Ciencia y Salud

La historia de Aarón Pedraza, el primer enfermero sordo de México que logró escuchar con un implante coclear

Pedraza es también el primer nadador sordo de aguas abiertas de México. A sus 32 años se sometió a una cirugía para escuchar.

Para su sorpresa, lo primero que llegó a la mente de Aarón Pedraza cuando abrió la llave fueron muchas canicas cayendo. Desde que nació sus oídos habían acunado al silencio, el mundo cabía en imágenes y sensaciones, los sonidos no existían. Al menos hasta enero de 2026.

A sus 32 años — luego de confirmar que era candidato a una intervención quirúrgica — decidió hacerle un espacio al bullicio del mundo y descubrió que el agua puede sonar: por primera vez escuchó el efecto que produce al chocar sobre una superficie.

"Tengo mente de sordo, todo lo visual lo conecto para aprender a escuchar. Mi mente sorda lo procesó como muchas canicas rebotando”, dice el activista que este 22 de enero cumplió dos semanas de edad auditiva. Para él, cada nueva vibración captada por su oído es un regalo que no esperaba recibir.

El primer enfermero sordo de América Latina

Aarón Pedraza Rodríguez se antepone a lo desconocido, lo que lo ha llevado a convertirse en la primera persona sorda de México y América Latina en obtener Licenciatura de Enfermería aún pese a que la universidad ni siquiera contaba con docentes que facilitaran su proceso en las aulas.

El también primer nadador sordo mexicano de aguas abiertas cuenta con doble posgrado en Educación y Administración y un Doctorado en Educación Especial además de haber fundado la Comunidad Sorda Incluyente Chihuahua.

Pedraza es también el primer nadador sordo de aguas abiertas de México. A sus 32 años se sometió a una cirugía de implante coclear para escuchar.
De pequeño, Aarón solía quitarse los aparatos auditivos para evitar que lo molestaran sus compañeros | Facebook/Aarón Pedraza

Su mamá notó que no oía al cumplir el primer año: le diagnosticaron hipoacusia bilateral profunda, es decir, pérdida de audición grave en ambos oídos que se produce por diversas razones, como uso de fármacos, exposición prolongada a ruidos fuertes, e envejecimiento y daño neurosensorial; en su caso, fue congénito.

En aquel entonces los médicos descartaron la posibilidad de una cirugía asegurando que el canal auditivo era muy delgado y que la cóclea, es decir, la estructura espiral al interior del oído, estaba hueca: no había espacio para el sonido. 

El mundo permaneció en silencio para Aarón, su familia pasó más de 10 años luchando para que él tuviera acceso al español escrito, la comprensión, a las habilidades comunicativas que le fueron negadas.

“Tuve que desarrollar herramientas para recibir la información: leer los labios, observar los rostros, identificar imágenes, la lengua de señas, apoyarme con los subtítulos, cuidar los gestos para transmitir o identificar las expresiones”

No fue hasta la adolescencia —después de ser rechazado en múltiples escuelas y haber ocultado más de un aparato auditivo por vergüenza— que comenzó a comunicarse mejor, incluso, y pese a no distinguir las voces, adoptó el acento de su tierra: “Mi mamá me ponía dibujos o fotos de guardar silencio para hacer la pronunciación más fuerte. Siempre me decía: “a ver di “Shi-hua-hua”, cuenta mientras exagera sus gestos.

Por años se enfrentó a un sistema que fue diseñado para excluirlo. A pesar del temor y la ansiedad — la hija de la discapacidad, como asegura Pedraza — él se hizo espacio y con ello contribuyó al camino otros. Además de sus conferencia y clases, Aarón brinda capacitación a personal de salud para la atención a personas con discapacidad auditiva.  

"Recuerden que nosotros como personas sordas también podemos estudiar, trabajar, correr, manejar, etcétera. Los único que no podemos hacer es oír. Lo mismo para las personas ciegas, puede hacer todo", recalca.

Cómo es someterse a una cirugía de implante coclear

En 2025, durante una de sus actividades al frente de la Dirección de Grupos Vulnerables de Chihuahua, Aarón coincidió con la hermana de una antigua compañera de clases que llevaba un implante coclear, aparato diseñado para sustituir la parte dañada del oído y enviar señales eléctricas al cerebro.

"Me costó mucho, pero la verdad escucho muchas cosas. Cuando me activaron eran ruidos extraños. Empecé a escuchar hasta a las moscas. Si tú quieres (no estás obligado porque sabemos que es una decisión muy personal) puedes intentarlo”, le dijo la mujer.

