El miedo a la vejez (el cual es alimentado por los estereotipos y estigmas) nos hace aplazar o evitar conversaciones que son vitales ante el envejecimiento de nuestras madres, padres, abuelos u otro ser querido.
Por supuesto, al ser la última etapa de vida, es recomendable abordar temas difíciles como el testamento o si la persona prefiere ser enterrada o incinerada. Sin embargo, prepararse para la vejez no es sólo hablar de muerte o enfermedades, también es hablar de sabiduría, metas a corto plazo y voluntad anticipada.
“Son muchos puntos importantes que se deben de abordar, pero no lo hacemos”, dijo a MILENIO la gerontóloga, Liliana Zamorano. “Sólo decimos: ‘Cuídate porque te puede pasar eso’. Y cuando pasa, nunca se mencionó ni se habló”.
1. Hablar y promover el autocuidado
El envejecimiento ocurre todo el tiempo: desde el bebé con apenas unos minutos de nacido, hasta el adulto que recién llegó a sus 30’ s o quien ya rebasó la línea de los 50 años.
Cada una de esas etapas viene con cambios físicos, emocionales y psicológicos. Y aunque no aplica por igual, en la “era dorada” (o sea, la vejez) este proceso puede llegar con alteraciones morfofisiológicas que afectan a la vida diaria.
Por ello, es fundamental hablar del autocuidado. Es decir, todas esas actividades con las que promovemos y preservamos nuestro bienestar a lo largo de la vida; y las cuales son fundamentales para un envejecimiento favorable y saludable.
“Estas prácticas nos van a llevar a que tengamos hábitos saludables, un estado de salud y prevención buena”, explicó Zamorano. “Así tengamos 20, 30, 40, 50, 60 o 70 años, siempre debemos autocuidarnos para mejorar nuestra calidad de vida. (...) Todo lo que hagamos ahorita va a repercutir en el día de mañana”.
Algunas medidas de autocuidado para envejecer saludablemente pueden ser:
- Realizar actividades de fortalecimiento muscular dos o más veces por semana
- Evitar el consumo de alcohol; reducir la sal, y moderar las grasas, aceites y azúcares.
- Mantener una rutina de sueño con siete u ocho horas de descanso
- Procurar un ambiente cómodo y tranquilo para dormir
- Compartir los pensamiento y sentimientos con otras personas
- Pedir apoyo si la tristeza y el desánimo son constantes
- Realizar actividades agradables o placenteras
- Llamar, visitar y mantener contacto con familiares y amigos
2. Sus planes después de la jubilación
¿Sabes si tu padre o madre disfrutan hacer algo fuera del trabajo? ¿Tienen algún hobbie? ¿O tus abuelos tienen deseo de aprender una habilidad nueva?
Poner estas preguntas sobre la mesa puede prepararlos emocional y psicológicamente para enfrentar el fin de sus vidas laborales. O sea, cuando lleguen a la llamada “crisis de la jubilación”, la cual, sin un proyecto de vida, los hace más vulnerables a sentir angustia, ansiedad, estrés e incluso depresión.
“Cuando mis pacientes me dicen: ‘Como yo ya estoy viejita, ya no quiero hacer nada’. No. Yo les digo que sí se puede. (...) O cuando les pongo a planear metas a corto plazo y me comentan: ‘¿Pero cómo sé (qué voy a hacer)? Si ya casi me voy a morir’. Y les contesto: ‘¡No! Todavía le sobran muchos años.
(...) No por ser personas mayores tienen que limitarlos a crear, hacer y pensar lo que nosotros queramos. Ellos aún tienen mucho tiempo, conocimiento y sabiduría para poder seguir adelante y hacer cosas que los hagan felices y los satisfagan”, dijo Lorena.
La buena noticia es que ni siquiera es necesario que ese plan de vida sea demasiado complejo o innovador. Según explicó el psicólogo, Emiliano Villavicencio, puede ser cualquier actividad que dé sentido y propósito a la persona; siempre y cuando no se haga desde la resignación.
3. Voluntad anticipada
Uno de los temas sensibles y que muchas personas evaden (tanto familiares como el propio adulto mayor): saber qué va a pasar o cómo se actuará ante una enfermedad crónica, terminal o afectación a la autonomía e independencia. Por ejemplo, alguna parálisis, muerte cerebral o diagnóstico de Alzheimer.
“Son temas que muchas veces no se abordan ni se hablan por miedo. Piensan: ‘No hay que hablar de eso’ o ‘No quiero ni pensarlo’. (...) Muchas veces la gente no lo hace por miedo, también para evitar conflictos familiares”, dijo Zamorano.
Es importante señalar que la voluntad anticipada no prolonga ni acorta la vida, y tampoco es igual a la eutanasia. Más bien es un acto de respeto al momento natural de la muerte, en el cual la persona en etapa terminal o con una enfermedad incurable decide si someterse o no a tratamientos médicos para prolongar su vida.
En otras palabras, es poner sobre la mesa preguntas como: ¿Qué te gustaría que pasara contigo si llegas a tener una complicación médica?, ¿Hasta dónde te gustaría llegar en el hospital?, ¿Cómo quieres que actuemos ante una complicación médica? o ¿Si fuera necesario, considerarías donar tus órganos?.
4. Prepararse para las pérdidas comunes
La entrada a la vejez implica ser conscientes de que la persona también atravesará la muerte de su cónyuge, quizás hijos o incluso de amistades. Este último considerado como una de las pérdidas más intensas y recurrentes de esta etapa, debido al papel que las y los amigos tienen en la vida del adulto mayor.
“Cuando un par fallece, de inmediato el viejo se genera la pregunta: ‘¿Y a mí para cuándo?’. Entonces empieza a caer en un estado de aislamiento y depresión porque, en ese sentido, está esperando su propia muerte”, explicó el psicogerontólogo, Elizeth Altamirano López.
ASG