Al menos 5 de cada 10 personas en México se enfrenta a problemas para poder dormir, como asegura una investigación encabezada por investigadores del Centro de Investigación en Nutrición y Salud y de la Clínica de Sueño, del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias Ismael Cosío Villegas. Aunque persiste la idea de que se trata de un problema normal, e incluso lo esperable al envejecer, las investigaciones recientes demuestran lo contrario: el paso del tiempo no es sinónimo de empeoramiento en la salud del sueño.
“El envejecimiento no implica que tu sueño se vuelva peor por sí solo. En muchas personas mayores pasa, pero no es por la edad, es por la forma cómo has vivido”, comparte Aarón Salinas Rodríguez, investigador en Ciencias Médicas del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) cuyo trabajo se ha enfocado en envejecimiento, salud poblacional, calidad de vida y funcionalidad física en adultos mayores.
¿Cuáles son las principales razones que interrumpen el sueño?
Independientemente de la edad, el buen dormir es uno de los retos principales para el cuidado integral de la salud, sin embargo, es también el más ignorado. Ni siquiera es una prioridad para el sistema de salud mexicano: para atender la salud del sueño, la mayoría tiene que acudir a servicios de tercer nivel.
“Está totalmente subestimado, desatendido y debería ser una prioridad”, enfatiza el Dr. Salinas durante una entrevista en la que agrega: cerca de la mitad de la población experimenta trastornos del sueño, pero la gran mayoría no cuenta con un diagnóstico adecuado.
En 2024 el investigador del INSP estuvo a cargo de un estudio en el que participaron 2 mil 722 adultos de 50 años o más, quienes respondieron sobre la duración y calidad de su sueño. Descubrieron que entre 40 y 70% de ellos presentaba problemas crónicos; las trabas más comunes reportadas por los participantes para alcanzar el descanso fueron:
- Dolor
- Ganas de ir al baño por la noche
- Insomnio
- Apnea del sueño
- Somnolencia diurna
También se registraron (aunque en menor medida) casos de síndrome de piernas inquietas y de trastorno de conducta del sueño desincronizado, un comportamiento inusual en la que la persona representa físicamente sus sueños y que a menudo se presenta de forma violenta.
Por si fuera poco, a estos factores se suman aquellos que interrumpen el sueño al envejecer, lo que aumenta los riesgos a la salud. La buena noticia es que son modificables. Entre ellos destacan:
El estrés y ansiedad
Diversos estudios y encuestas de largo alcance han encontrado un vínculo entre la salud mental y el mal dormir. Una investigación dirigida por la Asociación Estadounidense de Psicología reportó que los adultos con altos niveles de estrés son más propensos a afirmar que no descansan lo suficiente porque su mente no deja de pensar (49 por ciento frente al 10 por ciento de los adultos con bajos niveles de estrés).
“Cuando la persona está sometida a mucho estrés o mucha ansiedad les cuesta trabajo conciliar el sueño, arrancar el sueño. Es decir, no solo los despierta, sino que también les cuesta mucho quedarse dormidos. Al respecto el también maestro en ciencias de la salud detalla: lo normal es que este proceso tome entre media hora y 40 minutos.
Aunque para los adultos jóvenes el estrés y la ansiedad derivan del trabajo o las cuentas por pagar, Aarón ha notado que en los adultos mayores ambos estados suelen estar vinculados a las emociones y violencia que experimentan.
“Yo te podría decir que en México aproximadamente el 20% de adultos mayores han sufrido de violencia, maltrato o abandono”, detalla.
Por otro lado, en estudios a corto plazo se ha demostrado que la privación del sueño reduce la capacidad de controlar las emociones. Los hallazgos también concuerdan en que existe un vínculo bidireccional entre descansar y la salud mental: las personas con insomnio tienen 10 veces más probabilidades de sufrir depresión y 17 veces más riesgo de experimentar ansiedad.
Uso de alcohol o tabaco
Una de las peores prácticas para alcanzar el descanso es tomar alcohol. Aún así, durante su investigación, Salinas Rodríguez notó que se trata de una práctica común entre los adultos mayores, pues creen que beber unas copas antes de dormir les permite descansar mejor.