La historia sembró la duda, Aarón pronto comenzó a buscar la opinión de otorrinolaringólogos, incluso viajó hasta Guadalajara para asesorarse con un especialista. Los médicos le advirtieron que no se ilusionara hasta obtener los resultados de las tomografías. El deseo que había crecido en su pensamiento encontró una ventana cuando, al revisar los resultados, el doctor le dijo: “Probablemente sí porque tienes el nervio”. El problema ahora era el dinero.

En México este tipo de cirugías ronda entre los 300 y 400 mil pesos mexicanos, contemplando tanto el procedimiento como el implante y la rehabilitación. De las aproximadamente 2.3 millones de personas que viven con discapacidad auditiva en el territorio (según datos de la Secretaría de Salud), apenas una fracción puede acceder a ella.

Pedraza no se desanimó: vendió hamburguesas, pozole, menudo. Horneó pasteles y chamorros adobados más de una vez. Ofertó playeras, collares, botes y hasta ejemplares del libro que escribió “Mis ojos no son invisibles”. Una de sus alumnas incluso inició una campaña de donaciones para ayudar y pronto cientos de personas se sumaron aún sin conocerlo.

Pedraza es también el primer nadador sordo de aguas abiertas de México. A sus 32 años se sometió a una cirugía de implante coclear para escuchar.
Peluche de regalo que lleva un "implante coclear" | Fabook/Aarón Pedraza

Por fin, el 12 de diciembre se sometió a cirugía. Recuerda la venda apretada rodeando su cabeza y ese primer mareo, un brusco vuelco en el cerebro y el estómago parecido al que producen las copas de más.

Permaneció cuatro días bajo vigilancia en el hospital, pero no activaron el aparato. Aarón tuvo que esperar casi un mes para escuchar sus primeros sonidos.

Bitácora de sonidos

Un día antes de que los médicos activaran el implante Pedraza tuvo una crisis: una oleada de incertidumbre e intriga por lo desconocido.


“No voy a negar que primero pensé que una vez que me activaran iba a escuchar todo muy claro, pero no: es uno de los mitos, todavía falta un proceso de terapias”

Hay que enseñar a los oídos a funcionar, a responder una vez que las ondas se han filtrado por su espiral. El proceso toma tiempo pues es la primera vez que el cerebro tiene que responder, identificar, diferenciar y decodificar, es como si un nuevo punto del órgano naciera con el sonido.

El día de la activación Aarón estaba sentado junto a la persona que ama, llevaba un peluche de koala al que le colocaron un pequeño aparato parecido a un botón grande color negro; colocado detrás de su cabeza, el artefacto de juguete emulaba al implante. Era un regalo para su primer día escuchando.

“Cuando me activaron fue como si despertara, como si fuera un oso que invierno por años. No sé… fue una sensación inexplicable ”

De pequeño le gustaba sentir el ritmo del bajo y la batería. Aunque no podía decodificar lo que decía, su cuerpo respondía a las ondas de la música. “No distinguía si quien cantaba ni que decía. Lo único que quería era sentir la vibración del bajo”. 

A casi dos décadas de esos recuerdos, no sabe aún qué canción quiere escuchar primero. Se pregunta cómo es que pueden existir tantos géneros diferentes, lo mismo que le pasa con los acentos “¿Cómo saben que es colombiano?” pregunta, solo para pensar en la siguiente duda, abrumado, pero dispuesto a dejar que los sonidos se filtre en él. Por ahora ya sintetizó algunos en su bitácora, tiene el propósito de escribir su siguiente libro desmenuzando cada frecuencia nueva.

Hay algunas que no se esperaba, como las que producen al abrir los pistaches o los paquetitos de mentas. “Es mucho ruido, con razón todo mundo me miraba cuando abría uno”.

Tampoco sabía que cuando alguien mastica produce sonido al crujir entre los dientes: “Mi mente de sordo lo procesó como si fueran perritos comiendo croquetas”. Esta semana también descubrió que sonido hacen las vacas, los cerdos, los gatos y las ovejas.

Según sus cálculos, le tomará más de un año en terapia aprender a oír. Para cuando el cansancio pesa, el incentivo está en las razones por las decidió la cirugía:

“Quiero saber cómo se escucha la música, los animales, la voz de mi mamá, la voz de mi pareja, los sonidos que hacen mis mascotas y los sonidos de la noche”. Le han dicho que los búhos y grillos llenan el aire con sus sonidos.

"Esto no es solo sobre escuchar, es sobre no rendirse cuando el proceso es lento", escribió en su Facebook. Puede que los resultados tarden, pero Pedraza confía en los milagros, especialmente en los que suenan bajito. 

​LHM


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Lizeth Hernández
  • Lizeth Hernández
  • Más que contar, me gusta escuchar historias. Egresada de la FCPyS, UNAM, escribo para interpretar a una ciudad que se devora a sí misma. Actualmente cubro temas de ciencia, salud y en ocasiones, relatos del pasado.
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