La vida adulta nos priva de seguir en contacto con esos amigos con los que juramos “estar siempre juntos” después de la universidad, preparatoria o la secundaria. Hacer nuevas amistades tampoco resulta tan sencillo por razones como la falta de confianza; de tiempo o incluso de dinero para disponer en las salidas.
Y aunque esto no significa que debamos resignarnos al aislamiento o a esperar dos años para reencontrarnos con las amigas y amigos del colegio, conocer nuevas personas cuesta trabajo y hasta podría ser incómodo. Pero siempre hay que “empezar desde el inicio”; y un artículo de Joel Abrams explica cómo darlo.
Involucrarse: compartir pasiones
En una entrevista con MILENIO, la psicóloga, Isela Guadalupe Román Tirado, explicó que las amistades en la adultez suelen ser más estables, pues “compartimos experiencias más significativas” (como la independencia, el primer trámite de “adulto” o los chismes del trabajo). Por eso es común que las personas tengan menos amigos o, de plano, decidan distanciarse de aquellos que ya aportan a su vida.
“Es normal verse poquito y hablarse poquito, pero cuando lo hacen, lo hacen bien. Al final no estamos priorizando la cantidad, sino la calidad del cuidado que podemos mantener con nuestras relaciones”.
Por ello, Abrams sugiere buscar a personas con intereses similares en grupos de actividades como running, acuarelas, clubs de lectura, baile, voluntariados, idiomas o cualquier otro pasatiempo. Compartir este tipo de pasiones, señaló Román, tiene el poder de conservar el vínculo entre dos jóvenes de secundaria hasta sus 30’s o 40's, “aunque no es para nada fácil”.
“Al principio se sostienen por los mismos contextos y después (se sostienen) por el hecho de que hayan gustos en común. (...) Cuidan ese espacio sabiendo y siendo muy conscientes de que, aunque sean pocos o muchos, valoran pasar tiempo con la otra persona que le interesa lo mismo”.
Dedicar tiempo suficiente
Se sabe que una amistad no surge “de la noche a la mañana”. Pero su éxito no recae únicamente en el tiempo, también en la comprensión, constancia, respeto y reciprocidad de las partes involucradas.
Y considerando que en la adultez el tiempo, energía y hasta dinero puede ser limitado, se recomienda empezar a cultivar la eventual amistad con diez minutos al día a través de mensajes de texto, compartiendo algún video gracioso, dejar una nota de voz o con una llamada. Lo que Román llamó como “actividades de conexión” —una de las tres claves para “mantener viva” una amistad—.
“Pueden ser muchas o pocas, pero tienen que ser importantes para las dos personas. (...) Aquí se procura esa calidad y esas actividades donde conecto con mi amistad”.
La fórmula de la amistad
- 1 Comunicación: permite conocernos y acercarnos a la otra mesona
- 2 Reciprocidad: equilibrio entre dos personas para que ambas se sientan vistas, escuchadas y valoradas”.
- 3 Responsabilidad afectiva: cuidar mis actos, respetar sus límites y evitar hacer algún daño.
Ser vulnerable
Una mala experiencia con una amistad afecta mucho más en la adultez que en la adolescencia o infancia. Especialmente si el motivo fue alguna traición o abuso de confianza, pues puede derivar en que la persona adopte una posición mucho más hermética con posibles nuevos amigos.
No obstante, la vulnerabilidad —entendiéndose como el hecho de escuchar y compartir aspectos personales de tu vida —es clave para hacer nuevos amigos o amigas. Aunque la idea tampoco es revelar nuestra historia de vida al primer momento, sino compartirla gradualmente a la vez que escuchamos a la otra parte, le prestamos atención y le planteamos preguntas para demostrar que sí nos importa lo que comparte.
Atreverse a dar “el primer paso”
Las amistades cambian según nuestras necesidades y contexto de vida; haciéndolas cada vez más difíciles de sostener y, con ello, más propensas a distanciarse sin un cierre formal. Al mismo tiempo, se siembra la incomodidad que impide volver a contactarse con esos viejos amigos o, en otro caso, prefieren que sea la otra parte quien “reviva la amistad”.
Ante eso, Abrams exhorta a ignorar ese malestar (a veces injustificado) y ser la persona que envíe ese mensaje de “¿Cómo has estado?” o “Esto me recordó a tí”.
Tres claves para conservar a los amigos de la adultez
El éxito de una amistad está en el “mantenimiento”. Y aunque éste será tan personalizado como las personas que la integren, Isela Román destacó tres puntos esenciales:
- Comunicación y apertura: específicamente, la transparencia. Externar nuestros sentimientos, las nuevas necesidades y rutinas o los cambios que ya nos incomodan.
- Empatía: escuchar, entender y considerar que la realidad de la otra persona es diferente a la nuestra. Por ende, se vuelve crucial que haya flexibilidad de ambas partes para llevar a nuevos acuerdos.
- Actividades de conexión: no se trata de cuántas veces salen al mes, sino de qué tanto refuerzan la conexión. Y eso puede cumplirse con una “simple” videollamada o comida una vez al mes, hasta una salida al extranjero.
“Independientemente la cantidad (de amigos que tengamos), también requieren un cuidado y requieren que sean de calidad”.
ASG