“Está comprobadísimo que cualquier alcohol antes de dormir te va a alterar el sueño. Entonces, la segunda causa de interrupción del sueño en personas mayores es el uso de sustancias y particularmente alcohol, aunque el tabaco también tiene un papel importante”
Procesar este tipo de sustancias requiere de esfuerzo, por lo que el organismo gasta mayor energía y el sueño se fragmenta, interrumpiendo un periodo clave: la fase REM, esencial para que el cuerpo descanse.
Por otro lado, las investigaciones concuerdan en que tanto el alcohol como el tabaco pueden empeorar condiciones preexistentes, como la apnea del sueño, ronquidos, insomnio, sueños vívidos, pesadillas y sonambulismo.
Pantallas luminosas
La tercera causa más común detrás de las interrupciones de sueño son las pantallas luminosas, ya que alteran el ciclo circadiano, encargado de indicar al cuerpo cuando es hora de despertar o de dormir.
“Si nuestra retina sigue captando luz el cerebro no genera una sustancia conocida como melatonina, que da la sensación de sueño. Ver la pantalla del celular, la tableta o la televisión hace que tu sueño se retrase, que tu cerebro se active y entonces es mucho más probable que te estés despertando en la noche”, detalla el especialista.
Uno de los estudios más amplios al respecto publicado en JAMA Network — y en que participaron 122 mil 058 personas— concluyó que “el uso diario de pantallas se asoció con horarios de sueño más tardíos y aproximadamente 50 minutos menos de sueño por semana”.
Medicamentos y drogas
Los psicotrópicos, es decir, sustancias de origen químico o natural que actúan en el sistema nervioso, suelen causar trastornos del sueño, especialmente, en el grupo de 50 años en adelante.
Este tipo de sustancias, que incluyen calmantes, sedantes y tratamientos para el estrés, depresión o ansiedad, pueden derivar en insomnio, somnolencia diurna excesiva y supresión de la fase REM impidiendo un sueño profundo y reparador.
Padecimientos crónicos
En edades avanzadas, padecimientos y enfermedades comienzan a hacerse latentes. Producto del desgaste o hábitos, las afecciones pueden generar un malestar capaz de robar el sueño.
“Por poner un ejemplo, si padeces dolor de espalda va a ser muy difícil que logres conciliar el sueño a menos que estés medicado para controlarlo”, detalló el especialista en una entrevista para la cápsula La vejez y el buen dormir, un videoreportaje a cargo del INSP.
¿Qué tan malo es no dormir bien?
Uno de los efectos más visibles de los problemas para conciliar el sueño es el mal humor, sin embargo, existen otros que pasan desapercibidos por años. Según la Secretaría de Salud, menos 7 u 8 horas de sueño afecta al metabolismo, al sistema inmunológico y al cardiovascular lo que, a largo plazo, se ve reflejado en el cuerpo.
Es por ello que dormir mal no se debería tomar a la ligera: además del Alzheimer, puede causar daño en diferentes órganos y aumentar el riesgo de enfermedades crónico degenerativas.
Según una revisión de 2021 en el Journal of Endocrinology dormir solo de cinco a seis horas duplica el riesgo de prediabetes y diabetes tipo 2. También hay una estrecha relación entre el reposo y el corazón: dormir menos de siete horas repercute en la presión arterial, según un análisis obtenido del seguimiento de más de 700 mil personas.
Un estudio reciente publicado en la revista eBioMedicine reportó que dormir mal puede acelerar el envejecimiento cerebral hasta un año. De acuerdo con los autores de la investigación, hay una asociación entre esta tendencia y el adelgazamiento de la corteza cerebral, atrofia cerebral y reducción del volumen del hipocampo.
En general, dormir bien no depende de los años, sino del estilo de vida que se llevó a lo largo de ellos. “Si fuiste una persona sana, activa, cuando llegue la vejez, vas a necesitar dormir el mismo tiempo que dormías en tu juventud. Por desgracia, la mayoría de las personas no envejecen bien”, lamenta el experto.
LHM