Ciencia y Salud

Por qué seguimos procrastinando en la adultez: claves para entender y vencer esta costumbre

Ya sea por desmotivación o porque “no es el momento adecuado”, los pretextos para postergar las responsabilidades tienen un trasfondo mucho más complejo y emocional.

La procrastinación  es mucho más compleja que una simple flojera de realizar los pendientes en el trabajo o ir al supermercado por la despensa de la semana. Y superarla no siempre depende de un sincero “¡Ahora sí le echo ganas!” o “¡Tú puedes!”; mucho menos durante la adultez.

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Que tu propósito en la vida está alineado con tu trabajo.
Vivimos en una sociedad enfocada al trabajo, ¿y el bienestar?

​Factores como la personalidad, los procesos cognitivos o el contexto —por mencionar algunos —influyen para que una persona “deje para más tarde lo que podría hacer ahora”. Pero cuando de personas adultas se trata, las causas son diferentes a las que se atraviesan en la adolescencia o infancia: la sobrecarga de roles, las responsabilidades importantes y los estándares interiorizados de éxito.

“Los procrastinadores frecuentemente sobreestiman la dificultad de la tarea, subestiman sus propias capacidades y recurren al pensamiento de todo o nada, socavando el inicio de la tarea”, señala un artículo de la Conferencia Científica y Teórica Internacional . “En la adultez, estos tratos interactúan con la vida diaria, las exigencias laborales y el estrés  acumulado, reforzando patrones procrastinadores si es que no se tratan”.

Por ello, destaca el escrito de Olena Hubert, es crucial el desarrollo de conciencia emocional y las habilidades de regulación, e incluso la intervención psicológica, para regular esta “costumbre” que pudiera afectar hasta al adulto más funcional de la oficina.

Procrastinar | Especial
La procrastinación en la adultez está influenciada por factores como el estrés o la carga laboral | Especial

¿Cómo superar la procrastinación en la adultez?

Los procesos motivacionales juegan un papel importante en la batalla contra la procrastinación. Específicamente, la motivación autónoma: aquella conformada por los intereses intrínsecos y la alineación de valores personales. Es decir, aquella que te hace actuar por voluntad propia y no por presiones externas o recompensas.

Guiarse por estas imposiciones o por el miedo a la evaluación o el juicio ajeno tiene un destino casi seguro: la procrastinación. “Los adultos que experimentan una falta de significado o de relevancia personal en sus actividades son más propensos a la postergación, ya que la tarea no logra activar los recursos motivacionales internos necesarios para un compromiso sostenido”, explica el artículo.

Otro secreto psicológico contra la procrastinación es la regulación emocional como la inteligencia emocional o la habilidad para adaptarse. Aquellas y aquellos adultos con estas cualidades tienen mayor tolerancia al malestar y son más propensos a mantener un comportamiento orientado a objetivos, pese a los efectos negativos.

Asimismo, se ha demostrado que la reestructuración cognitiva puede reducir la procrastinación crónica, pues implica desprenderse de conceptos como el perfeccionismo, el miedo al fracaso y las creencias irracionales sobre estándares de desempeño.

La autoeficacia (la creencia o confianza que alguien tiene en su propia capacidad para alcanzar una meta o superar los obstáculos) también es una herramienta clave contra la procrastinación, pues las personas con esta cualidad tienden a empezar tareas, persistir en las dificultades y recuperarse de los contratiempos. Contrario a ello, “quienes dudan de sus habilidades o anticipan el fracaso posponen las tareas como una forma de autoprotección”.

Finalmente, Olena Hubert habla del mindfulness y la autocompasión como recursos emergentes para erradicar la procrastinación en adultos. El primero por promover la conciencia de experiencias internas sin prejuicios, reduciendo las respuestas de evitación ante la incomodidad; mientras el segundo por actuar como amortiguador contra la autocrítica severa y la vergüenza asociadas con el retraso en la realización de tareas, facilitando una reincorporación más adaptativa a los objetivos.

“La procrastinación debería ser entendida no como una falla moral, sino como un patrón psicológico modificable con origen en las interacciones de los procesos emocionales, cognitivos y motivacionales”, sugiere la autora.
El perfeccionismo y el miedo al fracaso pueden llevar a una persona a procrastinar
El perfeccionismo y el miedo al fracaso pueden llevar a una persona a procrastinar | Freepik

Los siete tipos de procrastinación

Las causas pueden ser tan diversas como las mismas personas. Sin embargo, los autores G.E. Liviant y G.A. Petrusevich identificaron siete estilos de procrastinación, “cada una con sus características particulares y causas subyacentes”.

1. Procrastinación por excitación: 

una persona retrasa el inicio de una tarea hasta el último minuto porque cree que rinde mejor bajo presión. Este tipo de procrastinación suele estar asociada al deseo de emoción y estimulación, y quienes la experimentan pueden sentirse motivados por la descarga de adrenalina que experimentan al trabajar contrarreloj.



2. Procrastinación por evitación: 

una persona pospone tareas que percibe como desagradables, incómodas o aburridas. Está relacionada con el miedo al fracaso o a la evaluación negativa, y quienes la padecen pueden sentir ansiedad ante la posibilidad de ser juzgados con dureza o criticados por su trabajo.



3. Procrastinación decisional: 

donde una persona retrasa la toma de decisiones o elecciones, usualmente por la dificultad para tomar decisiones o el miedo a equivocarse. Aquí las personas pueden sentirse abrumadas por la cantidad de opciones disponibles o dudar en comprometerse con un curso de acción.



4. Perfeccionismo: ocurre cuando las personas posponen las tareas hasta que sienten que pueden hacerlas a la perfección. Esto debido a que suelen fijarse en estándares imposibles y, por ende, pueden no estar dispuestas a conformarse con nada que no sea la perfección o sentir que no están listas para comenzar una tarea hasta que cuenten con toda la información, las habilidades o los recursos necesarios para completarla a la perfección.

La procrastinación nace por distintas razones: miedo al fracaso, actividades no agradables o falta de confianza
La procrastinación nace por distintas razones: miedo al fracaso, actividades no agradables o falta de confianza | Freepik

5. El miedo al fracaso puede ser particularmente problemático para las personas que sufren de ansiedad o baja autoestima. Por ello, evitan tareas para eludir la posibilidad de fracasar bajo la hipótesis de que esa posibilidad repercutirá negativamente en sus habilidades o carácter.

6. En priorización de tareas, como su nombre lo refiere, las personas sobreponen las menos importantes sobre las más urgentes. Tienen origen en la falta de motivación o la dificultad para priorizar las tareas de forma eficaz.

7. Finalmente, la evasión creativa se produce cuando utilizan excusas originales para evitar tareas. Por ejemplo, una persona puede convencerse de que no puede trabajar en una tarea hasta que haya reorganizado su espacio de trabajo, o de que no puede empezar un proyecto hasta que haya completado primero una tarea no relacionada.

Este tipo de procrastinación puede ser particularmente difícil de superar, ya que a menudo implica hábitos o creencias profundamente arraigados que pueden ser difíciles de cambiar.

ASG

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Alejandra Sigala
  • Alejandra Sigala
  • Egresada de la UNAM. Te explico las tendencias en redes sociales y los temas que despiertan tu curiosidad en el día a día. Escucho, amo y a veces escribo sobre K-Pop. Me encanta bailar y los gatos.
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