Varios estudiantes afirman ser mucho más eficientes en sus trabajos cuando está más cerca la fecha de entrega. Algunos godínez piensan igual con sus reportes de fin de mes e incluso la joven que planeó arreglarse desde hace cuatro horas y empezó media hora antes de salir de casa.
Eso es la procrastinación: el hábito de retrasar o posponer tareas importantes, usualmente, sustituyéndolas por otras de menor importancia. Y si bien quienes prefieren trabajar bajo presión podrían considerarla “benéfica”, la recomendación general es evitarla. Catalina Houlihan, profesora de la Universidad de Sunshine Coast, propone un método de cinco pasos para conseguirlo.
1. Aceptar
Todo empieza desde el principio: reconocer y ser consciente de que estás procrastinando.
Los indicios más claros son las frases como “Puedo ponerme al día después”, “Lo entregaré tarde” o “Más al rato lo hago”. Pero hay ocasiones donde no nos percatamos de ello hasta que volteamos al reloj y vemos que transcurrieron tres horas desde que iniciamos la actividad —y no suficiente con ello, no hemos avanzado nada.
Cuando eso pasa es común sentir frustración, vergüenza o culpa por considerarnos “flojos” o “perezosos”. Sin embargo, pensar de esa manera impide indagar y comprender por qué aplazamos las tareas que consideramos importantes.
2. Explorar el "por qué"
Existen diversas razones que mueven a una persona a procrastinar. Uno de los argumentos más válidos es que funge como un método para evitar emociones difíciles: aburrimiento, enojo o frustración.
Asimismo, suelen evadirse las tareas que generan estrés o dolor, tales como hacer la declaración de impuestos, pagar las tarjetas de crédito, limpiar el cuarto de un ser querido que ha fallecido o revisar un mensaje de “tenemos que hablar”.
Sin embargo, también hay motivos mucho más profundos: desde perfeccionismo, especialmente cuando hay un miedo intenso al fracaso; baja autoestima, movida por una visión negativa de uno mismo, o incluso por un Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).
3. Priorizar
Es decir, revisar la lista de tareas y, a partir de ello, reflexionar sobre dos puntos: el primero, si están organizadas de la más a la menos urgente, y el segundo, si hay suficiente tiempo para completarlas.
Cuando son muchas actividades pendientes, un consejo para evitar sentirse abrumado es dividir las grandes tareas en partes más pequeñas y tomar descansos regulares. También si suelen dejar las cosas más aburridas para el último momento y terminas no haciéndolas, Houlihan sugiere reservar ciertos minutos al comienzo del día para completarlas.
4. Evitar las distracciones
Especialmente aquellas que provengan del teléfono celular, ya sea silenciándolo o activando el modo “no molestar”. También avisar a tus seres queridos que estarás desconectado y, por ende, quizá no puedas contestar sus llamadas y mensajes.
Otra clave en este punto es establecer horas de inicio y de término. De esa manera será más sencillo cumplir con esa regla.
5. Buscar recompensas
La vida es un trabajo duro; sé amable contigo mismo. Cada vez que completes una tarea difícil o taches algo de tu lista de pendientes, compénsalo haciendo algo más placentero. Buscar recompensas puede hacer que enfrentar la lista de pendientes sea un poco más fácil.
ASG