco canciones.

En el escenario estaban los fundadores, los hermanos Raúl, Luis, Jorge y Hernán Hernández, con su legendario mechón gris, bigote cuadrado y esa voz de pujido masculino, aguda y profunda, que siempre me hace pensar en un par de compadres que se muerden los bigotes en una borrachera mientras se desean entre ellos en una cantina asfixiada por la homofobia de nuestra cultura latina. Por supuesto, también estaba el primo en la batería, Óscar Lara.

La agrupación abarrotó el estado de los Warriors en San Francisco
El concierto de Los Tigres del Norte en San Francisco fue un 'sold out' | Jim Soos


Luego del repertorio romántico, vino el momento más esperado: la secuencia de narcocorridos. Historias de fábula de hombres que aprenden matemáticas contando costales de cocaína, o aventuras y leyendas sobre narcotraficantes de buen corazón. Contadas y cantadas con heroísmo melodramático. El público, formado por una concentración de varias generaciones de mexicanos-americanos, desde los abuelos indocumentados (algunos ya naturalizados) hasta los nacidos aquí pero con apellidos latinos, cantaba los coros con un respetuoso entusiasmo. Tratando de entender de qué se trata el orgullo mexicano en una tierra donde el éxito medido con base en la capacidad de consumo es parte de la identidad.

Después de que la actual administración estadounidense retirara las visas de trabajo a cantantes y agrupaciones de norteño y regional mexicano con el argumento de la apología del delito (otra estrategia para asfixiar a los inmigrantes robándoles hasta el entretenimiento), Los Tigres del Norte es de las pocas bandas que puede darse el lujo de cantar narcocorridos sin el temor a ser expulsados.

“Todos esos que no quieren a los latinos,” dijeron los Tigres del Norte

El concierto tuvo una carga política en medio de las tensiones migratorias.
Los Tigres del Norte han retratado el fenómeno migratorio en sus canciones a lo largo de su trayectoria musical | Jim Soos


El discurso político empezó con la tercera parte, cuando dieron el arranque de “La reina del sur”, el tema que compusieron para la telenovela inspirada en la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte. Sin mencionarlo propiamente, Los Tigres comenzaron con un discurso sobre el valor de la mano de obra latina en un país como éste. Muchos abuchearon cuando, de manera muy discreta, los hermanos Hernández hicieron alguna referencia a “todos esos que no nos quieren”.

Lo cierto es que, en una ida al baño, junto a mí, un hombre con una gorra con la M de México diseñada por Los Diablos Rojos, el equipo chilango de béisbol, se lavaba las manos con un pin de MAGA, el acrónimo del lema político de campaña de Donald Trump, sujeto en la solapa de su saco brillante. Se le veía serio. ¿Cuántos de todos esos latinos habrán votado por Donald Trump?

Por supuesto, uno de los momentos más emotivos fue cuando interpretaron “La jaula de oro”. Junto a mí, el resto de la fila de asientos estaba ocupada en su totalidad por señoras con suéteres con lentejuelas que se secaban las lágrimas sin arruinarse el maquillaje. Y una de las últimas canciones fue “Contrabando y traición” o “Camelia la Texana”, para los que crecimos viendo la película de Arturo Martínez con la guapísima Ana Luisa Peluffo, encarnando a Camelia.

El Chase Center cimbró cuando el verso “Yo me voy pa’ San Francisco” retumbó en las bocinas.

Los Tigres del Norte
Los Tigres del Norte han marcado generaciones a través de su música | Ariel Ojeda / Milenio


Es difícil imaginar a un San Francisco tan heterosexual como el que se describe en “Contrabando y traición”, aun así los gritos laceraban sobre la piel con tanto sentimiento de exilio nostálgico.

La regresión a la infancia fue inevitable. Cuando nuestros padres se ponían a bailar o entonaban la letra con el pecho inflado, mientras cerraban los ojos. También nosotros repetíamos la letra. Imposible no aprenderla. Sonaba a toda hora y en todos lados. Aunque de morrillos la letra no nos hiciera mucho sentido.

En la tribuna, el personal de seguridad, compuesto por distintas razas, empezó a bailar entre sí, en una celebración de baile y banderas latinoamericanas. Me puse jamaicón. Me arrimé al Jim. Por suerte, aún sabía bailar las norteñas.


GSC/ATJ 

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Wenceslao Bruciaga
  • Wenceslao Bruciaga
  • Periodista. Autor de los libros 'Funerales de hombres raros', 'Un amigo para la orgía del fin del mundo' y recientemente 'Pornografía para piromaníacos'. Desde 2006 publica la columna 'El Nuevo Orden' en Milenio.
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